El guión de Million Dollar Baby está basado en dos cuentos cortos de F.X. Toole: Million Dollar Baby y Frozen Water. Clint Eastwood, además de dirigir la película, la coprotagonizó, colaboró en la composición de la banda sonora, la produjo y fue quien encargó el guión, esto da la medida de hasta qué punto este director se implicó en este proyecto.

Eastwood, que ha sido definido por muchos críticos como el último director clásico de Hollywood, dota a la película de una enorme emotividad basada en unos personajes extraordinariamente humanos y una historia que, a pesar de aparentar tratar sobre el mundo el boxeo, en realidad lo que hace es valerse de éste y sus reglas para hacer una análisis dramática, humilde y sin concesiones de la naturaleza humana, y sin necesidad de caer en el recurso a la lágrima fácil. Su puesta en escena es tan sutil y elegante como brillantemente calculada para transmitir lo que quiere a varios niveles. Para ver esto voy a  analizar un par de escenas consecutivas que sirven como ejemplo de la maestría clásica con que está planteada toda la película.

El argumento es el siguiente: Frankie Dunn (Clint Eastwood) ha entrenado y dirigido a muchos boxeadores a lo largo de toda una vida ligada al boxeo. Debido al distanciamiento con su hija no se permite relacionarse mucho con la gente. Su único amigo es Scrap (Morgan Freeman), un ex boxeador tuerto que se ocupa del gimnasio de Frankie y que sabe que bajo su brusco carácter exterior hay un hombre que busca un perdón que no puede encontrar. Un día, Maggie Fitgerald (Hilary Swank) entra en su gimnasio y, a pesar de su condición humilde, sabe perfectamente lo que quiere: ser campeona de boxeo femenino, y está dispuesta a luchar para conseguirlo, suplicándole a Frankie que la entrene, a lo que él inicialmente se niega ya que no entrena chicas, aparte de que considera que ella ya tiene demasiada edad para ello.

La escena en cuestión comienza después que el boxeador al que dirigía Frankie lo haya abandonado porque veía que Frankie no creía lo bastante en él, y así poder hacer el combate para optar al título.

Inicialmente vemos a Frankie en plano general sentado solo en el sofá de su casa mirando la televisión, la habitación está casi a oscuras sólo iluminada por una débil luz que lo separa de la oscuridad ambiental, lo que agudiza la sensación de soledad del personaje, la voz en off diegética de un comentarista y su actitud indican que está mirando un combate de boxeo por la TV, el siguiente plano detalle de la pantalla de televisión confirma que está mirando el combate de su antiguo protegido. La cámara irá del aparato a él e iniciando un travelling in hacia el personaje, marcando la íntima relación entre lo que pasa en la pantalla y lo que siente él. De esta manera se divide el espacio escenográfico en dos: la TV transmite lo que pasa en otro espacio (donde se consiguen las metas y se cumplen los sueños del boxeador) y cómo éste influye en el espacio de Frankie, que representa la otra cara de la moneda: el miedo al fracaso y la excesiva precaución que hacen que él no pueda participar en el espacio del combate. Cabe destacar que la relación entre los dos espacios es unidireccional: mientras lo que pasa en el espacio del combate afecta al espacio de Frankie (sus sentimientos y reacciones), Frankie y su espacio no pueden afectar el espacio del combate, pues ha quedado apartado de esta posibilidad, lo que contribuye a potenciar el sentimiento de profunda soledad y frustración que siente el personaje.

Para reforzar todo esto aparece la voz en off del narrador (Scrap), que va narrando las contradicciones del mundo del boxeo y cómo todo en él funciona al revés. Partiendo de la pantalla de la TV hasta Eastwood y como éste se mueve como si estuviera en el combate, moviendo los puños y terminando mostrando cómo mueve los pies, la voz en off va describiendo los movimientos de los pies y su sentido, la cámara va pasando del movimiento de los pies de Frankie los movimiento idéntico de los pies del boxeador, realzando el vínculo entre los dos, y se utiliza el mismo recurso con los puñetazos. Este vínculo se rompe cuando el antiguo protegido de Frankie tumba al adversario, lo que metafóricamente “tumba” a Frankie también (la voz en off del comentarista lo remarca el resonar sobre el rostro de éste): en este momento el personaje se da cuenta de que el vínculo se ha roto y que él se equivocaba al frenar a su protegido. De este modo, utilizando el lenguaje y técnicas de boxeo, se hace un paralelismo con lo que sienten los personajes y sus actitudes. El rostro silencioso de Frankie, como desconcertado, marca las fuertes contradicciones internas que siente el personaje. La fotografía, valiéndose de fuertes contrastes entre luz y sombra en su cara ayuda a resaltar el conflicto interno y, como una frase lapidaria, resuena la voz en off de Scrap diciendo: “En el boxeo todo va al revés”. Pero no nos engañemos, como el resto del film, el mensaje es mucho más grande y profundo que el mundo pugilístico, aquí la voz en off de Scrap no solo nos está hablando de boxeo, sino de las propias contradicciones de la naturaleza humana que muchas veces nos empujan a actuar y a hacer justo lo contrario de lo que realmente deseamos, siendo un viejo que ha pasado toda su vida ligado al boxeo como es Frankie, la encarnación viviente de esa contradicción.

Rompiendo la unidad espacial y temporal el siguiente plano (y escena) ya nos sitúa en el gimnasio, cerrado y a oscuras, donde habita Scrap, que está leyendo. El tiempo fílmico y el tiempo proyectado se rompen a través de una elipsis temporal al mostrarnos a Frankie yendo a ver a Scrap con la excusa de llevarle una hamburguesa, Frankie se acerca desde fuera y entra en la habitación de Scrap, su único amigo, y comienzan a hablar del combate. Los diálogos dejan claro el carácter cerrado y introvertido de Frankie y la puesta en escena denota el profundo vínculo existente entre los dos a través de las anécdotas que recuerdan y el hecho de situar a los dos en el mismo plano sentados en la cama, cambiando sólo el ángulo mediante plano-contraplano. Como antes, los dos personajes están rodeados de oscuridad, sólo rota por una luz que ayuda a crear los contrastes duros de luz y sombra. Ambos son, en el fondo, unos perdedores, sumidos en las sombras.

Un ruido que proviene de otro espacio, rompe el ritmo y marca un cambio dramático en la escena: hace que Frankie se dé cuenta que no están solos en el gimnasio y vaya a la parte donde Maggie entrena sola, abandonando el espacio que compartía con Scrap. Una vez más un ruido diegético proveniente de otro espacio nos introduce en este nuevo espacio, perteneciente al mismo espacio global del gimnasio, pero que se articulaba en la habitación donde estaban Scrap y Frankie, que ya se han rendido, y el espacio donde entrena Maggie, a oscuras con sólo una luz cenital (que a pesar de dejarla a contraluz y no dejar reconocerla ya se adivina que es ella), que aún lucha por sus sueños. Esta oscuridad, pero, remarca la tenacidad del personaje, pues entrena incluso cuando ya han cerrado el gimnasio, aunque también su soledad, pues también busca alguien que crea en ella.

Inicialmente Frankie se detiene quedando la parte superior del cuerpo a oscuras observándola, mientras las piernas están iluminadas. Esto sirve para que el espectador, al no ver la expresión de Frankie, fuerce la vista y se pregunte que siente y cómo reaccionará ante Maggie, creando una comunicación que se podría clasificar de somática entre la escena en el espectador y, además, destaca las piernas y los pies, retomando los planos que les dedicaba mientras miraba el combate y anticipando los que vendrán después. Cuando Maggie lanza un puñetazo de frustración el ruido marca un cambio dramático en la escena: Frankie le da un consejo y avanza hacia ella pasando de la oscuridad a estar completamente iluminado, pues la actitud de Maggie empieza a hacerle creer de nuevo.

Frankie se acerca a Maggie y se sitúa al otro lado del “punching” con el que ella entrenaba. El “punching” estará entre los dos todo el tiempo y se irá jugando con una dialéctica de plano-contraplano con planos cortos mientras Maggie le cuenta su historia y su frustración al cumplir los 32 años. En esta dialéctica el uso del “punching” como atrezzo es fundamental ya que su movimiento oscilante crea un factor inestable y de tensión en el espacio dramático, en que el golpe que le clava Maggie y su ruido marca otro cambio dramático donde ella aboca su dura realidad y va dando golpes “metafóricos” a la resistencia de Frankie a entrenar, hasta que los golpes furiosos que Maggie le sigue dando después terminan por hacerle cambiar de actitud y Frankie, con la mano, para el movimiento del “punching” que oscilaba entre los dos como elemento de tensión, poniendo así fin a dicha tensión y empezando a ceder. Una vez empieza a ceder, Scrap se acerca desde la oscuridad y presencia la acción desde la distancia, pero Maggie no se conforma con unas pocas lecciones y quiere que la entrene seriamente y Frankie no se decide, la separación entre las dos posiciones se marca poniendo los personajes todo el tiempo en planos separados, pero con el “punching” como elemento común, como elemento que ayuda a dar unidad a la forma general externa. Para acabar con ello se vuelve al recurso de empezar a dar golpes al “punching” (como símil de la resistencia de Frankie) que vuelven a marcar otro cambio dramático: este la hace parar y vuelve a detener el “punching”, como muestra que ahora ha cedido totalmente. El hecho de que la película haya sido filmada en formato panorámico ayuda mucho a hacer más efectiva esta dialéctica.

Cuando llegan a un acuerdo se escenifica con un plano general de los dos dándose la mano, con un plano americano perfectamente dividido en dos por el “punching” en medio y cada uno a un lado, dándose la mano justo en medio. Este plano es desde el punto de vista de Scrap que lo ha presenciado todo en silencio (se muestra un plano de él para corroborarlo), lo que es importante, pues su voz en off es la del narrador de la historia. Este apretón de manos vuelve a marcar un cambio dramático. Como se puede ver, Eastwood se sigue valiendo de elementos pugilísticos para hablar de los personajes, no sólo externamente, sino internamente.

Acto seguido Frankie comienza a enseñar a Maggie, lo hace a través del “punching”, enseñándole como golpear correctamente y los movimientos que debe hacer. Cabe destacar que ahora es Frankie quien se vale del “punching” dialécticamente para ir vertiendo sus conocimientos hacia Maggie y marcarán el cambio dramático en la escena, como si a base de golpes le estuviera introduciendo los conocimientos en el interior. Se debe tener en cuenta, sin embargo, el contraste entre los golpes furiosos y sin control de Maggie con los golpes acompasados ​​y controlados de Frankie, componiendo la diferencia entre alumno y maestro. En este momento empieza a sonar la música extradiegética. Esta música marca el inicio de una ruptura espacial y temporal, el último plano es de Maggie mirando como Frankie mueve los pies con un plano detalle de estos, y mediante un encadenado se pasará a un plano de los pies de Maggie imitándolo en su casa. Cabe destacar que a partir de ahora se utilizan mucho los planos de pies para pasar de una situación a otra y como elipsis temporales durante el entrenamiento de Maggie, además de que los planos son más abiertos, generalmente mucho más luminosos, de día y con colores más vivos, como contraposición con los fuertes contrastes luz-sombra utilizados hasta el momento: el mundo de los personajes se empieza a abrir.

En conclusión, el mundo del boxeo, a pesar de ocupar las tres cuartas partes del metraje, es para Eastwood una excusa, un medio para explicar magistralmente una historia sobre la naturaleza humana, y durante todo el film se irá valiendo de los recursos pugilísticos para hacer avanzar la narración y la evolución de los personajes. Y también es magistral la forma en que juega con el público como si se tratara de un combate de boxeo: con un giro argumental brutal hacia el final que sorprende al espectador, como si con una finta clavara un devastador directo a la mandíbula del público que lo deja aturdido y dolorido en el ring, cambiando todo el ritmo de la película y dejando al descubierto de que trata realmente la historia. Pero nadie podrá acusar a Eastwood de ser un manipulador descarado, pues lo lleva advirtiendo durante toda la película: la lección principal que quiere enseñar a Maggie sobre el boxeo (y también sobre la vida) es que lo más importante es protegerse en todo momento, y cuando ésta y el espectador, bajan la guardia, llega el golpe fatal. Si esto no es una lección de cómo llegar al espectador, nada lo será.

Real como la vida misma o, permitiéndome citar aquí a otro famoso púgil del cine, Ni tú ni nadie golpeará tan fuerte como la vida.” (Rocky Balboa” (2006).