John Madden director de la multipremiada y sobrevalorada Shakespeare in Love y últimamente relegado a productos de segunda se puso a cargo de este remake de la película homónima israelí, un remake bastante fiel pero que consigue impregnar una nueva visión en esta cinta de espionaje con un gran aroma al viejo cine de espías y las novelas de Le Carré.

La cinta cuenta la historia de unos agentes del Mossat que en los sesenta tuvieron que capturar a un antiguo medico nazi, la misión se complicó, y hoy día (un hoy relativo, ya que la película se sitúa a finales de los noventa) verán como esa complicación que en su día surgió vuelve a despertarse para presentarles un fuerte dilema.

La principal diferencia narrativa entre las dos películas está en la forma de contarla, mientras que Bernstein optaba por un montaje paralelo que daba mucha agilidad a la película y conseguía dejar las dos partes perfectamente conectadas en un único todo. Madden opta por contar toda aquella misión del tirón, lo que la dota de un ritmo tremendo y hace de toda esa parte la mejor de la película, pero con ello también hace que su final se alargue y adolezca bastante el último estirón.

Tampoco ayuda que sorprendentemente el que es el mayor reclamo de esta película, dos actores del nivel de Tom Wilkinson y Helen Mirren se encuentren terriblemente excedidos y sobreactuados, como si Madden no les hubiera sabido contener. Por suerte no se puede decir lo mismo de sus jóvenes alter egos, encabezados por una espectacular Jessica Chastain, descubierta por Malick en El Árbol de la Vida, la actriz da un auténtico recital que se ve bien secundado por el resto de sus compañeros.

Es inevitable sentir la sensación de que estamos viendo dos películas distintas en todo momento, cuesta demasiado ver la conexión entre ambas partes, y mientras una funciona sensacionalmente bien, la otra se acaba resintiendo por todos lados. Sí, la parte desarrollada durante los años sesenta en Berlín es sensacional, Madden impregna a la película de un ritmo arrollador, no deja espacios muertos, y la inclusión de un villano de altura consiguen redondear una parte que es realmente sensacional, y en la que lo único realmente criticable es la inclusión de un trío amoroso inexistente en la película original.

Toda la secuencia de la extracción del criminal nazi es sensacional, bien llevada y mascándose la tensión en todo momento, haciendo que el espectador siempre sienta la cercanía del peligro para mantenerle aún más en vilo, una escena que además es más larga que la de la película de Assaf Bernstein, y que la beneficia terriblemente al igual que casi todo lo añadido durante toda esa parte.

Pero claro el problema vuelve en el presente, ya hemos citado tanto como se resiente el hecho de volver a él después de descubrir todo el tinglado, como las exageradas actuaciones de sus protagonistas. Pero tampoco ayuda en absoluto el abuso de los flashbacks en búsqueda de un mensaje moral totalmente prescindible que tampoco había en la cinta original, algo que admás se agrava en su escena final, demasiada moralina barata que resulta totalmente prescindible, sobre todo cuando se lanza de una forma tan evidente como la que ocurre aquí.

A la película de Madden hay que agradecerle el hecho de haber descubierto al público esa joyita de un cine bastante desconocido, como también hay que agradecerle que no se límite a copiar y a devorar todo lo que ocurría en la cinta original, sino que sabe darle una visión que se aleja un poco e incluir ideas que influyen tanto para bien como para mal. Aún así el resultado es una película bastante irregular, que se disfruta bastante de ella en su parte central pero luego flaquea y no se ve ayudada para nada por dos protagonistas, que se encuentran más centrados en ellos mismos (¿y quizá la búsqueda de alguna nominación?) que en intentar controlar todo ese desasosiego.

2.5_estrellas