The Thoughts That Once We Had – Thom Andersen

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Thom Andersen es un reputado director de documentales complejos como Los Angeles Plays Itself, donde estudia la relación de la ciudad de Los Ángeles con la idiosincrasia cinematográfica que puebla sus calles, por lo que este nuevo documental suyo era esperado con impaciencia por muchos. La propuesta de poner imágenes cinematográficas al difícil y farragoso texto de Gilles Deleuze, Imagen-movimiento, al mismo tiempo que con esto se construye una personal historia del cine sonaba, al mismo tiempo que potente, extraña y apoteósica. Andersen, sin embargo, consigue sacar con sobriedad un documental donde se solapan decenas de películas, citas y textos para concluir ideas que se basan en la defensa del obrero, del vencido, en terminología de Walter Benjamin, en el ataque a las estructuras y actitudes capitalistas que no solo denostan la vida cotidiana del proletariado, sino que también le quitan el arte y la capacidad de soñar.

Andersen consigue con su proyecto recordar a obras como Histoires du Cinema, de Jean-Luc Godard, pero también posee un espíritu reivindicador y combativo en el que resuenan filmes como An Injury to One, de Travis Wilkerson, o los de Pedro Costa. The Thoughts That Once We Had se postula entonces como una crítica social, como una historia del cine, como un proyecto audiovisual placentero, al mismo tiempo que irreverente y complejo. Las diferentes opiniones del propio director, mezclado con elementos biográficos, la terminan de situar como un recorrido personal y parcial a través de múltiples imágenes que el séptimo arte ha dado con un ritmo nada lento, sin significar ello que el espectador debe acomodarse, puesto que Andersen nos pone a prueba constantemente para no solo identificar qué películas ha decidido citar, sino para comprender lo que Deleuze propone, la relación entre las palabras del filósofo francés y las imágenes que observamos y la reflexión de todo aquello para llegar al mensaje emotivo y desesperado con el que concluye el cineasta. 

Queda solo decir que se precia que haya más documentales como éste, obras personales, complejas, que provocan en cada espectador una sensación diferente y fuerte, y no documentales que solo se dedican a situar la cámara y observar sin concluir nada o que pretenden comunicar algo sin proponer nada, quedando un absoluto vacío decorado de imágenes bonitas.

Ahora sí, antes no – Hong Sang-soo

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Una película de Hong Sang-soo siempre asegura una serie de temas, personajes, relaciones entre ellos y conversaciones que se repiten película tras película y escena tras escena en la misma obra. Esto en lugar de ser un problema, se convierte en un espacio de recreación del director coreano para desplegar una serie de poderosas e íntimas situaciones que sitúan a los dos personajes que observamos en Ahora sí, antes no al filo del amor, de la aventura, del riesgo, al mismo tiempo que nada parece cambiar, que todo parece seguir una especie de destino que nunca se muestra completamente, pero que los protagonistas del filme sienten en su vida. Su visión austera y directa del cine, al menos estéticamente, choca con el contenido de las charlas, donde se tocan temas que pueblan obsesivamente la cabeza de los personajes (la mujer con un pasado de adicciones, el hombre con un matrimonio que aparentemente no funciona y del cual se quiere desligar) sin llegar directamente en pantalla al problema en cuestión, por lo que la película permite la compenetración con aquello que vemos.

Hong Sang-soo consigue en Ahora sí, antes no aquello que no acababa de eclosionar en The Day He Arrives. En esta nueva película suya se puede ver como alcanza un gran nivel narrativo, de diálogo y de profundidad temática. Ahora sí, antes no plantea una historia de un director de cine que conoce a una joven pintora en una pequeña ciudad donde el mismo director debe dar una conferencia. Esta historia se desarrolla dos veces en la misma película, con mismos personajes, mismos escenarios, pero pequeños cambios en las actitudes de los personajes que cambian el curso de su personal historia. Hong Sang-soo no pretende imponernos nada, solo que veamos como ciertos gestos y palabras en ciertos momentos pueden hacer que un amor fracase o triunfe, que la verdad salga a la luz o no, que las miradas sean falsas o puras. El cine del director coreano se muestra también sincero, humilde, calmo pero con una fuerza y profundidad que no se consigue fácilmente. Sin dudas esto se agradece viendo un panorama en el que triunfan muchos directores que carecen de franqueza con su obra y consigo mismos.

Mi perfecta hermana – Sanna Lenken

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Mi perfecta hermana (me choca un poco que el título en inglés use la palabra “skinny” y en español sea “perfecta”, aunque viendo la película se entienda la ironía de esto, no deja de ser horrible la mezcla de ambas traducciones) narra un tema muy delicado que pocas veces se habla en la cotidianeidad y menos veces aún es afrontado en el arte, sobre todo de esta manera, sin exagerar ni dramatizar ni politizar sin necesidad lo que se narra. Una chica con un poco de sobrepeso admira a su hermana, la cual es una triunfadora en todo lo que hace. Sin embargo, esta chica se entera que su hermana, aparentemente perfecta, tiene un desorden alimenticio, pero hace todo lo posible para evitar arreglar el problema y que tal cosa se haga pública. Con esto, se pone sobre la mesa el gran problema que supone para las mujeres su cuerpo, las expectativas del mundo a partir de su imagen, los estereotipos y las exigencias de la vida cotidiana en un sistema capitalista meritocrático.

La virtud de la película, por lo tanto, reside en poner algo sobre la mesa, mientras que sus defectos surgen al intentar mantener tal cosa. Nicolás Maquiavelo dice en El Príncipe que más complicado que conseguir el poder, es mantenerlo. Aquí Sanna Lenken pierde el poder y el fuelle del tema que trata, aunque no en apariencia, ya que muchas veces la película insinua ser más contundente de lo que está siendo realmente, forzando ciertos momentos a un drama del que pecan la mayoría de las películas con esta temática. Es de agradecer a la directora sueca el presentar estos temas, en concreto la cuestión del peso, la imagen del cuerpo femenino y la influencia que esto tiene en edades sensibles como lo es el comienzo de la adolescencia, pero este tipo de películas acaba creyendo que es necesario explotar hasta la saciedad su mensaje y darle giros irreales e infundados a una historia para confirmarse a si misma que le está proporcionando al espectador el espacio necesario para comprender la gravedad de los problemas. Lamentablemente, lo único que se consigue así es agobiar.