02A pesar de que la palabra ultra suele ser la más usada para designar a ese sector más radical de la hinchada de un club de fútbol, hay otros términos para llamar a estos acérrimos hinchas según su lugar de procedencia. En Italia a los aficionados comprometidos en cuerpo y alma con su club se denominan tifosi, en Brasil estos aficionados reciben el nombre de torcidas, y en Argentina y otros países latinoamericanos son llamados barras bravas. Pero hay un término que sobresale por encima de todos ellos, el que usan en Inglaterra y que no es otro que el famoso vocablo: hooligans. Es en Inglaterra, cuna del fútbol, donde se vive de manera más especial el hecho de formar parte de una hinchada futbolística, es un sentimiento con el club y con el resto de la afición verdaderamente único. El problema de estos hooligans es que rara vez suelen ser noticia por su incondicional apoyo a su club, más bien son conocidos por sus innumerables peleas y disturbios con las hinchadas rivales.

En Hooligans se nos cuenta la historia de Matt Buckner, un joven norteamericano que se ve obligado a abandonar la universidad de Harvard de manera injusta y que, una vez llega a Londres para pasar un tiempo con su hermana, se adentra en el turbio mundo de los hooligans del West Ham. Allí Matt aprenderá lo que es compartir con otros muchos la pasión por un equipo de fútbol y lo que implica ser un leal compañero, pero también lo dura que puede ser la vida cuando lo das todo por un club.

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Londres es el marco ideal para contar una historia sobre hooligans, tanto por el tamaño de la capital inglesa como por la pasión con la que se vive el fútbol allí. Londres es conocida por  una poseer una gran cantidad de clubes de fútbol (algo lógico para una ciudad de más de 8 millones de habitantes), clubes conocidos por todos como el Arsenal, el Tottenham, el Chelsea, el Crystal Palace, el Fulham, el Queens Park Rangers… Cada uno tiene rivalidades históricas con los demás, ya sea por temas político-sociales, por historia o porque simplemente se llevan a matar. De entre todos ellos, hay un derby muy especial en Londres y es el llamado Derby del Este, que enfrenta al West Ham y al Millwall, cuyos estadios se encuentran separados por el río Támesis. Además por pertenecer a la misma zona de la gran capital, este derby es uno de los más famosos en toda Inglaterra por las pocas veces que se ha jugado, especialmente en los últimos años. En la historia reciente del fútbol inglés pocas veces han coincidido hammers y lions en la misma división, lo que hace que cada partido que se juega se viva como una auténtica final, un auténtico hito dada la poca frecuencia de dicho encuentro. De la rivalidad entre el West Ham y el Millwall se nos habla en Hooligans, donde las dos aficiones que se llevan a matar verán como en un momento dado deberán jugar un partido que llevan años deseando disputar ambos.

En la película que escribe y dirige Lexi Alexander se nos plantea esa duda sobre si para un hooligan es más importante el disfrutar del fútbol animando a pleno pulmón o la diversión que les produce pelearse y machacar a las hinchadas rivales. Ese es el gran debate que plantea el film de Alexander, ¿se es hooligan por el fútbol o por la enfermiza necesidad de pelearse continuamente? Está claro que Matt, Pete y el resto de hooligans sienten amor por los colores del West Ham, pero también es cierto que su pasión insana por vapulear a las hinchadas rivales no conoce límites, es un sentimiento. La parte más positiva de pertenecer a un grupo ultra radical es saber que siempre estás arropado por tus compañeros y que jamás van a dejarte solo, como bien explican en la película, existe una camaradería especial. No son simples amigos con amor a los colores de su club, son hermanos curtidos en mil batallas callejeras y cuya máxima es preservar el honor de su grupo de ultras.

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Hooligans es una buena manera de acercarnos un poco a ese mundillo tan turbio que es el de los ultras deportivos. La película de Lexi Alexander, además de ser instructiva, resulta mucho más que interesante sobre todo si eres futbolero. Buena dirección del realizador alemán y acertadas actuaciones de un reparto coral encabezado por Elijah Wood y Charlie Hunnam son otros de los muchos alicientes para ver esta gran película. Pero sobre todo, el gran acierto de Hooligans es que no se moja definitivamente en contra o a favor de que existan este tipo de hinchadas, simplemente se limita a demostrar lo que es vivir en uno de esos grupos de ultras y todo lo que ello implica.

Ahora llega el esperado mundial de fútbol de Brasil en el que, irremediablemente se producirán algún tipo de enfrentamientos entre aficiones de uno u otro país, es algo que por desgracia está a la orden del día en el mundo del fútbol. Quizás esa sea una de las facetas más negativas del deporte rey, el hecho de querer hacer daño a los demás simplemente porque es de un club rival. A todos estos ultras, o hooligans, o barras bravas, o como quieran ser llamados habría que aleccionarlos de alguna forma y hacerles ver que su pasión desmedida por su club es totalmente positiva, pero debe quedar ahí, en una pasión futbolística. Nada se gana partiéndose la cara con un rival solo porque tu equipo ha perdido, no hay que olvidar que el fútbol es un simple juego y, como suele decir mi padre: “Ninguno de esos que juegan te da de comer”.