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Violet, película dentro de la sección oficial del Atlántida Film Fest, es el primer largometraje del director y guionista belga Bas Devos, que con tan solo tres cortometrajes a sus espaldas deja patente su buen hacer detrás de las cámaras, posicionándose como una de las nuevas promesas del cine de autor. Ganadora del Gran premio del jurado (Generation 14plus) en el festival de cine de Berlín, la película nos muestra como Jesse, un adolescente de 15 años aficionado a las bicicletas BMX, debe hacer frente a la muerte de su mejor amigo, de la cual fue el único testigo. Al igual que sucedía en Paranoid Park, la muerte (y la forma de afrontarla) es el eje principal del film. Si bien en la película de Gus Van Sant, con la que Violet tiene muchos puntos en común, el personaje principal debía lidiar con el sentimiento de culpa y el cargo de conciencia por haber matado accidentalmente a un guardia de seguridad, en el film belga Jesse tratará de aceptar y superar el trauma causado por la pérdida de su amigo.

Nos encontramos ante una cinta técnicamente perfecta. Bas Devos realiza un fantástico y muy cuidado ejercicio de dirección, apostando exclusivamente por el uso de planos fijos y de planos secuencia que resultan una experiencia visual única para el espectador.

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Con los planos fijos el realizador pretende mostrar la introversión por la que atraviesa el personaje principal, dotando a la película de una hermeticidad agobiante y desoladora. Encuadres de espacios vacíos y fríos, en los que pasado un tiempo aparecen personajes para darles uso y vida, consiguiendo de esta forma que el espectador comprenda y experimente como se siente Jesse tras la pérdida, cuya vida parece hueca y en la que solo de vez en cuando permite a algún familiar (fantástica la escena en la que ve la televisión con su madre) o amigo entrar y llenar el espacio que ahora ocupa el dolor.

La narración del relato es casi inexistente. Los personajes apenas hablan y en muchos momentos las conversaciones no se fundamentan en palabras, sino en gestos y miradas. No es un guión de palabras, es un guión de sentimientos. Si bien Violet para un servidor supone un debut magistral y muy cuidado, no podemos negar que es una película poco accesible para muchos espectadores, sobre todo para aquellos poco familiarizados con este tipo de cine, que renegarán de su ritmo pausado, pero totalmente acertado y necesario para poder introducirnos en ese mundo de tristeza, soledad y dolor.

Uno de los puntos fuertes de la cinta es su exquisita fotografía a cargo del también belga Nicolas Karakatsanis, responsable, entre otras, de la fotografía de películas como La entrega (Michaël R. Roskam) y Cub (film de terror que pudimos disfrutar en la pasada edición del Festival de cine fantástico de Sitges), todo un disfrute para la vista.

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Es imposible hablar de Violet sin destacar una de las secuencias clave del film en la que Jesse asiste a un concierto de la banda black metal Deafheaven (cuya canción da título a la película). Magistralmente rodada, se muestra al joven en medio de una multitud de adolescentes saltando y disfrutando de la música. Entre destellos de luz, y con un encuadre fijo, la nitidez de la imagen mejora hasta mostrarnos el rostro del joven, totalmente abstraído e inexpresivo, ajeno a la realidad que le rodea. Y es que como bien dice la conocida canción, algo se muere en el alma cuando un amigo se va.

Violet es una de las propuestas más interesantes en competición del festival online, que si consigue calar a los miembros del jurado de la misma forma que lo ha logrado conmigo, sin duda tendrá muchas papeletas para poder alzarse como una de las ganadoras.

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