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La fiebre de las comparaciones ha llegado y lleva tiempo aquí. Vivimos en la época en la que el cine no es algo genuino, sino “el nuevo Matrix”, “El nuevo 2001: Una odisea del espacio” o, en este caso, “el nuevo Oldboy”.

Hablamos por supuesto de World of Kanako, la última muestra de la retorcida (y un poco enferma) mente de los japoneses. Este brutal drama sobre un padre que busca a su hija en el submundo juvenil de Japón prometía intriga y brutalidad pero lamentablemente solo cumple la segunda de ambas promesas. La comparación con Oldboy solo se sostiene si pensamos en el Oldboy de Spike Lee, esa especie de película paródica de la original (e insuperable) de Park Chan-wook. Cualquier otra similitud es sorprendente, incluso dejando al margen las opiniones que cada uno tenga sobre la película.

Oldboy es una película sobre la venganza en su forma más pura; la venganza como fin último y como única razón para vivir (y sobrevivir). World of Kanako está muy lejos de eso. Es la odisea de un padre, un personaje totalmente ridículo (por exagerado), por entender por qué su hija ha desaparecido, por qué conocía tan poco de ella y por qué hizo lo que hizo. Pero en esta odisea, o si se prefiere aventura, por las tribus y bandas adolescentes de Japón no existe una intención mayor que la de mostrar una salvajada tras otra, aderezadas con una dirección muy personal: montajes musicales y movimientos bruscos de cámara. Quizá toda esta parafernalia tan atractiva para algunos ojos sea solo un intento de ocultar el endeble esqueleto sobre el que se sustenta.

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Quizá la lectura más interesante que le saco a World of Kanako es la que hace de la propia juventud japonesa. Se la describe como lo que parece desde el exterior: una juventud totalmente absorbida por la propia cultura del manga y el anime, por la artificialidad y la apariencia y que, en este caso extremo (que dudo que se corresponda con la realidad) crea una subcultura totalmente violenta y deshumanizada. Pero por muy interesante que sea este análisis, World of Kanako deja la sensación de ser más un producto para éstos jóvenes que una crítica o estudio de dicho segmento de la sociedad. O quizá pueda ser ambas cosas, pero, en cualquiera de los dos casos, el resultado es totalmente irregular.

No me gustaría terminar sin unirme de forma totalmente interesada a esta fiebre de las comparaciones para decir que World of Kanako me recuerda mucho más a una cinta de Korine que a una de Park Chan-wook. Si quieren encontrar un símil, los parecidos con Spring Breakers son mucho más numerosos que los parecidos que guarda con Oldboy. Hasta las reflexiones que esconde se parecen en ambos casos.

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