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Lorenz Merz parece resuelto a recoger el testigo del nuevo cinema verité, impulsado por Los hermanos Dardenne allá por el año 1999 con su filme Rosetta. El cineasta suizo presenta Cherry Pie, rodada en 2013 pero que llega con dos años de retraso a las salas de nuestro país, que narra la historia de Zoé, una joven atormentada que huye cojeando de un pasado que se nos presenta indefinido. En su huida hacia el norte se esconde en el maletero del coche de una desconocida para despertar posteriormente en un ferry que la traslada a Inglaterra. Allí y con una nueva identidad, afrontará las consecuencias de su huida y de lo que parece ser un nuevo horizonte para ella. De tímida acogida por parte de la prensa, la cinta se hizo con el galardón Luna de Valencia al mejor film en el último certamen del Festival Internacional de Cine de Valencia.

Cherry Pie es la clásica cinta en la que no pasa nada y pasa de todo. Rodada en primera persona y con pulso trémulo, Merz persigue a una soberbia Lolita Chammah a golpe de cámara y bofetadas a mano abierta. Un pulso que rara vez parece aflojarse, una lucha terrible entre director y actriz que desemboca en la decadencia fatalista de un personaje errático y caótico. Un anti-héroe condenado a sufrir a lo largo de un viaje del Ulises a ninguna parte, en una atmósfera hostil y vacua que nos transmite de algún modo, ese vacío interno de la protagonista. Chacha borda una interpretación quijotesca (el momento con el niño que cree estar violando a una chica que luego resulta ser su hermana da buena fe de ello)  sin fisuras, que la lleva a abordar diferentes estadios en donde su personaje explora el sentido de la vida a través del alcohol, el sexo o la violencia. Del pasado de Zoé nada sabemos, tampoco importa porque nuestro viaje empieza con ella. Con sus tortuosos pasos a través de una atmósfera perlada y gris. No hay apenas contraste cromático en una estética que evoca en cierto modo a la cinta de Pen-Ek Ratanaruang Invisible Waves, en el que su protagonista Kyoji huye de los sicarios que quieren matarle y termina también en un ferry, en donde priman los colores pastel y los verdes apagados. Tanto Kyoji como Zoé son dos personajes poliédricos sin una cara clara que puedan ofrecer a la cámara. Sin anclaje fijo, pese a que Zoé escriba sobre el polvo “Zoé estuvo aquí”, no hay posibilidad alguna de existir en ninguna parte. Ni para Kyoji tampoco. Cherry Pie es comer tarta con una alcohólica embaraza en una playa, beber como si tuvieras un hijo en la cárcel, masturbarse en el baño o regatearle 40 céntimos a un barman por una lata de coca-cola.

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Merz aborda la soledad del ser humano desde un punto de visto opresivo y a veces, desesperante, a través de una realización que ahoga y nos empuja a sufrir con Zoé su particular Odisea a pata coja. No importa que Zoé se nos antoje estúpida o deslenguada, como ya sucedía en Rosetta de los Dardenne, sus demonios internos  y su afán por deshacerse de ellos es mayor que todo lo demás. Porque en el fondo todos hemos huido en algún momento de algo o de alguien que nos hacía daño, aunque la huida en sí haya sido peor que el problema, seguimos caminando con la esperanza de que mañana será mejor. Y eso es Cherry Pie, tomarse una tarta mirando al mar y chapurreando inglés. El espectador lo sabe y Zoé también. La cinta, que empieza dibujándose como un crudo retrato en la cara de Chammah, se revuelve y reinventa para madurar en un poema visual de extrañas dimensiones. Empleando el uso del sonido como herramienta clave, Merz ayuda al espectador a inmiscuirse en la psique de Zoé como en un acuario plagado de amenazas, peces de monótonos colores y esa sensación de mute constante. El resultado, no podría ser más bello.

No creo que haya una manera lógica de terminar una película como Cherry Pie, ni tampoco para analizarla. Su dimensión y profundidad es inversamente proporcional a la implicación que el espectador busque dedicarle, tanto hacia el filme como hacia su director. Éste, por su parte, se encarga de tejer un tapiz de poliédricos colores sobre el que reflexionar de algo que en realidad, no tiene explicación ninguna. Algo de lo que ya intentó hablar el escritor Milán Kundera en el año 1987, lo llamaba, la insoportable levedad del ser. Durante los 85 minutos que dura la cinta, navegamos por un apabullante bucle de emociones de la mano de Zoé, para ser testigos de la decadencia y resurgir, por qué no, de un alma atormentada y sedienta de amor. No hay espacio para él en el universo que construye Merz para Zoé. Su viaje es y será siempre, hacia ninguna parte.

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Ficha técnica:

Título original: Cherry Pie Director: Lorenz Merz Guión: Lorenz Merz Música: Marcel Vaid Fotografía: Lorenz Merz Reparto: Lolita Chammah Distribuidora: Good Films Fecha de estreno: 12/06/2015