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Tercera jornada de la Berlinale donde nos encontramos cintas muy interesantes como Fuocoammare, documental de Gianfranco Rosi sobre la llegada de los inmigrantes a Lampedusa y L’Avenir, el nuevo film de Mia Hansen-Løve que complementa a Eden.

Fuocoammare

firetasea

 

Rosi ganó el León de Oro de Venecia con Sacro GRA, sobre la autopista que circunvala Roma. Ahora se lanza a Lampedusa a testimoniar el drama de las oleadas multitudinarias de inmigrantes y lo mezcla con un crío local de 12 años, con un ojo vago, que quiere salir de ella. Las dos historias no casan, aunque al menos Rosi decide no recrearse en imágenes explícitas. (…) Fuocoammare queda a medio camino entre la fuerza de su historia y la oportunidad fílmica perdida.

Gregorio Belinchón, El País

El objetivo del italiano se mantiene pudoroso a distancia del espectáculo de los cuerpos demediados por el hambre, la sed y la muerte. Se limita a enfrentar la tosca obstinación de unos pescadores condenados a ser sólo eso, pescadores, con la brutalidad de unos hombres y mujeres (cada vez más) condenados a no ser nada. Un niño va a la escuela, malaprende inglés, come espaguetis, caza pájaros con su tirachinas y se siente deprimido. Todo tan trivial, tan divertido, tan común.Al lado, miles de hombres y mujeres se ahogan.

Luís Martínez, El Mundo

Rosi encuentra en Samuel un perfecto hilo narrativo: su frescura ante la cámara seduce de inmediato, y a pesar de que ha crecido con las dificultades y carencias propias de la vida de un pueblo de pescadores, su ansiedad pertenece al dominio de la Europa del bienestar. El contraste entre Samuel y los refugiados es evidente, pero suave, sin estridencias, haciendo de este documental comprometido una pieza que no hace del compromiso su bandera.

Sergi Sánchez, Fotogramas

Con una estrategia naturalista y de observación, queda lejos de buscar la conmoción y deja al poder desgarrador de las propias imágenes que hable por si mismo. ¿Es suficiente? Las imágenes parecen plegarse aquí a un mensaje que está muy por encima de todo, incluso del cine, pero la sencillez de la propuesta y la sensibilidad demostrada garantizan un relativo éxito sobre el tema tratado.

Ramón Rey, VOS Revista

El concepto de Fuocoammare (fuego en el mar) proviene de cómo se referían los isleños al color rojizo que adquiría el mar en los bombardeos entre fragatas durante el periodo de guerra. Ahora ese fuego en forma de seres humanos que quema la superficie salada del mar está llamando a nuestras puertas de nuevo. Y el debate sobre si la reiteración de las crudas imágenes es necesaria para conseguir crear una conciencia colectiva está más vivo que nunca. Con esta concepción de dos películas en una, Rossi nos obliga a no reducir su propuesta a un documental más acerca de la inmigración hacia Europa y la vida cotidiana en Lampedusa. Se trata, más bien, de un requerimiento para pensar el papel del lenguaje cinematográfico en esta encrucijada.

Gonzalo Espinosa, El antepenúltimo mohicano

El tipo que ganó inexplicablemente el León de Oro en Venecia con Sacro GRA viaja a la isla de Lampedusa para contar la historia de la más importante vía de entrada de inmigrantes a Europa. El problema de la película es que por no querer pasarse, no llega. Es decir, por no querer excederse mostrando escenas de sufrimiento humano y cadáveres al borde de la playa, casi acaba relegando la tragedia a un segundo plano.

Nando Salvá, Cinemanía

 

L’Avenir

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Podría parecer otra vuelta de tuerca sobre la vacuidad sobre la que ya reflexionaba la cineasta en Eden, la vida de un dj en los noventa. Ahora Isabelle Huppert encarna a una profesora de filosofía, con cierto prestigio incluso editorial, que se va quedando sola. Y en esa deriva de mayor libertad conseguida a cambio de mayor soledad, Huppert hace suya una película que muestra la vida como un viaje individual hacia la nada.

Gregorio Belinchón, El País

La directora, fiel a su estilo, deja que la cámara se mueva con elegancia, sin emitir juicios, en el fragor de unos cuerpos que se agitan como las palabras en un tratado de semiótica: hablan de sí mismas mientras se sueñan con sentido. Digamos que Hansen-Love abandona las proverbiales radiografías de la juventud que han presidido todo su cine para inventarse ahora una adolescencia en plena madurez. Ése es el viaje de Huppert: verse de repente desasistida y suspendida en el vacío en un momento de la vida en que se exigen respuestas claras o, cuanto menos, desengañadas. Sin duda, una película tan brillante, madura y reflexiva como sutil. La felicidad, en efecto, duele. ¿Quién se lo iba a imaginar precisamente ahora?

Luis Martínez, El Mundo

Aunque L’avenir no es otra película francesa sobre el doloroso despertar de una divorciada. En realidad, la autora de Le père de mes enfants explora una cuestión universal a través de una vivencia anecdótica. Utilizando como guía citas de Adorno, Pascal, Rousseau y Schopenhauer, y a través de la odisea íntima de una culta profesora de filosofía, Hansen-Løve nos recuerda esa olvidada obligación de cuestionarnos nuestra existencia en cada momento.

Carlota Moseguí, Otros Cines

Cada pequeño engranaje emocional que se quiebra es narrado con una sutileza magistral, un guion ingenioso, sin fisuras y perfectamente orgánico, que parece implementado simultáneamente a la emoción contextual, según avanza la película.

Esta historia de angustia existencial frente al cambio es un excelente ejemplo de la crisis humana ante la imposibilidad de la utopía, y ha sido ejecutada con la maestría de un demiurgo, una de las mentes más talentosas directoras del cine actual.

Gonzalo Espinosa, El antepenúltimo mohicano

La película, que también confronta a Nathalie (portentosa Huppert) con la generación de los que fueron sus alumnos, poniendo sobre la mesa el debate entre la necesidad de teorizar la revolución y la urgencia de llevarla a cabo, siempre está en movimiento, como la cabeza de su protagonista. No es muy habitual que un filme esté tan preocupado por buscar una correspondencia entre la ebullición de las ideas y la acción en la esfera privada, y a través de esa correspondencia nos hable de la psicología de un personaje con el que es imposible no empatizar.

Sergi Sánchez, Fotogramas

En su anterior película, Eden (2014), se exploraba la posición estoica de una juventud anclada a sus sueños, que deja pasar todo tipo de oportunidades y opciones mientras el mundo sigue adelante sin ellos. Parece complementar ahora su estudio inicial, dirigiendo su mirada a una mujer madura con estudios, carrera profesional intachable y una vida familiar de portada de revista que cuando su vida comienza a desmoronarse entra en una crisis que no es capaz de aceptar porque supone cambiar el statu quo después de demasiados años sin cuestionarse el sistema de valores en el que cree. Conversaciones salpicadas por el hastío y el humor, definidas por la filosofía y la forma de afrontar la existencia en distintos ambientes sirven para desarrollar el miedo a lo desconocido, a un momento diferente en el tiempo sin vínculos que esté obligada a honrar. En definitiva, el miedo a la libertad personal y al placer de encontrarla.

Ramón Rey, VOS Revista