Chevalier – Athina Rachel Tsangari

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Llegamos a la recta final de festival con una película que juega a ser una comedia, también una alegoría, también un drama, también una sátira, también una tragedia griega… Mil intenciones que nunca llegan a su punto álgido, recibiendo el espectador un drama suave, unas pocas risas y un elemento satírico y alegórico que refiere a una realidad ya parodiada y tratada de mejor manera muchas veces. Este filme donde unos cuantos hombres en un barco deciden hacer un juego donde todo lo que hagan hasta el final del viaje será valorado por los otros hombres hasta ver quién gana al final se construye como una parodia del capitalismo neoliberal, también como una sátira del mundo de los hombres, un mundo competitivo, sin empatía, donde el panorama es un todos contra todos sin piedad ni honestidad. Y está bien que intente hacernos reír con actitudes tan patéticas como las que se dan muchas veces en el mundo mercantil y también en las relaciones entre los seres humanos, donde reina el imperio del rumor, de la mentira y de la tergiversación de las verdades, pero no consigue llegar a ningún punto crítico fuerte como debió pensar Athina Rachel Tsangari al acabar Chevalier, y eso se nota en la ligereza de su ritmo, en el tranquilo y solemne paso del filme por nuestras retinas. No obstante, esa es una de sus virtudes, puesto que es una película que nunca se hace pesada, que a pesar de no conectar del todo con los espectadores, es fácil de ver y digerir, es cómoda de observar y reflexionar, y sería aún más virtud si no fuese porque, uno, Athina Rachel Tsangari cree que con cada plano está entregando un mensaje crítico capital para la sociedad de hoy en día cuando lo único que consigue es una simple y plana comedia con algunos puntos de aparente profundida, y dos, porque se le relaciona de entrada a directores como Yorgos Lanthimos o a la obra anterior de esta misma directora, Attenberg, y uno no puede evitar pensar que este cine griego, tal y como pasaba con Langosta, se ha amansado, se ha limitado, se ha sistematizado de la misma manera que todo lo que parecía criticar en un principio.

Técnicamente es una película correcta, las actuaciones igual, pero nada destaca en una obra que parece tener, de entrada, un argumento con el que poder crear muchas reflexiones, risas y grandes momentos al espectador que al final se quedan en una obra cómoda, que tiene sus momentos de complejidad y crítica certera, pero que no pasan de ser unos instantes de lucidez en un conjunto de hora y media que no nos dice todo lo que queríamos que nos dijera ni nos transmite la mitad de lo que se espera que transmita teniendo en cuenta su contexto, su argumento y sus pretensiones. Qué lejos queda Canino hoy en día.

The Other Side – Roberto Minervini

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Roberto Minervini decide adentrarse en Estados Unidos y estudiar a personas marginales, gente que aparentemente no existe para el habitante medio, que no son nada para los medios de comunicación, ni para los estudios de mercado, ni para los políticos. Esto no es un argumento nuevo en el cine (Gummo, Paris Texas, Paradise Lost, Into the Abyss, y series como The Wire, etc.) pero siempre es interesante saber qué esconde nuestro mundo allí donde nadie parece pisarlo, tanto sean pueblos dejados por la mano de la sociedad como personas en las grandes ciudades que nunca han sido nada ni probablemente lo serán y que el mundo entero parece ignorar. Minervini aquí nos sumerge en la vida de dos personajes, personajes que tienen relación con las drogas, el mundo del sexo y la violencia. El filme juega a contrastar la libertad que ellos creen tener con la decepción que supone el ser ignorados por las instituciones de un país que cree ser el mejor del mundo pero no acaba de ver y cuidar completamente lo que reside dentro suyo. 

Las licencias artísticas y los juegos de imágenes, personajes y situaciones que propone Minervini suelen ser acertados, aunque a veces se sobrepase o no termine de reflejar lo que se entiende que el documental intenta reflejar. Es obvio que el enfoque del director pretende que conectemos con ellos y sintamos aquella rabia que sienten los protagonistas contra el sistema, aquellas ganas de vivir que a veces se ven truncadas por la falta de esperanzas y oportunidades, y es cierto que no falla al conseguirlo, aunque se puede intuir de entrada que Minervini no quiere conseguir nada más con su documental que ese sentimiento en el espectador, y quizá en ese punto flaquea un poco, por no expandir los horizontes más allá del mensaje a transmitir, por insistir en exceso en lugar de dejar al espectador observar y llegar a esos puntos con naturalidad. Pero son defectos mínimos en una película que toca temas que, aunque no son novedad, siempre son interesantes, curiosos y además, ya que considerarlos solo “interesantes y curiosos” sería un insulto, preocupantes y lamentables. Quien vea este filme no podrá huir de la impotencia y de la decepción, pero podrá disfrutar del hecho de haber recibido una información y unas imágenes que optan por no ser maniqueas ni hipócritas, cosa complicada en el panorama documentalista.