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La vida no tiene guión, carece de estructura. Por supuesto que no, por eso es tan divertida ¿verdad? Las películas pueden acabar en un final feliz pero al salir del cine, al aprobar ese examen o conseguir ese trabajo la cámara nunca deja de rodar. Hay negativo para todo tipo de sucesos, desde descorazonadores hasta maravillosos.

Film-Crit-Hulk-Twitter-account-620xUna de las mejores personas del universo conocido, Film Crit Hulk en su libro Screenwriting 101 explica por qué las historias son importantes: ”La narrativa nos permite llegar a un sentimiento de comprensión acerca de la vida y la función que tenemos en ella. (…) Mostrar causa y efecto de forma abstracta para probar algo auténtico acerca de nuestra experiencia humana

Son, básicamente, un milagro. Tienen la capacidad de encapsular verdades universales, emociones que experimentarás durante toda tu existencia en una hora y media, en una escena o en una simple mirada. Logrando así que formen parte de nosotros.

Dicen que se ha suicidado

Hoy, hace un año que una amiga me envió una captura de una conversación de whatsapp en la que se hablaba de que mi amigo había muerto. Recuerdo levantar la cabeza rápidamente y buscar su mirada de preocupación, que se encontraba con mi incredulidad. Se lo dije a otro amigo común, salimos de clase e intentamos llamarle: teléfono ocupado. No concebía que pudiera ser verdad. Creo que ninguno de nosotros lo hacíamos. La última conexión en whatsapp era de hacía unas horas, decidimos ir inmediatamente a su piso, para saber qué había pasado, si es que realmente había ocurrido algo. Mientras variábamos entre correr, trotar y andar, no hablamos demasiado, miraba el móvil constantemente para no tener que empezar a hablar, no tenía ni la más remota idea de lo que decir, así que mejor callar antes que soltar alguna obviedad o tontería.

Si hay gente trajeada en la puerta del edificio…

De esa frase sí me acuerdo, al llegar a la calle, allí estaban. Pienso que los dos entramos en una fase repetitiva de resoples a medida que cruzamos la carretera y llamábamos al porterillo. Al lado del edificio había algún tipo de departamento de la Junta de Andalucía o de un banco, quizás los hombres trajeados habían salido a desayunar, pensó una mínima y optimista parte de mi cerebro.

Al salir del ascensor, más corbatas. Entro en trance y entramos a su casa, miro por última vez el póster enmarcado de El Gran Dictador y paso a la cocina, su padre está allí. Dejaré que Brenda Chenowith (Six Feet Under) exprese lo que vi: “Sabes lo que encuentro interesante? Si pierdes a tu marido, te llaman viuda. Si eres un niño y pierdes a tus padres, eres un huérfano. Pero, ¿cuál es la palabra para describir un padre que pierde un hijo? Supongo que es demasiado jodidamente horrible como para tener un nombre”. 

Me permito añadir que tampoco existe una palabra para perder a un hermano.

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-¿Por qué las personas tienen que morir?

Six Feet Under es mi serie favorita, en ella vemos la vida de la familia Fischer, encargada de tratar con la muerte todos los días, trabajan en una funeraria. Cada capítulo comienza con la muerte de un nuevo cliente y sin embargo es la pieza audiovisual más vitalista y humanista que he tenido el placer de ver. Cada 55 minutos, una lección que recordar.  De hecho su funeral habría encajado a muchos niveles en alguno de los capítulos.

-Para que la vida sea importante

Nos dio un abrazo de verdad, de los que duelen, nos dijo que le había hablado de nosotros, me dijo que siguiera con el cine. Una sonrisa aparece contra todo pronóstico en mi cara.

Intentamos animarle como pudimos y volvimos a entrar en el ascensor en silencio. Mientras bajábamos abracé a mi amigo, buscando el consuelo y un milisegundo de descanso para el follón que se estaba produciendo en mi cabeza. Iba a ser un día lleno de abrazos que querrías no dar. Y llamadas, muchas llamadas. Como las que había estado evitando de los que no habían venido, buscando una respuesta que prefería dar en persona. Cada vez que pienso en ello me arrepiento, debería haber respondido.

Intenté racionalizarlo desde el minuto uno para lo que nos quedaba, ya no está aquí, fue su decisión, ya no está sufriendo. Aún me siento mal al escribir esa última parte, es una sandez. Con el tiempo otros pensamientos igual de venenosos llegan, “¿Cómo ha podido hacernos esto?” “¿Qué parte de culpa tengo?”. Es inevitable y horroroso, como hacer un cursillo rápido en las fases del duelo con unos toques de egocentrismo. La única certeza a la que llegué es que no llegaríamos a saber por qué, ni me lo preguntaba, ni me lo pregunto, y me enfadaba con quien pretendiera hacerlo. ¿Cómo puedes creer saber lo que está pasando por la cabeza de otra persona?

Cuando llegamos no hicieron falta palabras para anunciarlo. Sólo abrazos a personas que abrazaría todos los días. Me siento TAN afortunado de tener esos amigos. Sin embargo las necesitaría para hacer la ronda de llamadas a nuestro grupo. Repetir la historia, una y otra vez, escuchando silencios, sollozos e incluso risas de incredulidad, pensando que se trataba de una broma.

No me he peleado físicamente en mi vida, soy demasiado tranquilo y pacífico como para estallar con un insulto o un empujón. Sin embargo, creo que la vez que tuve más ganas de pegar un puñetazo a alguien fue en la pequeña misa por mi amigo. Quería callar al cura. Supongo que era de la “Vieja Escuela”: quitarse la vida es un pecado, y demás sandeces, por lo que dio a entender que mi amigo, ese tipo de persona que te hace aspirar a ser mejor ser humano, lo había hecho fatal, y a modo de postdata, que a lo mejor podría haber hecho algo bueno. No sé por qué no me fui para dejar de escucharle, entonces a alguien le sonó el móvil.

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La canción de El Padrino rompió el silencio de la sala y yo y algunos amigos sólo pudimos reírnos. Una de sus películas favoritas era Una historia del Bronx, y le encantaban las películas de mafiosos así que, que una de las melodías más reconocibles de la historia del cine interrumpiera de algún modo a ese cura es algo que me hará sonreír el resto de mi vida. De parte de la clase enviamos una corona que rezaba “Tus compañeros” pero siempre me quedaré con el pequeño papel que tenía grapado: “WTF”. Pero qué coño. Lo decía a menudo en un tono extremadamente agudo y nos partíamos de risa.

Algo que encuentro maravilloso acerca de las historias, es que, aunque quizás no muestren por lo que has sufrido, o no te hablen directamente consigan establecer contigo y otra persona un lazo extremadamente fuerte. Él era Hugh Jackman en The Confrontation de Les Miserables y yo cantaba la parte de Russel Crowe (cuyo canto defenderé por siempre). De vez en cuando, andando por la calle nos pondríamos a berrear la canción como si nos fuera la vida en ello. También nos valía la banda sonora de Cómo Entrenar a tu Dragón. Se trataba de querer algo tanto como para mostrar hasta dónde había resonado con nosotros. O quizás simplemente son magníficas canciones.

Otras veces no importa la historia que se cuente, sino el arrimarse al fuego a escucharla con una persona querida. Aunque te quedes esperando en el baño hasta el comienzo de la segunda para no pagarla y el acercarse al fuego sea mejor que ninguna de las dos películas. No me importa ir al cine solo, estar sentado en una butaca, no importa la película, de por sí me alegra la semana. Por supuesto, es mejor ir bien acompañado. Desde hace unos años procuro mantener a mi hermano pequeño en la oscuridad, en cuanto a la publicidad de las películas que sabemos que vamos a ver se refiere. Nada, absolutamente nada, se compara con compartir una mirada con la boca abierta en una sala de cine. El sentimiento de quedarse maravillado con una sorpresa, de ser inspirado por un personaje que se dedica al Bien.

A los cuatro o cinco días del funeral ocurrió otra de esas coincidencias que podrían resultar un poco siniestras pero que gracias al guión y al tono de la historia, acabó conmigo en carcajada.
Seinfeld está considerada la mejor serie de comedia de la historia. Bien puede que lo sea, en el quinto capítulo de la quinta temporada George Costanza, un ser tacaño, mentiroso y obsesionado con encontrar aparcamiento lo más cerca posible del lugar al que se dirige, lo ha conseguido. Ha aparcado en la mismísima puerta del hospital, no deja de repetírselo a sus amigos, incluso propone que el recién nacido al que ha ido a ver repare dónde ha conseguido aparcar ”para comenzar su vida con un mensaje positivo y esperanzador”. Al fin y al cabo ha aparcado perfectamente  equidistante del coche de atrás y del de delante.

De repente, un grupo de personas empiezan a rodear el coche de George, no les vemos, siempre nos quedaremos en la habitación del hospital.

S05E05 - The bris[(008493)11-35-39]Tal vez están admirando tu sitio” se ríe Jerry. Están mirando hacia arriba, hay un hombre en la azotea. 

El individuo salta y todos se quedan sorprendidos hasta que George grita, desconsolado “MI COCHEEEE” y sale corriendo de la habitación.

Me reí MUY fuerte, el chiste no es sobre el suicidio, es sobre la malsana fijación de George con su coche, se ríe de él y por eso fui capaz de  desternillarme con un elemento que me había dejado tocado unos cuantos días antes. En cierto modo lo encontré liberador, además, en el mismo capítulo Jerry hace una imitación de El Padrino, el azar, y sus gracietas.

 Nunca he sido muy hablador, no soy muy bueno en comenzar una charla, en el colegio era peor, creo que con los años he ido mejorando algo. Empecé a escribir un cutre guión hace unos años sobre mis amigos. Aún así, las muestras de verdadero aprecio que realizo suelen ser a través de historias ya contadas. He perdido la cuenta de la cantidad de pósters que he regalado, me planteé empezar a hacer en masa cartas de aceptación de Hogwarts personalizadas y nunca me arrepentiré de jugar a ser Andrew Lincoln en Love Actually o de repetir en voz alta el monólogo sobre la pasión de El Club de los Poetas Muertos en clase de Religión. Crear narrativa me sirve para expresar ideas o sentimientos que normalmente no saldrían de mi boca, así como retocar o referenciar las ya existentes.

Asumimos que vamos a tener todo el tiempo del mundo para decir lo que pensamos y hacer lo que realmente queremos hacer. El caso es que quizás no sea verdad. Quizás la vida se interponga y nos negamos a hablar de ello. La muerte, el suicidio y la depresión son tabú y nos impide tener conversaciones importantes. Acudir al psiquiatra es inmediatamente asociado con locura, quitarse la vida no se concibe como un resultado de una enfermedad y morir es algo que ya nos llegará si eso.

El día que decidí escribir este texto empecé a ver Pushing Daisies. El protagonista posee la siguiente habilidad: al tocar un ser vivo muerto, le devuelve la vida, sin embargo, si le toca una segunda vez, vuelve a morir, esta vez, de forma definitiva. Si no vuelve a tocarle en el espacio de un minuto desde el primer toque, La Muerte se llevará a alguien que esté cerca, vivo y coleando.

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Le abrazaría. [2 segundos]. Le enseñaría este párrafo:

Supongo que este es mi “mensaje en su Facebook”, mi rezo, mi texto en un whatsapp sin dueño, mi despedida. Porque realmente pienso que se ha ido para siempre y me siento inmensamente feliz de haberle conocido, de que me hiciera reír, [34 segundos] de que nos representase como clase, de haber visto la mirada que se le ponía cada vez que hablaba de sus pasiones, de haberle tenido de pareja al pádel, de haber discutido con él sobre el doblaje, de ser merecedor de su generosidad y sus hamburguesas.

[55 segundos] Entonces, no le volvería a tocar nunca jamás, al fin y al cabo tenemos un rodaje pendiente.

Pollos