A partir del día 6 de Marzo, comienza la nueva propuesta de A Contracorriente Films para cines de toda España. A modo de gira, presentan un ciclo de cuatro de sus películas que llevaron a la pasada edición del festival de Sitges. Ángel Sala habla de esta idea como una oportunidad de acercar películas que no se han podido ver en salas de nuestro país a pesar de que algunas ya están disponibles en formato doméstico. La selección de películas resulta verdaderamente acertada a simple vista, pues recoge títulos de géneros bien diferenciados que, además, tienen calidad individual.

Una de las cosas que más me preocupaba era que resultara tediosa o aburrida una sesión cuádruple de estas características. También reconozco que nunca he estado en ningún festival serio y, seguramente, esto sea un pedazo de pan en comparación con el ajetreo de estos. Pero el caso es que no me aburrí en absoluto y el cambio de géneros que mencionaba antes es la clave de ello. El precio, 12 euros, está perfectamente ajustado y merece la pena el coste de 3 euros por película para pasar una tarde de cine. Esto quizá sea una opinión más personal pero creo que, si vas con colegas y con ganas de divertirte, todas las películas ganan un plus. Ahora, un breve comentario de cada una:

Oculus – Reparo

Oculus

Debo reconocer de antemano que el cine de terror hollywoodiense actual no es santo de mi devoción y, además, es un género que controlo poco. Sin embargo, he visto los principales reclamos publicitarios como la simplona Insidious, su infumable segunda parte, la sobrevalorada Expediente Warren y las plomizas Paranormal Activity… Y precisamente por haberlas visto y estar ya cansado de las subidas de volumen y los sustos baratos no esperaba nada de Oculus. Pero me sorprendió para bien. Una historia relativamente original, bastante bien interpretada (Karen Gillan molando mucho), con un terror que va más allá del screamer de Youtube y, por encima de todo lo demás, un ingenioso y brillante uso formal de las transiciones. La película utiliza los cambios entre escena para guiar la locura y la confusión que provoca el espejo maligno y, mediante esta técnica, hace partícipe al público de la dualidad realidad/sueño y pasado/presente que sufren los protagonistas. Chapeau por esto.

Zombeavers – Serie C, de Castor

Zombeavers

Es genial que esta locura se programe justo después de Oculus. Con los primeros cinco minutos de Zombeavers nos olvidamos completamente de toda la seriedad impostada y el cacao psicológico para dar paso a la barrabasada teen, el gore barato y un cachondeo casposo que hará las delicias de los fans del género. En la línea de Ovejas Asesinas, asistimos a la transformación, con orgullo injustificada, de una especie animal en máquinas de matar. El escenario rural apartado de la población y la selección de especímenes estereotipados no disimulan que esta es la misma historia de siempre. Pero las ganas de que mueran esos americanitos mitad modernos mitad nosequé Shore te posicionan rápidamente en el equipo de los muppets castores zombies asesinos. La lógica interna de la película conduce a una escalada de locura sin complejos que convierte a la cinta entera en un enorme gag. Y si, tranquilos, hay tetas.

Sin ley  – Tom Hardy Inmortal

Sin ley

Esta película lo tenía todo para convertirse en un estreno más que decente. Una galería de estrellas muy llamativa, una trama de gangsters de los años 20 que suele atraer al gran público y muchas posibilidades promocionales. Sin embargo, como tantas otras, se quedó en el tintero por motivos de quiebras, retención de derechos y malas prácticas varias. Más allá de eso, Sin ley resulta ser una película sorprendente. Con una historia concisa que va al grano, John Hillcoat tiene claro qué quiere contar y cómo lo quiere hacer. La narración es atractiva, la ambientación está muy lograda y la sordidez americana de los “paletos”, los gangsters y los “de Chicago” en plena ley seca traspasa a la perfección. Pero, hay que reconocerlo, el ingrediente esencial es el casting. Una galería de secundarios de lujo como Dane DeHaan, Jason Clarke, Mia Wasikowska, Gary Oldman o la venus sobre la faz de la tierra Jessica Chastain, refuerzan a los protagonistas de forma ejemplar. Shia Labeouf todavía es el de 2012, el pre-I’m not famous anymore y, aunque está en su línea de llorón hostiable, se le ve muy cómodo en el papel. Guy Pearce, por su parte, construye un villano demencial que aún no sé si me parece una genialidad o me espanta por su histrionismo. Y, el que se lleva la palma, es Tom Hardy. Con una cara de perro pachón durante toda la película y unos gruñidos al hablar que acojonan hace de su personaje un héroe irreal, un gólem paciente pero despiadado que, para más inri, es prácticamente inmortal. Sin duda, lo mejor de esta selección de películas. Y se permiten meter humor al final, con un par.

The Target – El bebé de plástico canta un montón

The target

Cuando empezó la película, con sus banderitas americanas y eso, empecé a sospechar algo. Cuando vi a Bradley Cooper en un tejado terminé de confirmar que me había equivocado de sala. Me confieso, me dio algo de pereza incorporarme tarde a The Target y no había visto aún El Francotirador así que decidí continuar con mi equivocación hasta el final. Craso error. Aún no he podido disfrutar de The Target pero apostaría los cuartos a que es muy superior a la última película de Clint. Sólo diré una cosa, dejando de lado el patriotismo exacerbado y la moralina barata de la historia: estoy seguro de que el tipo que montó la película también era de plástico, como el bebé. Que falta de ritmo, por dios.