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“So beautiful but oh so boring…” Aunque el estribillo de aquella canción de los noventa se refería a la belleza tediosa de una chica, no soy capaz de sustraerme a él cuando se trata del cine de Wong Kar-Wai. Tengo que empezar confesando que soy esa única persona a quien películas como Deseando amar o 2046 le resultan profundísimamente aburridas. Digo bien que soy esa única persona porque soy consciente de la aclamación casi universal que han generado estas obras, y digo bien “confesar” (y lo digo casi en el sentido sacramental del término) porque me siento como el feligrés que se postra ante la autoridad religiosa pertinente y confiesa que ha pecado mucho. Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa.

Produce auténtico pudor, cuando no directamente un aciago remordimiento, rechazar productos tan primorosamente envueltos como los que factura este cineasta de Hong Kong. Y juro solemnemente que he realizado esfuerzos ímprobos intentando que me gusten sus películas. Wong Kar-Wai pertenece, como las castañas asadas en invierno o el juego de Illarramendi, a la categoría de cosas en la vida que uno querría que le gustaran pero no le gustan. Como al flamenco o al críquet, mi sensibilidad está cerrada al preciosismo visual de la obra de este señor. Por ello pediría que las palabras del “Yo confieso” con que cerré el párrafo sean interpretadas solo medio en broma.

Puse todo mi empeño, una vez más, en conseguir que me fascinara su nueva película, The Grandmaster. Y si lo puse no es solo porque decir que no te gusta Wong Kar-Wai puede acarrearte un descrédito social importante (aunque también), sino porque estoy convencido de que el minucioso afán por crear una catedral del cine en cada plano que ejecuta este director merece o debería merecer mi aplauso. Negárselo me parece ruin, y ruin me manifiesto. Esto es lo que hay.

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Esta vez, Wong Kar-Wai ha elegido el mundo de las artes marciales para dar rienda suelta a su esteticismo, que entra por los ojos con la misma facilidad con que es rechazado por el (mi) cerebro. Para ello ha precisado seis años de planificación y otros tres de producción, además de una concienzuda labor de documentación acerca de la historia de los grandes maestros de Kung Fu, o más específicamente sobre la vida y obra de Ip Man, quien fuera maestro del legendario Bruce Lee. Ha rodado en localizaciones de enorme plasticidad y diversidad geográfica, desde los paisajes nevados del noroeste de China al área subtropical de dicho país, con el consiguiente despliegue financiero. Los tres protagonistas principales de la película (Tony Leung, Ziyi Zhang y Chang Chen, auténticas estrellas del cine asiático) se imbuyeron durante años en el noble arte del Kung Fu para poder interpretar sus papeles. Cuentas estas cosas y la punzada de la culpa vuelve a herirte al declarar a continuación que todo esto (al menos, humildemente, para ti) solo ha servido para desencadenar un bostezo igualmente largo y pormenorizado.

“Cada plano está cuidadosamente esculpido”, dice con toda la razón una elogiosa reseña de la cinta. Lo que pasa es que algunos preferimos la obra de algunos cineastas que esculpen sus planos a morterazos pero a cambio nos cuentan algo que en su conjunto (no necesariamente plano a plano) nos emociona, nos interesa o nos divierte. Probablemente también ese sea el objetivo final de Wong Kar-Wai mientras desarrolla esta epopeya que nos enseña las diferencias entre las diferentes escuelas de Kung Fu representadas en las academias de Wing Tsun, Bagua, Xingyi y Baji y su épico tránsito desde el norte de China al estado de Manchukuo, pero si tal es el caso no es un objetivo que a mi juicio (o sea, para mí) se cumpla en modo alguno, ya que Wong Kar-Wai no logra en este viaje ni emocionarme ni divertirme con el Wing Tsun, la Bagua o el Xingyi. Cuánto menos con el Baji.

Por lo demás, la fotografía es deslumbrante, como también lo son todos los efectos técnicos. La música es enormemente eficaz y la ambientación es intachable. Las peleas de Kung Fu están estupendamente rodadas y después de muchas patadas rápidas viene siempre una a cámara lenta que queda muy bonita, chocando contra una cara o amenazando con arrojar a su receptor a la vía del tren o desconchando una columna. Y no veas cómo mejora la estética de todo esto si estas peleas, además, tienen lugar bajo la lluvia o la nieve.

Así es Wong Kar-Wai y así es The Grandmaster: un deleite para mis sentidos y un auténtico coñazo para mí.

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Ficha técnica:

Director: Wong Kar-wai Guión: Wong Kar-wai, Zou Jingzhi, Xu Haofeng Música: Shigeru Umebayashi, Stefano Lentini Fotografía: Philippe Le Sourd Reparto: Tony Leung, Zhang Ziyi,, Chang Chen, Zhao Benshan, Song Hye-kyo, Wang Qingxiang Distribuidora: Golem Fecha de estreno: 10/01/2014