Uno de los platos fuertes de esta primera edición del Festival Cine-On vino de la mano del peculiar realizador Todd Solondz, un hombre dedicado al cine independiente que alcanzó la fama con Bienvenidos a la casa de muñecas y Happiness, y que siempre mantiene en sus trabajos su singular estilo, reflexionando y criticando de manera mordaz e ingeniosa los diversos problemas a los que se enfrenta continuamente la sociedad norteamericana. Se ha criticado que Dark Horse trate temas que Solondz ya ha abordado en filmes anteriores pero de una manera mucho más aburrida e incluso ridícula. Y ese es el principal problema de su nuevo trabajo. ¿Inferior? Quizá. Pero si Dark Horse no se compara con ningún otro trabajo del director es muy probable que consiga gustar a más de uno. En este nuevo largometraje que nos traen los compañeros del Festival Blogger de Cine Inédito Online nos encontramos con un trabajo capaz de emocionar y divertir a partes iguales, y que abre una puerta a la reflexión (centrada en el valor de lo que poseemos, el conformismo, la injusticia…). Solondz no ha hecho una mala película, quizá haya hecho una película menos profunda y directa que las anteriores, pero Dark Horse, aún no siendo una maravilla, consigue que te intereses por la vida de su protagonista.

Me enfrenté al visionado de Dark Horse sin haber visto nada de su director, y la sensación que me dejó fue positiva. Se trata de una comedia romántica indie marcada por el humor negro, en la que sobresalen las interpretaciones, con un magnífico Jordan Gelber, que en Dark Horse se enfrentaba a su primer papel protagónico, y un más que admirable trabajo por parte de Selma Blair. La actuaciones de Christopher Walken y Mia Farrow, contenidas pero fundamentales, elevan aún más la calidad del casting, y ellos (especialmente Walken) son protagonistas de algunas de la escenas más divertidas de la cinta. Una película basada en el pesimismo y la frustración, y fruto de la cual el ser humano es capaz de sacar lo peor de sí mismo… Un retrato duro pero acertado sobre una realidad que siempre nos acompaña y que intentamos evitar por todos los medios.

Abe, un joven que vive aún con sus padres, se dedica a coleccionar juguetes. Trabaja en la empresa familiar y se aprovecha de la debilidad que su madre siente por él; tiene también un hermano médico con el que no se lleva bien. En una boda conoce a Miranda, una chica de carácter depresivo a la que impulsivamente propone matrimonio. Ella, al principio no muy entusiasmada con la idea, acaba aceptando, pero la situación no es lo que Abe esperaba. Por un lado, tendrá que aguantar a Mahmoud, antiguo novio de Miranda, con el que ella mantiene una relación cordial pero que a él no le gusta. Por otro, la relación con su padre empeora debido a sus continuas disputas.

En Dark Horse no sólo sobresalen las actuaciones, la realización consigue que disfrutemos aún más de esta comedia con tintes dramáticos. Discreta pero notable, la dirección de Solondz permite que el espectador disfrute de planos y secuencias realmente simpáticas (el plano con el que recibe a Abe siempre que llega a su casa, el travelling con el que se presenta a los padres de los “enamorados”…). Dark Horse nos muestra cómo un niño grande (no hay más que ver su habitación) tiene que lidiar con sus frustraciones, ya no sólo amorosas, sino también profesionales y personales, un hombre inseguro que para salir de su tediosa existencia tiene que arriesgarse, mostrar valentía y tomar decisiones de las que siempre había tenido que huir (“la gente miente cada día a su reflejo”, dice en un momento puntual Abe, el personaje de Jordan Gelbe).

Aunque Solondz comete fallos en la manera de desarrollar la historia, la cual pierde fuelle según avanza, consigue transmitir al público ese sentimiento de fracaso que envuelve a los dos protagonistas, que sin tiempo y tras decir adiós a sus sueños se ven obligados a aceptar lo que llega, y a hacer frente a todos los riesgos que ello conlleva. Lo peor de Dark Horse es que su tramo final sobrevuela por lo onírico, algo que probablemente no convencerá a muchos espectadores (aunque precisamente en esa parte del filme nos encontramos con los mejores momentos de Gelbe). Y la música pop utilizada en el largometraje, que desentona totalmente con el físico (pero no la personalidad) de Abe, ameniza enormemente el visionado.

La cinta de Solondz parecerá absurda algunos, y seguramente no convencerá a aquellos que la comparen con sus obras anteriores, pero sin duda conseguirá provocar al espectador.

Lo mejor: El cast al completo y la manera tan mordaz que trata el fracaso.

Lo peor: Algunas escenas no terminan de cuajar con el conjunto. En algún momento a Solondz se le va la mano…