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Disculpen por favor los lectores una nota quizá excesivamente personal antes de meternos en materia: creo firmemente que no hay arte para elites ni películas que solamente una minoría pueda apreciar o, si lo hay, no es buen arte. Pienso que cualquiera que se acerque a, digamos, un Béla Tarr o un Angelopoulos con apertura de miras y voluntad de entrar en el juego que proponga cada película puede disfrutarlas, independientemente de su nivel cultural o su cinefilia. Pienso que cualquiera puede encontrar o apreciar belleza en un plano de varios minutos de un río, cualquiera puede acabar entrando y disfrutando de los ritmos lentos de estos directores si no tiene prisa, y cualquiera puede entender los significados que las imágenes sugieran si quiere ponerse a pensar en ellos. No hace falta tener el doctorado en Historia del Arte o Filosofía, solo hace falta estar abierto a que sea la película la que marque ritmos y proponga modos y temas en lugar de intentar forzar nuestras expectativas de ritmo y narración sobre ellas. Esto no quiere decir que toda película lenta, preciosista o de apariencia más solemne o intelectual sea buena solo por intentarlo: algunas películas proponen ritmos, imágenes y temas que no funcionan o no están bien llevados y desarrollados, o no consiguen ser todo lo expresivas que buscan.

Este preámbulo viene a cuento de que, para hablar de The Assassin, de por qué me gusta, y de por qué la recomiendo, o no, hay que usar necesariamente palabras que a menudo son como para echarse a temblar; porque muchas veces se habla de lo “contemplativo” y lo “poético”, de lo “experimental”, o del “slow cinema” como si fueran cartas blancas para validar las divagaciones más pretenciosas o los experimentos más insatisfactorios del mundo.

Esta vez no queda más remedio, las cartas sobre la mesa: The Assassin es contemplativa (es decir, dedica muchos minutos a la mera contemplación de imágenes sin información narrativa) y tiene vocación abiertamente poética (es decir, aunque hay una trama, la trama pasa a un segundo plano para centrarse más en los sentimientos o, en este caso, más concretamente, en los temas más profundos sobre los que la trama da pie a pensar). Pero, por mucho miedo que nos den estas palabras, cualquiera puede apreciar la contemplación y la poesía, no hacen falta estudios, ni una sensibilidad por encima de la media, ni nada parecido, pero sí hacen falta ganas de ver algo contemplativo y poético. Ganas, y nada más.

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Ahora, no todo cine contemplativo o poético es bueno, ni todo el bueno es igual de bueno, y para mí The Assassin es muy buena, pero no magistral.

La última película del taiwanés Hou Hsiao-Hsien cuenta una historia en realidad sencilla en su meollo (una mujer entrenada desde niña como asesina profesional o mercenaria, recibe el encargo de matar a un miembro de la corte con el que tiene lazos familiares y emocionales, con las resultantes dudas). Sin embargo, algunos detalles muy probablemente se escaparán a la mayoría, o al menos  la mayoría de occidentales como yo. Solo porque hablemos de poesía y contemplación no hace falta fingir exquisitez: a ojos occidentales algunos chinos pueden parecernos todos iguales, no solo en sus caras sino también en sus nombres, difíciles de recordar para los que estamos más acostumbrados a Pilar y Juan (o a Jennifer y Thomas) y en esta película los nombres se parecen mucho unos a otros porque muchos de los personajes son familia, e incluso alguna actriz interpreta doble papel de gemelas. Y además se dan por supuestos, por sabidos o por no relevantes algunos detalles de la corte o el protocolo feudal chino que, si se explicaran más, aclararían algunos puntos. Pero, en realidad, pienso sinceramente que son solo detalles: el nudo de la trama, las relaciones entre los personajes principales, y el conflicto central de nuestra muy interesante protagonista, la asesina del título, no solo son sencillos, sino que están claramente expuestos. Es en los personajes secundarios y en algún detalle donde nos perdemos, y sin duda tenerlo claro, sobre todo en algún remate final de la trama, ayudaría a disfrutarla más, pero no es esencial para disfrutarla mucho.

Y, puesto que la historia principal es sencilla, el director se centra en la expresión lírica y la meditación sobre lo que implica: la libertad personal frente a las imposiciones y expectativas del mundo en que crecemos, la formación de la propia personalidad y cómo se descubre (esa fábula del pájaro azul…), el mundo sencillo de la naturaleza frente a las sociedades codificadas, los celos, la amistad, la compasión, la tristeza… Hou reduce la historia y sus detalles casi a un sonido de fondo, y trae a primer plano su significado abstracto y las ideas y emociones que ese ruido de fondo despierta. Y lo expresa con imágenes de una belleza absolutamente apabullante, casi la principal razón por la que el filme puede disfrutarse de la manera más primaria posible: es, simplemente, tan hermoso de mirar como lo puedan ser el mar, un valle pirenaico o las ruinas de una ciudad desaparecida. La naturaleza suele ser mas grata de admirar que la representación artística de ella, pero esta es una de las pocas ocasiones en que está permitido dudar: hay imágenes aquí que cortan la respiración tanto como las cataratas del Iguazú. Siempre y cuando, claro, que a uno le guste contemplar todo eso durante una hora y tres cuartos, que puede ser, o no.

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En una nueva nota personal, confieso haber visto tan solo otras dos películas de Hou Hsiao-Hsien: Ciudad doliente (1989) y Flores de Shanghai (1998). La segunda de ellas está más cerca, estética y narrativamente, de esta nueva obra suya, ya que las tramas son mínimas o quedan solo sugeridas, mientras que la captación de detalles y códigos sociales, del mundo retratado, y de su estética cobran primacía. Ambas me parecen mejores que The Assassin, y es que pienso que en el filme de 2015 hay una cierta falta de equilibrio entre lo que se quiere conseguir y lo que se consigue: por una parte, la trama es quizá más densa de lo que la lírica necesita, de manera que a veces estorba a los arrebatos poéticos de Hou, obligándole a meterse en el barrizal de los personajes y lo que hacen exactamente (y encima sin conseguir a veces que el público se entere del todo de lo que pasa en ese barrizal); y, por otra parte, en ocasiones, la obsesión por conseguir la toma más perfecta y bella posible acartona un poco ese arrebato poético. Quizá la lírica necesite de una mayor espontaneidad (véase Jean Vigo, o Terrence Malick, que filma lo que pilla y luego ya selecciona en la sala de montaje), y a veces uno siente que el sufrimiento, el aislamiento o la duda de Nie Yinniang, por poner un ejemplo, habrían llegado con la misma o mayor intensidad si Hou hubiera elegido cualquier otro motivo poético en lugar de esperar rígidamente a que la nube pase exactamente por el montículo exacto y la esquina exacta de la pantalla en que todo adquirirá el significado simbólico decidido de antemano. Digamos que hay un cierto exceso de cálculo y de obsesión por la perfección como para que esa imagen tan hermosa transmita tantísimo como su creador desea, o transmita con la fluidez necesaria para que la película tenga un impacto global, porque no olvidemos que el cine no es solo una imagen, sino una sucesión de imágenes, y que cada toma no solo debe ser bonita, sino que además debe relacionarse de manera expresiva o significativa con las demás.

Sin embargo, el conjunto funciona. Puede que no tan alto como podría haber funcionado, pero Hou nos da una película memorable, donde uno puede perderse y divagar sobre los muchos temas de reflexión que propone, donde uno puede simplemente disfrutar de tanta belleza, o donde uno puede sacarle el jugo a las observaciones sobre la naturaleza humana y la naturaleza de la sociedad que Hou hace casi con cada toma. Eso sí, uno tiene que tener ganas de hacerlo. The Assassin es lo que muchos llamarían cine gafapasta, o hipster, o la etiqueta que esté de moda en cada momento. Yo prefiero pensar que es cine para cualquiera que, simplemente, tenga ganas de disfrutar lo que la película ofrece. ¿Se la recomendaría a todo el mundo? No, pero se la recomendaría mucho a cualquiera que sepa lo que va a ver y le apetezca verlo. 

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Ficha técnica:

Título original: Nie yin niang (The Assassin) Director: Hou Hsiao-Hsien Guión: Hou Hsiao-Hsien, Chu Tien-Wen, A. Cheng Música: Giong Lim Fotografía: Mark Lee Reparto: Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Ruan, Nikki Hsieh, Ni Dahong,Zhang Shijun, Michael Chang, Jiang Wen Distribuidora: Caramel Films Fecha de estreno: 27/11/15

  • Carlos

    ¡Hola! Yo vi esta peli el fin de semana pasado al no quedar entradas para otra película también muy aclamada (Sicario, no sé si la has visto). Y bueno, sinceramente, me quedé con cara de póker como creo que la gran mayoría del público que la ha visto y al que va dirigida, que no es precisamente el de unas multisalas cualquiera. En mi opinión hay una gran diferencia entre cine lento, contemplativo o como quieras llamarle, y cine como este, que no sabría definir más que como puzzle indescifrable siendo bastante amable. La paciencia tiene un límite. Podría añadir muchas cosas, pero creo que tú mismo defines el problema en el segundo párrafo: no hace falta dejar pasar media hora en un plano para admirar la belleza o subrayar una metáfora o idea. ¿Crees por ejemplo que Tigre y Dragón (con la que además comparte actor protagonista) posee menos belleza que esta peli? En mi opinión no, pero parece ser que para la crítica internacional tiene más valor artístico la segunda que la de Ang Lee. Para mí siempre ha tenido más valor (y dificultad) desarrollar la experimentación y la belleza visual en el contexto del cine comercial que en esta clase de arte y ensayo (o tortura china jeje). Enhorabuena por tu blog.