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En esta primera jornada del festival de Cinema d’Autor de Barcelona hemos visto la película Oleg y las artes raras, película de Andrés Duque, director que se afianza con fuerza en el mundo del cine y sobre todo del documental. Esta corta obra (solo dura 68 minutos) nos cuenta la curiosa y extravagante historia de un pianista ruso que parece rebelarse ante la época actual y los conceptos establecidos y arragaidos en una sociedad que cree, en parte, enferma, al mismo tiempo que plantea una visión del mundo espiritual y artística sin dejar de tener los pies en la tierra. Duque se encarga de mostrar a este peculiar personaje, Oleg Karavaychuk, como un músico que propone una música violenta, disonante, impactante e “incómoda”, tal y como el describe a su arte y a su propia persona en una escena del documental. 

En Oleg y las artes raras, Andrés Duque muestra como el compositor ruso convierte sus conceptos metafísicos y aparentemente extraños en una realidad presente en cada una de sus notas, además de construir un pensamiento sobre la música que se basa en contraponer la disonancia con la consonancia para producir un efecto concreto en el espectador. Este movimiento que puede verse relacionado con el concepto de “poiesis” tanto antiguo como moderno, convierte a Oleg Karavaychuk no solamente en un músico más, sino en una persona que consigue reflexionar sobre el estado anímico y espiritual de la sociedad actual, la idea que se tiene de la música en estos tiempos y el efecto que puede tener el arte sobre las personas y sus organismos. Un documental que, al mismo tiempo que resulta sutil, calmo y relajante, consigue remover una serie de pensamientos y reflexiones en nosotros y en el mismo Oleg que convierte a este documental no solo en una simple descripción de las acciones y el ser del protagonista, sino en algo que trasciende lo que se observa en pantalla para afectar profundamente al espectador.