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Cabe acercarse al Pasolini de Abel Ferrara con dos inquietudes, una estimulante y otra preventiva. Por un lado, es posible atender al interés que suscita la notable figura del escritor/director italiano, esperando que no desbarre Ferrara y se acerque a los tonos y maneras que mostró en las estupendas Teniente corrupto o El funeral. Pero, por otro lado, se puede estar avisado de que el torturado Abel bordea a veces el desparrame supuestamente artístico, y claro, un personaje polémico y complejo como Pasolini corre el riesgo de encajar a la perfección en esta peligrosa deriva. Es una pena que, tras ver la película, se confirme más la prevención que el estímulo.

El acercamiento que propone la película a la figura de Pasolini (con el que Willem Dafoe guarda un notable parecido físico) huye de las maneras habituales del manido biopic y se centra en las últimas días de vida del personaje antes de su asesinato en una playa de Ostia, el 2 de noviembre de 1975, hecho que aún hoy suscita sospechas de conspiración. Ferrara, sin embargo, evita la polémica sobre el asunto, interesándose más por “crear” un mosaico que muestre las diferentes facetas del icónico intelectual italiano. Ocurre, sin embargo, que este mosaico se queda en conglomerado y no luce, sino que opaca, ya que no se adivina prácticamente nada (que no sea cliché) de una personalidad culta, contestataria, artística, contradictoria o –no pidamos tanto- cuanto menos interesante. En pocas palabras, sabemos que el retratado es relevante, pero no se deduce tal relevancia de su retrato. Tampoco se descubren apenas las motivaciones de Pasolini, ni sus raíces, sus ganas o sus disputas, y cuando sí se atisban, estas aparecen pintadas con brocha gorda, en forma de proclama chirriante, evocación sin emoción o imagen epatante. Vemos como de soslayo al Pasolini escritor, al Pasolini brillante crítico social, al Pasolini director de Saló o los 120 días de Sodoma, al Pasolini que busca la compañía de jóvenes en los bajos fondos de la ciudad, pero todo como si de un desordenado mural se tratara, como un listado de facetas con poca carne y menos hueso, como un collage que confunde y aburre más que comunica, emociona o deleita. Por supuesto hay cámaras lentas, fotogramas superpuestos, solemne música clásica, primeros planos a la maniera neorrealista… y todo resulta algo forzado, pretendidamente alegórico e importante, pero en el fondo, inconexo y, sobre todo, sin alma.

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Tales lastres se consuman cuando Ferrara se permite jugar a ser Pasolini, poniendo en imágenes el guión que el director italiano tenía entre manos en el momento de su muerte: Porno-Teo-Kolossal, una historia donde la llegada del mesías se une con orgías escandalosas hasta el bostezo, en las que no faltan los fuegos artificiales como (ejem) muy novedosa metáfora sexual, y donde al cabo se pretende reencontrar una suerte de humanismo perdido. Todo tal vez fascinante y rompedor si lo hubiera filmado el italiano (tal vez), pero vacuo en manos del neoyorkino. Baste este ejemplo para constatar con lástima que Abel Ferrara haya optado por un acercamiento con firma personal que, desde el comienzo, se queda en tópico de imperceptible sustancia. Con ello, queda obviado, por ejemplo, aquel Pasolini que comenzó brillantemente su carrera con Accattone o que forzó la tradición religiosa hasta reencontrar su esencia en El evangelio según San Mateo. Nada (o muy poco) de esto hay, nada del viaje creativo o personal de Pasolini, nada de su haber llegado a ser el que era justo antes de morir, quizás porque, en esto del arte y la cultura, los árboles no nos dejan ver el bosque y no paramos de no comprender lo que es un intelectual o un creador.

Poco permanece, por tanto, de este Pasolini en la memoria, y menos aún en el corazón, aunque poco no es nada. Quedan algunas emotivas escenas familiares, en las que no hay subrayados, autorías, ni estilismos, sino simple y vivo pasar del café, las páginas de un periódico o el cariño atento de una madre; queda al final una máquina de escribir a media luz sin más labor que la de señalar la ausencia del escritor; queda una agenda ya desprovista de sentido con citas marcadas en rojo sangre; y queda, sobre todas las cosas, el dolor de una mamma, un rostro desencajado, un alarido casi animal tras la pérdida de su Pier Paolo, en apenas dos o tres planos contenidos en la penumbra de un piso de Roma, donde Pasolini se da la mano con Rossellini a través de la cámara de Ferrara.

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Ficha técnica:

Título original: Pasolini Director: Abel Ferrara Guión: Abel Ferrara Fotografía: Stefano Falivene Reparto: Willem Dafoe, Ninetto Davoli, Riccardo Scamarcio, Valerio Mastandrea, Adriana Asti, Maria de Medeiros Distribuidora: Good Films Fecha de estreno: 19/03/2015