Hace hoy diez años, el 12 de Junio de 2003, el mundo del cine se sobrecogía por la muerte de una de las grandes estrellas del Hollywood Dorado. Gregory Peck moría en su casa de California, a los 87. Dejaba la vida en la cama, al lado de Veronique Passani, la que fue su mujer durante sus últimos 48 años de vida.

Eldred Gregory Peck nació el 5 de Abril de 1916 en San Diego, California. Nació en el seno de una familia católica, Peck era hijo de un farmacéutico de ascendencia armenio-irlandesa y Bernice-Mae Ayres una ama de casa de ascendencia escocesa. Sus padres se divorciaron siendo él pequeño y pasó casi toda su infancia en compañía de su abuela. Una mujer que era una gran aficionada al cine, y que inculcó en el niño la pasión por el séptimo arte.

 

Aún así, Peck, vio su infancia marcada por las rígidas enseñanzas de su padre. A los once años ingresó en una academia católica, y a los doce era monaguillo y se planteó tomar los hábitos. Pero final desestimó la opción de hacerse cura, y decidió seguir los pasos de su padre estudiando medicina, finalmente dejó la carrera y se graduó como licenciado en lengua, pero tras esto descubrió que su verdadera vocación era el teatro y decidió estudiar interpretación, pagándose las clases con lo que ganaba de camarero. Con el grupo de teatro de la facultad consiguió una beca que le permitió marcharse a estudiar a Nueva York. A principios de los años 40, pasando por los teatros de Broadway su nombre empezaba a sonar con fuerza, y no tardarían mucho en llamar desde la puerta de Hollywood.

Fue en 1944 cuando hizo su debut en el cine, además en un rol protagonista. Fue en Días de Gloria, película de Jacques Torneur, dónde interpretaba a un héroe de guerrilla rusa que luchaba contra los nazis, una de las muchas películas que Estados Unidos lanzó en medio de la II Guerra Mundial, aunque curiosamente fuera para ensalzar a los que entonces eran sus aliados, los rusos. Ese mismo año, Peck conocía las mieles del éxito al ser nominado por primera vez al Oscar por Las Llaves del Reino de John M. Stahl y tan sólo un año después se ponía a las manos de un Hitchcock, que ya por entonces era un director estrella, para rodar Recuerda. Peck no tardó nada en convertirse en una de las grandes estrellas de Hollywood.

Peck estuvo en la cima durante tres décadas, y aunque en los setenta (década en la que hizo La Profecía) prácticamente dejó el cine, estuvo trabajando hasta el final en televisión, incluso en 1999 recibió un Globo de Oro por participar en la adaptación televisiva de Moby Dick. No era la única vez que Peck repetía en una historia que ya había rodado, ya que su último papel en el cine, en 1991, fue una breve aparición en la película de Martin Scorsese, El Cabo del Miedo, remake de la película que él mismo protagonizó junto a Robert Mitchum. 

Peck siempre estuvo implicado en causas sociales y obras solidarias, no parece coincidencia que su papel más recordado sea su Atticus Finch de Matar a un Ruiseñor, película por la que además ganó su único Oscar (podéis leer aquí la fantástica crítica de la película que hace poco realizó nuestra compañera Bea en World Cinema 7). Esto también le valió ser perseguido en la caza de brujas dónde tuvo que soportar un duro interrogatorio. Y hasta tuvo una fuerte campaña en contra de la Guerra de Vietnam.

Como hemos dicho, Peck ganó un Oscar por su interpretación en Matar a un Ruiseñor, pero estuvo nominado en cuatro ocasiones más, todas durante la década de los 40 por Almas en la Hoguera, La Barrera Invisible, El Despertar y Las Llaves del Reino.