En apenas seis películas estrenadas en este siglo, James Gray se ha consolidado como uno de los directores más interesantes del panorama actual y por supuesto, de su generación. El neoyorquino que retrató a su ciudad natal como pocos han hecho, tras rendirle protagonismo en El sueño de Ellis (2013) y Two Lovers (2008), decidió que estaba cansado de Nueva York y que necesitaba viajar a nuevos sitios que le inspirase nuevas historias que contar. Fruto de esa búsqueda surgió la estimulante Z, la ciudad perdida (2016), en donde se trasladó hasta los confines de la Tierra y ahora en Ad Astra, film en donde literalmente se va tan lejos que llega hasta Júpiter para narrar una espectacular e intimista epopeya de un hijo (Brad Pitt) en busca de su padre (Tommy Lee Jones).

¿Estamos solos en el Universo o hay vida ahí fuera? Basándose en esta inquietante premisa el astronauta Roy McBride (Brad Pitt), emprende un viaje hasta los límites de nuestra Galaxia en busca de una respuesta a ésta pregunta que todos en algún momento de nuestra existencia nos hemos hecho. Este es el pretexto que James Gray usa para embarcar a un hipnótico Brad Pitt en un viaje exterior e interior, en el que de forma introspectiva firma una reflexión sobre lo verdaderamente solos que estamos en la vida y de cómo a veces, la sola idea de que alguien pueda estar ahí, al otro lado, es razón suficiente para intentarlo todo.

La solemnidad de un estilo y de un pulso narrativo único, hacen de Ad Astra algo tan intimista como precioso. Gray realiza una película que se podría clasificar en algo así como “un blockbuster de autor” en el que hay mucha más cabida para la reflexión y el análisis de lo que su premisa invita a pensar. De una forma extraordinaria su director plasma las sensaciones, temores y sentimientos a los que el personaje de Pitt se enfrenta a lo largo esta travesía espacial, que funciona como una experiencia catártica para él y como un sobrecogedor viaje sensorial para el espectador. Este viaje a las estrellas es perfectamente aplicable a cualquier espacio o ámbito, pues más allá de la espectacularidad de su escenario, es una historia sobre un hombre perdido en busca de alguien que le ayude a entender quién es y cómo enfrentarse a la vida con dignidad. Una emotiva carta de amor paterno filial que se complementa con Z, la ciudad perdida, como si se tratase de una secuela sentimental de la misma, solo que en esta ocasión el relato está narrado desde el punto de vista del hijo y no del padre como ocurría en la anterior.

Ad Astra tiene pocas posibilidades reales de estar bien representada en la carrera de premios, pues su sesudo e intimista planteamiento, corre el peligro de escapársele al gran público. Pero en honor a la verdad es una película que claramente tampoco lo busca. La última película de James Gray no busca contentar al público, sino mostrar la complejidad de la existencia humana y la necesidad vital del hombre por enfrentarse a los miedos y traumas de una infancia no superada y que difícilmente le permitirá avanzar en la vida.

Pocas veces Brad Pitt ha estado tan diferente y tan bien como está aquí, brinda una de sus mejores y más complejas interpretaciones, logrando emocionarnos e hipnotizarnos a partes iguales. Es él siempre (o casi siempre) en un primerísimo primer plano, que evidencia una vez más su fuerte magnetismo ante la cámara. Razón más que suficiente para dejarnos arrastrar por esta preciosa e inmensa odisea espacial que es Ad Astra.

Título original: Ad Astra Director: James Gray Guión: James Gray Música: Max Richter, Lorne Balfe Fotografía: Hoyte van Hoytema Reparto: Brad Pitt, Liv Tyler, Ruth Negga, Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, John Finn, Kayla Adams, Kimmy Shields, Bayardo De Murguia, Lorell Bird Dorfman Distribuidora: 20th Century Fox