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Para cualquier amante del cine resultará realmente curioso que un blockbuster de pura cepa como éste se haya alzado con un premio del público en el festival de cine de Toronto y que consiguiese arrancar aplausos cada pocos minutos en su pase por la última edición de Sitges. Créanme, hay un porqué.

La premisa de dicho por qué es sencilla: te llamas Henry. Has muerto, resucitas sin recordar nada y descubres que ya no eres un ser humano corriente, eres un cyborg. Y así es como comienza uno de los mayores espectáculos que se recordarán durante años en un género tan falto de convicción como es el de acción. Quizá el principal problema del mismo es que radicaliza en dos polos totalmente opuestos las películas que engloba. En el primero, aquellas que presentan una trama decente, pero que buscan algo más que entretener, intentando llegar a emocionar al espectador, produciendo un serio conflicto en el mismo. Y el segundo, por desgracia más escaso, aquellas que tienen como meta el puro y auténtico entretenimiento. Esa serie de películas que únicamente desea que disfrutes durante el visionado, liberes cantidades industriales de adrenalina y las compenses con una buena cerveza tras salir de la sala. Hardcore Henry es la quintaesencia de este grupo.

Rodada de en primera persona, con la correspondiente dificultad que ello conlleva, la aventura de nuestro protagonista nos mueve por el Moscú contemporáneo, arrasando con todo lo que encuentre a su paso teniendo como única meta buscar respuesta y vengarse de los enemigos que tanto daño le han producido. La factura técnica es sublime, pues es imprescindible reconocer el ingenio de sus creadores en cuanto a la diversidad de los escenarios por los que transita este ser sediento de venganza. La puesta en escena es absolutamente perfecta, recreando lo que podría parecer el más excesivo de los videojuegos trasladado a la gran pantalla para hacer las delicias de quienes deseen disfrutar un viaje absolutamente destructivo, vandálico, pleno de humor negro y con algún toque gore que el da el broche de oro. Es una película en la que el “todo vale” funciona como un reloj suizo, buscando simplemente reírse de sí misma y encontrando en ello una de sus principales virtudes. Y esto, por suerte o por desgracia, es algo que cumplen pocas cintas del género actual.

Otra de las grandes virtudes de la película es la sencillez del guion, pues posee tal simpleza que el resultado es una continua diversión. Una bacanal de destrucción continua y desternillante, que complacerá a cualquier amante de sagas como Grand Theft Auto, Call of Duty o las filmografías de directores como Michael Bay o John McTiernan. Si cogiésemos a estos últimos y les pidiésemos que desatasen la mayor de sus artes vandálicas, puede que aún se quedasen lejos de llegar a la historia de Henry.

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Hará las delicias de quien busque el más puro, simple, absoluto y desproporcional entretenimiento. De quien vaya a la sala de cine dejando la mente en las taquillas para recogerla a la salida. Quien busque una coherencia o un mínimo de cordura, que elija otra cinta del cartel. Y no es algo incompatible, pues es sencillamente maravilloso poder disfrutar de películas como esta de la misma forma que de cualquier otro tipo de cine más intelectual. Pero, quien consiga dejarse llevar por Henry, disfrutará igual o más que él durante sus 96 minutos. Quien no sea capaz de poder hacerlo debido a la falta de racionalidad en el desarrollo de la cinta, se pierde una diversión única.

3.5_estrellas

Título original: Hardcore Henry Director: Ilya Naishuller Guión: Ilya Naishuller, Will Stewart Música: Darya Charusha Fotografía: Pasha Kapinos, Vsevolod Kaptur, Fedor Lyass Reparto: Sharlto Copley, Danila Kozlovsky, Haley Bennett, Andrei Dementiev, Darya Charusha, Svetlana Ustinova, Oleg Poddubnyy, Cyrus Arnold, Ilya Naishuller Distribuidora: Diamond Films Fecha de estreno:  21/10/2016