En 2014 sonó mucho el nombre de Wes Anderson gracias al Oscar al Mejor guion original por El Gran Hotel Budapest, algo que los que ya lo conocían lo recibieron con una gran sonrisa y los que lo descubrieron por primera vez yendo a verle al cine el año pasado pensaron en sus cabezas: “Ah, la peli rara. Sí, estuvo bien”. Personalmente, creo que todo el mundo debería disfrutar alguna vez con las películas de este director. Está claro que lo digo porque a mí me suelen sorprender, pero no me considero una seguidora fiel de Wes Anderson, tampoco he visto todo su trabajo, y ni si quiera me ha fascinado la totalidad de lo que he llegado a ver. Simplemente estoy aquí con Fantástico Sr. Fox porque, cuando la vi por primera vez, pensé: “Sí que es fantástico”. Y la escena que me dejó sin palabras es la que aquí podéis ver.

Wes Anderson es de esos directores (yo diría que hasta del nivelde Tim Burton) de los que puedes encontrar una tabla en la que se señala cuáles de sus actores fetiches aparecen en cada una de sus películas. Pero a la altura de 2009, con cinco largos a su espalda estrenados en cine y dos más por delante hasta la fecha de hoy, Wes Anderson tenía una marca de autor muy definida pero poco conocida, por lo que Fantástico Mr. Fox se vendió más que por su firma por la misma técnica que cualquier película de animación: por sus voces dobladoras, que contaban con George Clooney y Meryl Streep. Sin embargo, eso ya te está diciendo dos cosas: uno, que no son actores de comedia al uso y, dos, que tampoco es una película infantil;y esta escena lo demuestra bien (no lo digo solo por la cantidad de fans que se tatúan la silueta del lobo). Creo que hace falta insistir en esto, porque sigo viendo injusto que sus nominaciones solo pudieran llevar la coletilla “…de animación”, como si de una película dirigida al público infantil se tratase (solo Toy Story 3 consiguió competir en la otra liga). Aunque creo que quizá solo con la simpleza de la mente de un niño se puede recoger lo que transmite esta escena.

El Sr. Fox, su hijo Ash, su sobrino Kristofferson y Kylieacaban de escapar victoriosos con su moto sidecar cuando, en medio de la carretera, Kylie ve a un lobo. El Sr. Fox para, preguntándose de dónde ha salido ese canis lupus que está en una montaña nevada a lo lejos, e intentando mantener una conversación con él. Sin respuestas, El Sr. Fox alza el puño derecho y el lobo le devuelve el saludo. “Qué animal tan hermoso. Deseadle suerte”, dice el Sr. Fox. Y esas resultan ser las palabras necesarias para terminar esta escena. Un fragmento que, sin tener una relevancia imprescindible en la historia, y del que se podría prescindir para la continuidad de la acción, resulta ser un pequeño respiro… Literalmente, una parada en medio de la carretera, por la simple admiración que al Sr. Fox le gusta transmitir sobre los animales y las cosas.

Por supuesto que fuera de contexto, si no has visto la película, carece de sentido. Te animo a que intentes ponérselo. Yo, todavía, no lo he conseguido. Por eso aún hoy sigo sin palabras, no sé de qué tacos trata. Solo sé que se ha ganado un espacio en mi memoria por ser la escena de cine que me ha producido una curiosidad tan intensa en apenas un minuto de duración.