Una de las películas más esperadas del año se ha convertido también en una de las más polémicas. Tras unos meses de angustiosa espera, tanto para los amantes del cine como para los del libro (o del musical), Los Miserables llegó a las salas de todo el mundo el pasado 25 de diciembre. Lo que pocos podían imaginar era que la nueva cinta de Tom Hooper iba a traer consigo tantísima controversia, porque Les Misérables es una de esas películas que amas u odias, por eso recomendarla o no sería una gran equivocación, ya que todo depende de las expectativas que se haya creado el espectador (algo similar a lo que ocurrió con El Hobbit: Un viaje inesperado). De lo que no cabe duda (y a los datos me remito) es de que pocos musicales contemporáneos han conseguido atraer la atención de tanto público como lo ha hecho Los Miserables, que sólo en su estreno recaudó más de 18,2 millones de dólares (convirtiéndose en la película musical con mayor recaudación de la historia en su primer día de estreno comercial). Se presenta en los Oscar con nada menos que 8 nominaciones, porque aunque la crítica no haya sido unánime en su valoración, esta adaptación cinematográfica de la obra de Victor Hugo tiene momentos y elementos de incuestionable calidad que merecen ser reconocidos y elogiados. En la antesala de los Oscar, los Globos de Oro 2013, consiguió tres de los cuatro galardones a los que aspiraba, entre ellos el de Mejor película de comedia o musical, Mejor actor (Hugh Jackman) y Actriz secundaria (Anne Hathaway), aunque parece que la cinta de Hooper ha perdido algo de fuerza de cara a los principales premios de la cinematografía con el paso de las semanas.

Grandes adaptaciones cinematográficas del libro de Hugo no se han hecho, por eso cuando se conoció que Tom Hooper, el ganador del (discutido) Oscar al Mejor director en 2010 por El discurso del Rey, iba a hacerse cargo de un nuevo proyecto que adaptaría el musical (basado a su vez en el libro) a la gran pantalla, y con un elenco de actores de ensueño, el interés por la cinta fue inmediato (y abrumador). Es muy probable que Hooper no sea uno de los mejores directores del momento, pero lo que es evidente es que tiene un estilo muy marcado (primeros planos, encuadres indirectos a los personajes…) que de momento le ha llevado por el buen camino, y en Los Miserables explota todas esas peculiaridades, algunas incluso en exceso (apenas hay planos abiertos en los 152 minutos que dura el largometraje). Quizá con esta cinta Hooper no alcance el éxito que obtuvo con su anterior trabajo, pero es indudable que Les Misérables logrará una repercusión internacional a largo plazo única.

La película narra la historia de Jean Valjean (Hugh Jackman) y su particular camino de redención, desde sus días como prisionero en una cárcel hasta convertirse, con otra identidad, en alcalde de una ciudad francesa. Vlajean se hará cargo de la hija ilegítima de una mujer, Fantine (Anne Hathaway) que es apresada después de ser obligada a prostituirse para poder ganar dinero con el que mantener a su criatura. Los años pasarán y esa niña se convertirá en la bella Cosette (Amanda Seyfried), al tiempo que las suspicacias del inspector Javert (Russell Crowe) crecerán en lo que respecta al pasado de Valjean.

La escena inicial de Los Miserables anuncia, con gran habilidad y espectacularidad, que nos encontramos ante una superproducción y, sin duda, la adaptación más imponente que se ha hecho hasta la fecha de la obra literaria de Victor Hugo. Los Miserables cuenta una historia de venganza, miseria, sueños rotos, salvación, estoicismo, muerte y, sobre todo, amor… Amor en todas sus acepciones. La cinta de Hooper comienza de una forma soberbia, con secuencias emocionantes y profundamente sentidas, como la magnífica interpretación de Jackman de Valjean’s Soliloquy, que actúa de preludio de una actuación memorable, y otros momentos que pasarán a la historia por su excepcional dramatismo, como la aparición de Hathaway en pantalla y su posterior lucimiento cantando I Dreamed A Dream, sin duda alguna lo mejor de la película (uno de los Oscars más claros del año). El problema es que Les Misérables no mantiene el ritmo, nos reímos con las escenas de Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen (las únicas que pueden presumir de tener una coreografía decente) y disfrutamos con la única canción escrita e interpretada especialmente para el largometraje, Suddenly, pero pasado eso, hacia la mitad, el desarrollo de la historia se vuelve tedioso, especialmente cuando se centra en la historia del amor, la cual además no consigue llegar al espectador como debería. Afortunadamente la cinta se recupera en el fragmento dedicado a la revolución, es entonces cuando todo se vive con más intensidad, cuando cada pequeña batalla se recrea con tal entusiasmo y precisión que el espectador queda impresionado y satisfecho de inmediato.

Si hay algo de Los Miserables que pocas críticas negativas puede recibir son las interpretaciones. Los principales ataques en este sentido han ido dirigidos a Russell Crowe, pero siendo éste el único actor con menos experiencia en este tipo de producciones su interpretación de Javert es una de las mayores y más agradables sorpresas que me he encontrado en este largometraje; una voz peculiar pero que casa a la perfección en un personaje oscuro y malévolo pero que guarda cierta bondad en su interior (impecable su última escena). Los primeros planos que tanto utiliza Hooper y que tantos detractores le han causado permiten a los actores exhibirse, bien es cierto que en determinados momentos la escasez de imágenes en movimiento puede ocasionar cierto molestar en el público, el cual sin duda agradecería algún plano abierto, pero estos defectos se suplen con una magnífica ambientación y una carga emocional que no alabar sería un disparate.

El tramo final de la película es el que ha hecho que Jackman gane el Globo de Oro y aspire al Oscar. Pero no sólo eso, porque la escena final es de esas que cuesta olvidar, que quedan grabadas en la memoria y que probablemente jamás se marche de ahí.

Puede que Los Miserables no te haga llorar, porque la verdad es que no es la película más emotiva que se ha estrenado en el último año, pero sin duda te hará sentir. Es evidente que no estamos ante la mejor película del año, tiene fallos que desde el punto de vista cinematográfico la hacen muy criticable, y tampoco es el mejor musical que se ha hecho nunca, pero Los Miserables tiene algo que la convierte en especial y que, al menos a una servidora, ha sabido cómo conquistar.

Lo mejor: Las interpretaciones de Jackman y Hathaway, el primer tramo de película y la banda sonora.

Lo peor: La dirección de Hooper deja mucho que desear. Además, puede resultar lenta y pesada en varios momentos.

Nota: 8,5/10