Séptima jornada del Festival de Cine Europeo de Sevilla que nos ha deparado propuestas dispares con alguna decepción como Body, de la directora polaca Malgorzata Szumowska, levantando el día las interesantes Sangue del mio sangue y No One’s Child.

Body

BODY 1

Película polaca galardonada con el premio a la mejor dirección en la pasada edición de la Berlinale, Body sigue la historia de Janusz y su hija Olga que, años después de la muerte su esposa y madre respectivamente, apenas logran sobrellevarla y hacer frente al duelo, siendo el padre un hombre cínico, frío y alcohólico mientras que su hija sufre de anorexia. Por otro lado introduce al personaje de Anna, mujer que perdió a su hijo a los meses de nacer y que lleva una vida basada en un enclaustrado sedentarismo al margen de su trabajo como terapeuta en el hospital donde está ingresada Olga. Llegado un punto, el destino unirá el destino de estos tres personajes a través de la revelación del gran secreto de uno de ellos.

Fría, distante, irregular, introspectiva y, sobretodo, dispersa en su narración, Body es un film que parte de un interesante planteamiento pero que tarda lo que se siente como una eternidad para el espectador en tomar forma y revelar el verdadero conflicto de la historia, resultando finalmente en una película bien-intencionada pero de desigual interés que me hace preguntarme si merece la pena el esfuerzo. Desde luego, los personajes están bien escritos y mejor interpretados, y conforme llega la narración al tercer acto la relación entre los mismos va adquiriendo mayor significado y trascendencia. Sin embargo, no es hasta ese punto hacia el final cuando empecé a conectar mínimamente con lo que me quería contar Malgorzata Szumowska con esta historia, lo cual no la deja en muy buen lugar.

Concluyendo, Body me ha parecido interesante en su planteamiento y resolución, pero fallida en ritmo y desarrollo, desaprovechando a través de su torpe y lenta narración una historia y personajes que podrían haber dado bastante más juego.

Sangue del mio sangue

BLOOD OF MY BLOOD 1

Con Sangue del mio sangue (AKA Blood of my blood) llegamos a una de las películas más intensas, complejas y desconcertantes de todo el festival. De este modo, lo que empieza siendo la historia de un soldado del siglo XVII que quiere expiar los pecados de su difunto hermano gemelo a manos de una joven y atractiva bruja, acaba trasladándose al siglo XXI mediante la historia de un viejo vampiro que se ve acosado por un inspector que quiere averiguar lo que se esconde detrás de la misteriosa vida de aquel anciano.

Mediante este oscuro díptico, el italiano Marco Bellocchio plantea una críptica sátira de la evolución –o involución, según se mire- de la Iglesia a lo largo de los siglos en Italia, y que funciona como una versión retorcida de ‘Sólo los amantes sobreviven’ a través de la cual Bellocchio contrasta los endémicos males presentes en cada una de las líneas temporales para reflexionar sobre cómo la sociedad italiana sigue lidiando a día de hoy con problemas y adversidades que no por ser diferentes dejan de tener igual o mayor peso que aquellos presentes siglos atrás.

Teniendo en cuenta el ya mencionado carácter anárquico y críptico de la narración, Sangue del mio sangue se mofa con acertado cinismo de los ideales que han marcado a un país en los últimos cuatrocientos o quinientos años, cuya lectura puede fácilmente extrapolarse a la historia de todo el mundo occidental. Sin duda, una valiente película –tanto a nivel formal como de contenido- que a buen seguro ganaría bastante en un segundo visionado.

No One’s Child

NO ONE'S CHILD 2

Terminamos la jornada con la serbia No One’s Child, largometraje que lleva a la pantalla la increíble historia de un niño que, tras ser encontrado a finales de los ochenta en una guarida de lobos, pasa a ser internado en un centro de menores para proceder a su civilización.

Dejando de lado sus muchos aspectos discutibles en términos de credibilidad (es una locura meter a un niño así en un centro de menores al uso), No One’s Child convence en casi todo momento gracias a una inteligente realización que en seguida nos introduce en la piel de ese niño-lobo, transmitiéndonos a base de las miradas y gestos del joven actor –gran interpretación- todo lo que pasa por los instintivos procesos cognitivos del protagonista. En este sentido, el film logra sin grandes florituras que empaticemos en seguida con esa progresiva humanización.

Sin embargo, su acertada puesta en escena no siempre consigue salvar un irregular guión que en ocasiones cae en situaciones y clichés que chirrían bastante respecto a la clase de historia de la que estamos hablando, al mismo tiempo que no maneja del todo bien unos tiempos y elipsis que llegan a dejar un poco coja a una progresión dramática que claramente exigía una mayor delicadeza. Aun así, No One’s Child es una película cuyo interés siempre consigue tenerse en pie, gracias en buena medida a la sorprendente interpretación de su joven intérprete y de un inmersivo trabajo de dirección que nos hará preguntarnos qué es lo que hace realmente humano al hombre.