¿Es acaso Michael Jackson más culpable de abusos sexuales ahora que hace 25 años?

En los últimos días han corrido ríos de tinta en torno al documental producido por HBO Leaving Neverland y pareciera como si la sociedad hubiese estado “descolgada” del mundo en los últimos 25 años y ahora descubriera que el que fue (y será) el personaje más fascinante, influyente y “peculiar” del mundo del espectáculo, era también por definición propia un ser psicológicamente deplorable y un monstruo que por las noches compartía su cama con niños. Para todos aquellos que crecimos en los 90 y que no escogimos echar la vista para otro lado, Michael Jackson ya entonces era raro y su afición a estar con niños era más alarmante que preocupante. La diferencia es que ahora el resto del mundo ha tenido que imaginarse los genitales de la estrella del pop en el interior de la boca de un niño de 7 años para que se escandalice y emita un juicio.

Para llegar a eso solo ha hecho falta 25 años y el testimonio de dos personas James Safechuck y Wade Robson, dos víctimas que han hablado y relatado con todo tipo de escalofriantes detalles, unos supuestos sucesos que son imposibles de olvidar y lo que es más importante de obviar. Un sobrecogedor relato que encadena una serie de repetidos abusos sexuales, que se perpetraron durante más de una década y que por si cabía algún tipo de duda, solo se han hecho públicos con tal magnitud, una vez que la sombra del Rey se ha desvanecido. Porque en este caso, como en cualquier otro caso de abuso sexual, la situación se lleva a cabo mediante un juego de poder, y el poder de Michael alcanzaba lo inimaginable.

Tal y como fieramente advertía el subtexto de Acoso (film de Barry Levinson de 1994, en el que se presentó por primera vez una situación de acoso sexual laboral con intercambio de roles, aquí era ella Demi Moore, quien acosaba a él Michael Douglas) “el sexo es poder” y Michael tuvo el poder necesario para hacer todo aquello que se le antojaba y lo que es peor: con el beneplácito de sus víctimas, de sus familiares y del mundo entero. Porque si algo queda patente en las casi 4 horas de duración de Leaving Neverland, es que el Rey del pop era un pedófilo y un manipulador nato. Y esto último (a riesgo de salir escaldado de esta redacción) es un hecho incontestable de todas a todas. Aunque para muchos que aún le admiran y veneran por su impresionante talento y legado artístico, seguirá sin ser suficiente para dejar de defender y justificar como falso unos sucesos y unas pruebas antes las cuales lo mejor que se puede hacer es reconocer que alguien puede ser el mejor artista de todos los tiempos y a su vez una persona deleznable, sin necesidad de que una cosa anule a la otra, pues los mitos también se caen y a veces aunque duela, lo mejor es asumir que en el fondo solo amábamos una imagen de él, pero que (afortunadamente) ninguno de nosotros le conoció de verdad.

El documental, lejos de ser una pieza cinematográfica que destaque por su elaborada realización, destaca más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta y únicamente se basa en los testimonios de dos grupos de víctimas. Las víctimas directas James Safechuck y Wade Robson, dos niños que en los años 90 conocieron a Michael por protagonizar un spot para Pepsi junto a la estrella (James) y el ganador de un concurso de imitadores del artista en Australia (Wade), ambos conocieron a Michael por expreso deseo e insistencia del artista. Mientras que el otro grupo de víctimas (los familiares de ambos niños) relatan cómo la culpabilidad es un sentimiento con el que todavía casi 30 años después tienen que vivir. ¿Qué hace que unos padres les parezca normal que sus hijos de 7 años compartan la cama como un hombre de 32 años durante largos meses? ¿Nadie en esas familias se planteó ni por un solo momento que eso era cuanto menos raro? Lo cierto es que lejos de juzgar a las víctimas de estos escalofriantes sucesos lo único que queda claro es que actuaron por amor y convencimiento, porque después de todo MJ tenía dos importantes bazas a su favor: la lástima por un archiconocido pasado roto y un historial de maltratos y explotación infantil a manos de su padre y por otro un poder inimaginable con el que agasajaba a sus víctimas.

Justificar los hechos acontecidos a manos de la estrella del pop basándose en su traumático pasado es casi tan asqueroso como los abusos en sí, pero tras ver el documental dos veces, sigo haciéndome la misma pregunta de forma constante ¿Nadie cayó en la cuenta de que una persona con su historial y con sus excentricidades era el claro reflejo de un enfermo mental patológico? Resulta increíblemente indignante cómo si tienes dinero y poder, puedes literalmente hacer todo lo que te venga en gana, incluso practicar sexo con innumerables niños, pues los testimonios de James y Wade son los dos de una larga lista de un cortejo infantil que acompañaban a todos sus apariciones públicas a MJ y para comprobar eso de primera mano, ni tan siquiera hace falta ver este documental, basta con echar un vistazo rápido a Youtube para comprobar cómo esos niños eran en efecto las parejas sentimentales del artista.

Nada de lo que hemos visto hasta ahora sobre la estrella del pop te preparará para ver Leaving Neverland. En Estados Unidos la cadena HBO (productora del documental) organizó un programa especial en formato Talk Show conducido por Oprah en el que la presentadora entrevistó a las víctimas de Michael y en el que desgranó momento a momento el contundente documental. Algo que solo apunta a vislumbrar el enorme impacto que se adelantaba que el contenido del mismo iba a tener en nuestra sociedad. Una sociedad que en pocas palabras fue cómplice y por consecuencia culpable de encubrir a un mito viviente, a un Dios en la Tierra y sobre todo a una persona que estaba a años luz de ser aquello que todos querían que fuese. Han pasado casi tres décadas y resulta imposible pensar que ningún artista hoy en día pueda llegar a alcanzar el estatus de estrella que tenía MJ. Ahora las redes sociales y el tipo de prensa (a menudo sensacionalista) han contribuido a desmitificar la imagen de las estrellas y el uso de Instagram nos acercan al día a día de sus vidas. Cada vez los fans son más meros admirados y menos mitómanos y eso irremediablemente hace que al fin empecemos a ver los famosos como personas y no como a dioses. Afortunadamente eso ayudará a que el mundo nunca más vuelva a echar la vista para otro lado y permita que atrocidades como las que supuestamente Michael perpetró se vuelven a repetir.

Si como espectador llegas a concluir el visionado de 4 horas del documental más polémico que verás en años, tienes dos opciones, asumir los hechos sin pruebas forenses contrastadas, como reales o por el contrario echar la vista para otro lado y no creerte nada. Ambas son factibles y probables, pero de lo que sí estoy seguro es que se sembrará la sombra de la duda en tu conciencia y eso irremediablemente hará que nunca vuelvas a ver a Michael Jackson como lo has visto ahora.

En conclusión Leaving Neverland no es el mejor documental del mundo (ni mucho menos) pero es incontestable reconocer que estamos ante el documental posiblemente más influyente y corrosivo de la cultura pop de este siglo.

El documental completo se encuentra alojado en las plataformas de HBO y Movistar+  a la carta bajo demanda desde el pasado 10 de marzo.