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La película de la que hoy hablamos es excelente en su condición de película polaca. No tanto en su condición de película.

Puede parecer extraño u osado el comienzo de esta reseña. Yo me entiendo, pero claro está que no lo voy a dejar ahí. Intentaré explicarme y creo que lo lograré. De hecho, mi preocupación no es tanto la de tener éxito en ese intento cuanto la de la no arrojar spoilers indeseados. Es posible que toda esta reseña sea un spoiler, aunque es posible que no. Lo aviso por si acaso, al tiempo que declaro mi incapacidad para hablar de ella sin hacer mención (aunque sea sutil) a algunos aspectos de la trama a los que es imposible no aludir a la hora de emitir juicios sobre ella.

Es conocido el fervor cristiano de la mayoría de la sociedad polaca, así como el papel capital que la Iglesia católica desempeña en esa sociedad. La película critica la intolerancia de la cúpula eclesiástica, y de gran parte de los propios polacos, con el asunto de la homosexualidad, o más específicamente con la homosexualidad dentro del clero. Ahí va quizá el primer spoiler, dado que el primer tramo de esta obra de la directora Malgoska Szumowska consiste en una serie de escenas costumbristas en lo que parece una comunidad de integración de jóvenes disfuncionales. Dichas escenas se nos ofrecen acompañadas por una puesta en escena y una música destinadas a crear tensión, sin que al principio sepamos si la tensión va a derivar de la violencia latente entre los jóvenes o de la presencia de un inquietante disminuido psíquico, planteamientos estos que al final se revelan simples mcguffins (o similares) que disfrazan la auténtica tensión central en la película, que es de naturaleza sexual y tiene por centro temático la atracción del sacerdote que lidera dicha comunidad por los jóvenes que forman parte de ella. ¿Acabo de incurrir en un spoiler? Sí, si atendemos a este planteamiento intrigante del comienzo. No, si atendemos a la promoción de la película, que deja muy claro su objetivo desde el cartel que la ilustra a las citas de reseñas elogiosas que acompaña el cartel, pasando por las sinopsis facilitadas.

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Es aquí donde surge la primera duda respecto a este raro film en tanto en cuanto producto cinematográfico. Si es una película de denuncia de la homofobia, y se va a promocionar como tal, ¿qué sentido tiene ese larguísimo comienzo que juega a poner nervioso al espectador, a base de sugerirle que algo malo está pasando o va a pasar, pero creando gran intriga respecto a QUÉ? ¿No se ha tratado, en ese sentido, de abarcar demasiado a la hora de pretender a la vez denunciar e intrigar? Los filmes de denuncia suelen ir de frente, atacando por la vía directa, y no en oblicuo, los temas que tratan. El que Amarás al prójimo no opte en su arranque por esa senda es uno de los aspectos del filme que provocan mi perplejidad, lo cual quizá no esté tan rematadamente mal. De entre las cosas no gratas que te puede producir una película, la perplejidad ocupa uno de los puestos menos ingratos. 

Como denuncia en sí, me parece que la película tiene mayor valor local que universal, y esto es lo que intentaba decir al comienzo. En Polonia, nación de rancio y generalizado conservadurismo, las denuncias contra la homofobia se antojan imprescindibles. Para sostenerse ante una audiencia internacional, más avanzada en aspectos de moral sexual, el film debería poseer más valores estrictamente cinematográficos. No está carente de ellos, pero tampoco le sobran. Hay como se ha dicho un comienzo desconcertante y un tanto aburrido. Desfilan ante nuestros ojos personajes que en ocasiones bordean lo grotesco, como la bastante ninfómana esposa del ayudante del sacerdote, que desafía una y otra vez el voto de castidad de este último sin saber que el religioso no está “into the vagina business”, parafraseando a Stephen Fry dirigiéndose a Emma Thompson en Los amigos de Peter. ¿No había una forma menos burda de confirmarnos la tendencia sexual del sacerdote?

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Pero valores hay. La interpretación del protagonista absoluto, el muy solvente actor Andrzej Chyra, resulta ajustada y traslada al espectador la angustia de un hombre atrapado por lo ilícito de sus pulsiones sexuales. Chyra logra incluso mantener en pie escenas que de puro arriesgadas flirtean con lo irrisorio, como la de los gritos símicos en las profundidades del maizal, o el baile etílico abrazado al cuadro con la imagen de Ratzinger. Por él (por Chyra, no por Ratzinger), y por lo loable de la reivindicación que trae consigo, se salva de la quema esta desconcertante película.

Ficha técnica:

Título original: W imie…  Director: Malgorzata Szumowska Guión: Malgorzata Szumowska, Michal Englert Música: Pawel Mykietyn, Adam Walicki Fotografía: Michal Englert Reparto: Andrzej Chyra, Mateusz Kosciukiewicz, Maja Ostaszewska, Lukasz Simlat, Tomasz Schuchardt, Maria Maj, Olgierd Lukaszewicz Distribuidora: Abordar Casa de películas Fecha de estreno: 10/10/2014