Dos equivocaciones importantes para Warren Beatty este año. La del Oscar es graciosa, absurda y añade un poco de ridiculez a algo ya inherentemente tonto. Lo de La excepción a la regla resulta más agravante, con menos gusto, menos estilo y menos sentido del medio. Lo que queda claro es que el señor Beatty está muy perdido.

Si uno recuerda el clásico refrán que dice que el diablo sabe más por viejo que por diablo, se puede recordar que aunque los años proporcionen enseñanza, ética, razón de ser y claro posicionamiento respecto a lo que se hace, si el diablo no supiese sus labores de diablo, no tuviese claro en qué consiste, estaría perdido. Y así de desorientado se encuentra Beatty, quien ha decidido borrar de su mente las reglas del juego. Por eso, la película da vueltas sobre sí misma intentando buscarse un significado para existir durante dos largas horas, siendo el espectador el que tiene que sufrir las consecuencias de esa agotadora búsqueda. La historia sobre Howard Hughes y su entorno, que viene a dar un continente para tal búsqueda, parece ser interesante en un principio y podría haberlo sido en su totalidad de no ser por una dirección que acaba por alejar al espectador de todo lo que ve.

El razonamiento detrás de lo que acabo de decir surge expresamente del filme. Por más redundante que suene esto, hay obras que necesitan de una indagación, una atención o un buen argumento para poder comprender qué las hace fallidas o acertadas, porque, de entrada, si uno consigue sumergirse en lo que se cuenta y se enseña, es difícil acometer ese extraño proceso de lucha entre subjetividad y objetividad que lleva a cabo el crítico o cualquiera con intención de que ir más allá del “me gusta” y “no me gusta” a la hora de pensar el cine. En cambio, La excepción a la regla se proyecta redundante y torpe muy rápidamente, lo cual deja poco misterio y poco espacio al debate sobre su condición. Todos los elementos que la componen son coherentes, propiedad que considero esencial en cualquier obra de arte, pero son coherentes en su ineptitud. Y es aquí donde creo que surge el único debate que puede nacer de observar la película con atención. 

Semejante torpeza no puede ser casualidad. Uno intenta encontrar las razones que la llevan a ser de esta manera. Sus formas, su narrativa, su fotografía, etc. resultan extrañas en un sentido poco seductor, o, mejor dicho, poco convincente. Esto saca a relucir que Beatty no realiza el filme con una idea muy clara detrás y, a veces, esto puede maquillarse, como ya hemos visto hacerlo a muchos directores supuestamente importantes en estos últimos años, pero el desparpajo con el que el director decide no disimular tal desorientación resulta, al menos en un extraño sentido ético, honesto y valioso.

Pero sabemos que eso no puede ser clasificado como una razón para disfrutar del cine. Hay directores (Claire Denis, Paul Verhoeven, Abel Ferrara) que, creo, han sabido llevar correctamente a cabo la idea de una película perdida, que desea conocerse e investigarse a sí misma, con la intención de sacar algo en claro y aprender tanto espectador como creador y, todo esto, acometido de forma honesta y sin disimular ni aparentar. Por lo tanto, Warren Beatty denota aquí una enorme falta de consciencia respecto a su propio trabajo, sumado a una inesperada inocencia y un innecesario desparpajo. Eso es, por más esperado que fuese su regreso, un lugar del que es difícil volver.

Del resto de cosas, más específicas pero también más innecesarias (en este caso) de nombrar, como las actuaciones o el desarrollo de la historia o el tan mentado y actualmente requerido “ritmo” (término que requiere una discusión sobre su delimitación, su significado y su relevancia de manera urgente), se podría decir que estén correctas o no, cosa que creo en el caso de las actuaciones, no en lo demás, resulta poco lógico debatirlas cuando la obra, en su comprensión como obra y no como conjunto de partes que funcionan en procesos desiguales, jamás acaba de encontrarse a sí misma, molestando más el hecho de que no se esfuerce por hacerlo que por su propia condición de desorientada.

Título original: Rules Don’t Apply Director: Warren Beatty Guión: Warren Beatty Fotografía: Caleb Deschanel Reparto: Alden Ehrenreich, Lily Collins, Warren Beatty, Haley Bennett, Candice Bergen,Martin Sheen, Taissa Farmiga, Alec Baldwin, Matthew Broderick, Ed Harris,Annette Bening, Oliver Platt, Amy Madigan, Steve Coogan Distribuidora: 20th Century Fox Fecha de estreno:  28/04/2017