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Con la resaca de ¡Ave César! de los Hermanos Coen, la segunda jornada de la Berlinale lo protagonizada Jeff Nichols con Midnight Special, cinta de ciencia ficción protagonizada por Michael Shannon sobre un padre y un hijo con superpoderes que huyen de una secta y del FBI. El nuevo trabajo de Nichols no ha recibido críticas tan meritorias como se había pensado después del “hype” generado con su tráiler. Aparte de Midnight Special, también destacan War on everyone, lo nuevo de John Michael McDonagh, director de Calvary; y Hadi, del debutante Mohamed Ben Attia bajo el apadrinamiento de los hermanos Dardenne

Midnight Special

MIDNIGHT SPECIAL

Esta vez la película coloca al espectador ante la desesperación de dos hombres y un crío que huyen. Padre, hijo y amigo del padre. Por allí desfilan, un siempre deslumbrante y brandoniano Michael Shannon y una cada vez más fina Kirsten Dunst. Se escapan de una misteriosa secta de aire pitagórico y del propio FBI. Pronto sabremos que la luz brota con la vibración de la fiebre de los ojos del niño, un digno descendiente de El pueblo de los malditos. Durante buena parte de la cinta, lo que importa es el pulso acelerado de lo desconcertante, la sensación de que todo puede pasar, el misterio de lo indefinido, de lo grave, de lo espeso. Y así, hasta el explosivo y catártico final.

Dice el director que sus referencias fueron E.T. y Encuentros en la tercera fase. Lo afirma después de citar a John Carpenter. (…) En efecto, sobre esas dos sensaciones, la de crecer con Spielberg y la de tener descendencia, Nichols levanta una película tan extraña como perfectamente reconocible, tan ingenua como turbia. Tan triste, tan brillante.

Luis Martínez, El Mundo

Los referentes de los que habla Nichols son Encuentros en la tercera fase y E.T, de Spielberg, y Starman, de John Carpenter. No cabe el despiste: Midnight Special es pura ciencia-ficción. (…) Nichols sigue a rajatabla el canon spielbergiano hasta el punto de que todo el relato está organizado alrededor de un niño que mira la realidad desde otros ojos. Literalmente: en cuanto te descuidas, y se quita las gafas de bucear que lleva incluso cuando devora cómics de superhéroes, emite un par de rayos luminosos que amenazan con liquidar el universo.

Y sin embargo, con modestia y tesón, la película crea sus propias grietas, y te acostumbra a que empatices con su imprevisible desarrollo, cristalizando en un conmovedor retrato de amor paternofilial. Quizás se toma demasiado en serio su delirante trama, pero el resultado es de lo más estimulante.

Sergi Sánchez, La Razón

El film es una gran persecución y los elementos sobrenaturales son administrados con cautela, dejando para los personajes el verdadero núcleo de una aventura que recuerda en muchos aspectos al Spielberg de, por ejemplo, Inteligencia Artificial (2001) y a esa icónica cosecha de cintas del género alrededor de los años ochenta como Scanners (David Cronenberg, 1981) o Firestarter (Mark L. Lester, 1984). El único lamento es que para realizar ese homenaje se haya tenido que traicionar un poco a si mismo, dejando una resolución excesivamente obvia y convencional que en su epílogo parece querer enmendar.

Ramón Rey, VOS Revista

La trama avanza con bien ejecutados movimientos de guion desvelando de manera gradual cada una de las incógnitas, momento en el que la intensidad de la emoción por la sorpresa se desvanece ligeramente. (…) Late también la preocupación metafísica —rozando el misticismo— del todopoderoso Stanley Kubrick y del reciente Christopher Nolan. ¿Por qué entonces decepciona en cierta medida? Por las expectativas, claro. Pero también, quizás, por la predisposición del espectador, que ha optado por prestar más atención a los artificios que a la columna vertebral del filme: la incesante y desesperada lucha de un padre por proteger, por encima de cualquier otra cuestión, a su hijo. Esta es una demostración de que, incluso ejecutando algo parecido a un “blockbuster”, Jeff Nichols puede darse el lujo de hacer simultáneamente, en el mismo producto, una interesante muestra cine de autor.

Gonzalo Espinosa, El antepenúltimo mohicano

El valor de la cinta radica en la reunión de elementos de la ciencia ficción y del thriller hitchockiano, aunque, a diferencia de los que ocurría en Take Shelter, donde los géneros se presentaban entremezclados, aquí la aparición de los códigos de la ciencia ficción cambia las reglas del relato. Es entonces cuando el público advierte que se encuentra ante un tierno remake de E.T., el extraterrestre.

Carlota Moseguí, Otros Cines

Midnight Special parece mezclar el espíritu apocalíptico de Take Shelter y la fascinación por las relaciones paterno-filiales de Mud, las dos anteriores y espléndidas películas de Nichols.

Sin embargo, lo más llamativo de esta insólita película no es sólo el extemporáneo extrañamiento que transmite sino la sensibilidad con que aborda el amor que un padre y una madre sienten por ese hijo con algo más que rayos X en los ojos. El modo en que Nichols dosifica la información -durante la primera mitad del metraje no sabemos muy bien lo que ocurre- te mantiene en vilo hasta que la dimensión más emocional de la historia gana terreno. Es un filme que salta al vacío sin red, asumiendo sin miedo alguno las consecuencias.

Sergi Sánchez, Fotogramas

Midnight Special de Jeff Nichols. Se nos había vendido como un homenaje a Starman, Encuentros en la tercera fase y E.T y ha resultado ser exactamente eso. Sobre el papel suena mejor que en pantalla. Es cine ochentero hecho sin un ápice de distancia posmoderna ni de ironía -menos mal- pero tampoco de sentido del humor ni de necesaria ingenuidad ni de ligereza. Hay un choque brutal entre lo en serio que la película se toma a sí misma y lo ridículo que es por definición un relato sobre un niño capaz de expulsar a chorro rayos de color azul por los ojos.

Nando Salvá, Cinemanía

War on Everyone

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War on everyone McDonagh entretiene pero no va más allá. Puede que haya ya cierto cansancio en esa marca familiar de sangre, muertos y carcajadas, y por más que Peña y Skarsgård ponen toda la carne en el asado, se sale con la sensación de que “esta ya la había visto”. Eso sí, el pase matinal, que mezclaba compradores del poderoso mercado de la Berlinale y periodistas, se ha llenado.

Greogrio Belinchón, El País

De nuevo la maestría de McDonagh para generar empatía por individuos deleznables cobra vital importancia en su interés de hacer que los espectadores se pongan de su lado. Pueden ser corruptos, comportarse inapropiadamente o demostrar una gran falta de ética profesional, pero a su alrededor tienen que vérselas con personajes mucho más podridos, decadentes e hipócritas, que les convierten casi por puro contraste y accidente en antihéroes.

Los destellos de brillantez en los diálogos y el timing de comedia muy bien manejado dejan entrever las posibilidades de un cineasta al que se le sabe capaz de mucho más que un divertimento excesivamente genérico.

Ramón Rey, VOS Revista

War on everyone parece construida mediante la acumulación de subtramas y giros dispuestos para que se encuentren y provoquen un baño de sangre esperado, decepcionante y convencional. No hay tensión ni sorpresa alguna, se desarrolla con poca gracia y a trompicones entre el lugar común y la broma políticamente incorrecta, facilona y muy vista.

El resultado es un producto extraño, banal, ligero, carente de interés y con una factura técnica más cercana al piloto de una serie de televisión que a un largometraje. Pensándolo bien, podría ser algo así como una revisión macarra y actual de Starky y Hutch. Puede que ese formato formato le hubiera venido mejor.

Gonzalo Espinosa, El antepenúltimo mohicano

Hadi

Hedi

El debutante Mohamed Ben Attia, apadrinado por los Dardenne, utiliza a su protagonista, un joven vendedor de coches a punto de afrontar un matrimonio programado por su madre, para hablar del fracaso de la primavera árabe y, en primer plano, del callejón sin salida en el que se encuentra su país. El valor simbólico del personaje no puede ser más evidente.

Mohamed Ben Attia filma su relato alegórico desde el drama doméstico. No le tiembla el pulso, ni le sobra ni le falta nada, pero da la impresión de que la hemos visto hace poco y la veremos en un futuro próximo.

Luis Martínez, El Mundo

El remedio perfecto para todos aquellos despistados que no estén a la última sobre cine tunecino, si es que alguno hay ahí afuera. Un triángulo amoroso como metáfora de la encrucijada en la que se encuentra el país que vivió la primera Primavera Árabe. El resultado es algo tosco, pero en realidad a la película no le pasa nada malo y, además, dura menos de hora y media.

Nando Salvá, Cinemanía

Hedi es Túnez, tal cual. El antiguo régimen es su madre, y él, que primero decide dejarse llevar por la autoridad de las tradiciones, emprende su particular primavera árabe cuando percibe que o reacciona o lo que le espera es la cadena perpetua. Pero la rebelión tiene, por supuesto, sus consecuencias. La más importante, cómo enfrentarse al futuro sin anclajes, aunque sean oxidados y peligrosos. Se agradece que esta ópera prima, producida por los hermanos Dardenne, sea seca y concisa, pero tampoco va mucho más allá de lo que sus primeros minutos nos hacen prever.

Sergi Sánchez, Fotogramas

La Biblia narra, dentro del Génesis, la creación de Adán, a imagen y semejanza de Dios, y Eva, a partir de una costilla de este como el inicio de la raza humana. Y estos dos personajes, considerados no dentro de la interpretación religiosa, sino más bien como símbolos de la cultura popular, cimentan prácticamente toda la iconografía artística. Lo que no todo el mundo conoce es la existencia casi apócrifa de una mujer anterior a Eva, llamada Lilith o Lilitú, —según atribuciones que pasan por el judaísmo y la mitología mesopotámica—, quien abandonó el Edén por voluntad propia. Esta dualidad entre el camino señalado, prefijado por la autoridad, y la encarnación de la transgresión son perfectamente aplicables a las dos vías de la profunda disyuntiva que acosa a Hedi. El absoluto protagonista da título al primer largometraje del director Mohamed Ben Attia. Es dueño de todos los planos y se muestra al espectador como un hombre sometido bajo la presión de un entorno que ha modelado cada una de sus actitudes vitales.

En esta historia de argumento sencillo, cuyo virtuosismo radica precisamente en la exhibición de la belleza de la cotidianidad, Hedi muta progresivamente, adquiere expresividad, rabia o dicha, y se enfrenta a la dureza de tener que afrontar las consecuencias de la voluntad individual. (…) Cuando el cine se presta al servicio de la imitación de la realidad, comprobamos que a veces la vida es más compleja de lo que parece y no hay nada más hermoso que lo tangiblemente humano, el drama dentro del que cualquiera de nosotros se espeja.

Gonzalo Espinosa, El antepenúltimo mohicano