En el tercer día del Festival de Cine Alemán sólo pudimos ver la comedia social Un regalo de los dioses, segunda película del director Oliver Haffner. El día nos supo a poco pero Haffner supo cómo amenizarlo.

Un regalo de los dioses Full Monty a la alemana

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La cinta de Haffner nos cuenta la historia de Anna, una actriz que ha perdido su trabajo en el teatro municipal de la pequeña ciudad de Ulm. Desmoralizada, acude a la oficina de empleo y una entusiasta burócrata le ofrece la posibilidad de dar clases de artes escénicas a un grupo de parados de larga duración.

En su nueva película Haffner nos muestra la parte menos bonita de Alemania, la que está resquebrajada por la desesperanza que la precariedad económica ha traído consigo. Una situación que, desgraciadamente, está muy extendida por un continente europeo donde, paradójicamente, el país germano se ve como cuna salvadora de muchos parados, pero donde el problema también es real y acuciante. Un regalo de los dioses es, pues, el espejo de un país y un continente arrollado por la crisis. Lo mejor es que Haffner nos muestra esta realidad tan desoladora en clave de comedia, inspirándose en la Full Monty de Peter Cattaneo con la que tanto disfrutamos antaño, y eso es lo que hace que Un regalo de los dioses sea precisamente eso, un regalo. Porque dramas sociales hay muchos, y aunque no dudamos de su efectividad, se agradece que de vez en cuando se apueste por la comedia y el optimismo para hablarnos de un tema así.

Un regalo de los dioses no sólo se erige como denuncia política sino que plantea una metáfora social realmente interesante. Ésta se ve reflejada a la perfección cuando uno de los protagonistas le pregunta a Anna por qué tienen que interpretar papeles en los que se ven reflejados si en la vida real tienen que fingir ser quienes no son para conseguir algo. Así, se agradece que Haffner, también guionista de la película, no se quede en lo fácil y ahonde en las posibilidades de la narrativa cinematográfica.

Además, esta comedia colectiva tiene la suerte de contar con un plantel de actores que interpreta de maravilla a cada uno de sus personajes. Personajes, por otra parte, que conforman un abanico de identificación amplísimo: la estudiante en prácticas en la que nadie confía, el anciano al que ya nadie contrata, el joven sin estudios, el inmigrante soñador… Sería un error decir que se cae en el estereotipo porque en Un regalo de los dioses lo único que encontramos es verdad. Y sólo hay algo mejor que eso: una verdad contada con humor.

Un regalo de los dioses es una cinta sobre la amistad y la ilusión tocada por el optimismo y que, sin ser una maravilla, sabe cómo clavar una sonrisa en el rostro del