En el octavo día del Festival de San Sebastián, nuestra crónica se ve copada por la presencia de la sección Horizontes Latinos, donde El abrazo de la serpiente se presenta como una de las mejores películas que han pisado el Zinemaldia en esta edición que ya empieza a echar el cierre.

Les Demons – Que parezca que hablamos de algo

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Este festival de San Sebastián pasará a la historia por muchas cosas diferentes, y una de ellas es su tendencia a albergar películas con predilección por narrar la nada de todas las formas y colores posibles de modo que parezca que se cuenta algo cuando realmente no se cuenta nada.

Les Demons,  pendiente de epatar a las mentes más preclaras de la cinefilia con sus silenciosas escenas, sus movimientos de cámara imposibles y sus montajes musicales con niños y música clásica, se olvida contar algo. Y se olvida de contarlo bien.

Una sucesión de tramas se agolpa durante todo el metraje de Les Demons. Tramas que se inician en un minuto y se terminan en el siguiente, retazos olvidados de un guion inconexo que cree que cuenta una historia sobre raptos de menores pero que no cuenta más que la historia de un niño que vive rodeado de cosas aleatorias (adulterio, homofobia, violencia de género) que aparecen y desaparecen al tun tun casi como forma de dar sentido al título de forma vacua más que por ninguna otra razón.

Aunque el vacío se disfrace de seda, vacío se queda.

MagallanesUn poco de sal por favor

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Y de la nada pasamos a la tradición. Si la también vista Black Mass ya es conservadora en sus formas, mil veces vista y nada arriesgada, Magallanes, una cinta con pretensiones infinitamente menores, es directamente un monumento al conservadurismo y la ausencia de riesgo.

Si a eso le sumamos que sus otros aspectos no destacan, o son directamente malos, el resultado es muy pobre. Unos actores entre aceptables y lamentables conforman el reparto encargado de dar vida a una retahíla de personajes planos y nada interesantes. Un guion visto mil veces que no se esfuerza por sorprender en ningún momento y recurre a momentos y situaciones fácilmente reconocibles por el espectador. Una dirección solvente pero evidentemente amateur. Demasiadas medianías para levantar un thriller que requiere tensión, garra y energía, tres cosas que aquí brillan por su ausencia.

Magallanes está tristemente condenada a ser olvidada por casi todo el total de espectadores. Probablemente será más útil para el director como trabajo iniciático que para el público. Aun así guarda algún detalle interesante. Algo es algo.

El abrazo de la serpienteEl genocidio y la magia

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Entre los muchos directores de talento que existen por Latinoamérica, hay uno que destacó hace unos años al estrenar una película inclasificable y mágica: los viajes del viento. Con esta carta de bienvenida (aunque ha realizado dos trabajos previos), apunté con fosforito El Abrazo de la Serpiente en mi calendario del festival. No me equivoqué.

¿Qué es El abrazo de la serpiente? Es inclasificable, sí. Y mágica también. En cierto modo no abandona la esencia de Los Viajes del Viento, pero cuenta una historia muy diferente. En riguroso blanco y negro, El abrazo de la serpiente es la historia de la opresión y el estrangulamiento de un pueblo diezmado por la religión y la violencia de los invasores de occidente. Y también es la historia de la obsesión de un hombre por soñar; por descubrir una planta de propiedades mágicas que permite a quien la toma soñar de las formas más extrañas. Estas dos odiseas se dan la mano en una cinta de aventuras de corte muy clásico cuya estructura remite directamente a Apocalypse Now. Realmente se narra un apocalipsis, el de un explorador y el de un pueblo. La decadencia de una época que toca a su fin, la época de las misiones y de los buscadores de tesoros que, en el futuro, dará paso, poco a poco, a lo que es ahora la selva Colombiana.

La visión que Ciro Guerra da sobre este apocalipsis es tan lúcida que asusta. Con dos planos sugiere las intenciones de un misionero a cargo de un grupo de niños; con una frase desarma a un personaje. Un trabajo de guion extraordinario. Y de dirección, con una selva bicolor que resalta las sombras antes que las luces. La selva más oscura que se ha visto jamás.