Chappie

La Muestra de Syfy volvió a abrir sus puertas en Madrid por decimosegunda ocasión. Para alguien que jamás haya asistido, es difícil explicar cuál es el ambiente que allí existe, durante estos años, el público, siempre fiel se ha reunido formando una camaradería con chistes propios que abogan por el sinsentido y el jolgorio que la caracteriza. Las instrucciones son las mismas, y van siempre al lado de películas que ya se han visto allí, como la rima propia de Canino, o la profunda ovación cada vez que una película osa a mostrar la luna gracias a Boneboys. Si van por primera vez no se preocupen, porque otra de las tradiciones está en su maestra de ceremonias: Leticia Dolera. Lo bueno de Dolera es que entiende a la perfección el sitio en el que está, ella es una más de ese público enfervorecido que convierte los Cines Callao en una suerte de fiesta friki, y su función es poco más que invitar a que la fiesta siga viviéndose al máximo, y vaya si lo consigo. Este año la Muestra abrió con Chappie, la última película de Neill Blomkamp que demostró ser un acierto total para el prisma en el que se exhibía. Tras el terrible error de Elysium su director aprendió la lección, y se dio cuenta de que lo peor que puedes hacer no es una mala película, sino hacer una película mala creyendo que es buena. Porque Chappie es una idiotez de tomo y lomo, algo así como una especie de Cortocircuito rapero-chatarrero, pero Blomkamp consciente de lo insostenible que es el guión que tiene entre manos, decide no tomárselo en serio y, aunque Chappie diste mucho de ser una buena película, es a todas luces un grandísimo divertimento.

Pero lo del jueves no es más que un precalentamiento, un incentivo comercial entre la amalgama de joyas desconocidas y bizarradas varias que la Muestra suele tener preparada, y el viernes fue a todas luces un día realmente divertido que fue aumentando el nivel (de calidad y de risas) de las películas según iba avanzando la tarde. Porque no empezó muy allá con la neozelandesa Housebound una película de casas encantadas con un enfoque más bien cómico e innumerables giros en la trama. El problema de Housebound se encuentra en lo errático de su humor, no es tanto que los chistes no sean graciosos, hay algunos que me resultan descacharrante, sino el desastroso control del timing. Imagino que me encuentro bastante solo en esta posición viendo las carcajadas de la gente durante la sesión, las cuáles entiendo pero no puedo compartir.

Tokyo Tribe

Tras Housebound llegó el momento estupefacción que toda Muestra que se precie debe tener, este le puso Sion Sono, un tipo del que aún no había visto nada, pero al que consideraba bastante más serio. No sé muy bien qué es lo que es Tokyo Tribe, un musical rapero sobre las guerras de bandas de Tokyo. Lo que sí sé bien es que es la película es un completo sinsentido que sin embargo gozo como loco. Esta locura sexual, violenta y extravagante es completamente imposible de seguir, pero poco importa, porque todo lo que ocurre en ella te engancha con su estética pop, su colorido uso de la violencia, y sus referencias sexuales tan deliberadamente misóginas como la evidencia de su propio mensaje: las guerras se producen por el tamaño de las pollas.

Burying the ex

El júbilo llega de verdad en la sesión de las ocho gracias a Joe Dante, estamos hablando del señor que dirigió Piraña, Pequeños guerreros, Gremlins o No matarás al vecino, es imposible no esperar con ganas un nuevo trabajo suyo. O quizá sí, pero bueno, esos son unos aburridos. Burying the ex, una película de tono puramente noventero, cuenta la historia de un tipo que por culpa de un deseo no puede deshacerse de su novia… ni siquiera después de muerta ya que vuelve convertida en zombi para hacer que su nueva relación sea completamente imposible. Burying the ex, es sencillamente una comedia tan fresca y divertida como la mayoría de las que componen la filmografía de Dante, una película que no innova, que no arriesga, pero siendo justos, tampoco lo necesita, porque sabe el material que tiene en la mano y lo usa con acierto, más allá de sus innumerables referencias cinéfilas, que como ocurre siempre en el cine de Dante, están en el sitio adecuado. Poco más, tampoco se necesita más, el éxito es rotundo, y acabo la sesión tan entusiasmado, como este señor me ha hecho sentir siempre gracias a sus películas, y esto lo firma un tipo que disfrutó tanto de Pequeños guerreros, que acabó teniendo entre manos los muñecos luchadores del Mayor Chip Hazard y Archer.

La sesión de las diez se ha venido cuidando con mimo durante los últimos años, buena prueba de ello es que el año pasado a estas horas pudimos ver dos películas tan fantásticas como Snowpiercer y Coherence. Y parece que no lo han descuidado tampoco este año con la proyección de Lo que hacemos en las sombras, una película que viene precedido por el corto nominado al Goya Safari, una película sobre un crimen en un colegio, que cuenta lo mismo que han contado muchas otras películas, pero lo hace sin alma ni identidad propia, como si solo supiera saber decir que lo que cuenta es algo que ha visto en muchas otras películas.

Lo que hacemos en las sombras

Volvamos a la película de las diez (un término que, por desgracia, cada vez está en desuso), que al igual que la que abría la tarde también era neozelandesa, pero eso sí, radicalmente distinta. Sus directores son Taika Waititi y Jemaine Clement dos tipos que dirigieron para HBO la serie Flight of the Conchords, si bien no la he visto, no puedo evitar acordarme de otro creador de comedia viendo la película: Greg Daniels, y es que su estilo y su sentido del humor me recuerdan irremediablemente a series como The Office o Parks and recreation. Y es que Lo que hacemos en las sombras es casi el capítulo piloto de una sitcom, la presentación de una historia que podría continuar durante varias temporadas, e incluso su humor y su emplazamiento es completamente televisivo. La película nos cuenta la historia de un grupo de vampiros que acceden a grabar como viven durante varios meses mientras se preparan para la fiesta de la cosecha. Un ataúd, un despertador y un vampiro mirando a través de la cortina con sumo cuidado para ver si sigue siendo de noche en su primera escena, son una total declaraciones de intenciones. Su humor, completamente absurdo, está medido a la perfección. La película es delirante, y sí, estupenda. Con ella cerramos el primer día de Syfy, un día que empezó flojo, pero acabó estupendamente, hoy habrá más, y esperamos que mejor, de lo que estamos seguros es de que la fiesta continuará a lo grande.