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En julio de 2011 nació el país más joven del mundo: Sudán del Sur. Tras años de colonialismo y dos guerras civiles, los sursudaneses tenían el reto de construir un país desde cero. Una tarea complicada, pero ilusionante. Evidentemente, este país necesitaba un Gobierno, materias primas con las que comerciar, inversiones y otras estructuras de Estado que permitan desarrollar su actividad como un país normal. Y, por supuesto, necesitan deporte, el fútbol en este caso. Pocos deportes hay que generen tanta ilusión como el fútbol hasta el punto de que se convierte para algunos en un modo de vida.

Es el caso de Zoran Djordjevic, un entrenador de fútbol serbio que recibe la misión de entrenar la nueva selección de Sudán del sur. Nadie es más indicado que este entrenador de guerrillas que ya ha estado al mando de otras selecciones como la de Irán, India, Yugoslavia, Yemen o Bangladesh, con la que conquistaría el oro en los Juegos de Asia del sur en 2010. El fútbol para Zoran es más que una pasión. Es un modo de vida. Sin fútbol, no sería lo que es, un entrenador con carácter y apasionado, agresivo incluso. Desde el primer minuto del documental se le ve gritar o empujar a sus jugadores, discutir con el Presidente de la Federación de fútbol de Sudán o llorar desconsoladamente por la pérdida de un jugador. Todos estos sentimientos movidos por el fútbol y sus ganas de convertir a la selección de Sudán del Sur en el mejor equipo del mundo. 

Zoran se implica en cada una de las etapas para formar a su equipo hasta el punto de que no duda en recorrer todo el país en busca de los mejores jugadores o se hace construir y paga de su propio bolsillo una nueva portería. Una metáfora a medida, aunque bastante simple, empezar la película con el montaje de la portería. Zoran se embarca en la aventura de buscar las piezas adecuadas para soldar la estructura de su selección, hacerla ganadora y llegar al mundial de Brasil 2014. Sin embargo, nada es tan idílico como parece y la portería se rompe junto con las ilusiones de Zoran, que tiene que enfrentarse a impagos que lo llevan a una situación delicada. Impagos motivados, supuestamente, por la crisis del petróleo que enfrentó a Sudán del Norte con Sudán del Sur y que tuvo consecuencias para todo el país. Consecuencias que evidentemente afectan a la selección de fútbol y que merman la motivación de Zoran y entorpecen sus técnicas de entrenamiento. Tal llega a ser el rechazo que se genera en esta situación, que Zoran ve como le cierran el estadio y no puede entrenar en condiciones normales.

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Desde el primer minuto, se nos presenta a Zoran como un personaje pintoresco y arrogante, cascarrabias y de un carácter complicado. Tiene toda la pinta de ser un auténtico déspota que no duda en autoproclamarse más importante que el propio ministro de deportes. Pero a medida que pasan los minutos, descubrimos que realmente siente pasión por lo que hace y tiene gestos bastante graciosos como cuando compra una cabrita, de nombre Champion, para que sea la mascota del equipo. No hay matices ni máscaras en Zoran, es como se muestra y se come la pantalla con su carácter desenfadado y directo.

Pero Coach Zoran and his African Tigers es mucho más que un retrato de Zoran. El director Sam Benstead aprovecha su historia para elaborar una sencilla radiografía del país, más allá del fútbol. Se aprecian varias facetas de la sociedad, la extrema pobreza en la que vive gran parte de la población y la inoperancia de algunos funcionarios del estado. También refleja la felicidad que experimenta el país tras su independencia, la ilusión por este nuevo inicio, pero también la facilidad con que se rompe la ilusión y se desvanecen los sueños. De darlo todo por el equipo de fútbol y soñar con llegar a Brasil tras el ilusionante empate a 2 contra Uganda en su primer partido reconocido por la FIFA, a cortar el grifo y no permitir a la selección ni entrenar en un estadio decente antes de presentarse a la copa CECAFA.

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Sin embargo, también se le puede reprochar al director que pase de puntillas sobre algunos temas más espinosos como por qué no pagan a Zoran. Por la narración del propio entrenador, se entiende que el Gobierno es corrupto. También se puede entender que el conflicto con Sudán del Norte y la paralización de las fronteras ha afectado la situación económica del país y de rebote a la selección de fútbol. Pero en otro momento se muestra el descontento del Presidente de la Federación con Zoran, por lo que podría ser hasta por motivos personales. Da la sensación de que el director no se ha querido complicar la vida demasiado ni alejarse de la historia principal, dejando ciertos vacíos argumentales que el espectador debe interpretar. Parece que al director le ha faltado valentía para afrontar ciertos temas.

Quedarse en la superficie de esta manera no lastra un interesante documental con un relato elaborado con algunas anécdotas divertidas y una dirección sobria pero efectiva, aunque no es mejor porque el director ha renunciado a ello. Ahora que empieza el Mundial es un buen momento para darle una oportunidad a la historia de una joven selección que soñaba con llegar a él y no lo consiguió por razones que van más allá del fútbol.