Con la reseca de los muertos vivientos de Jim Jarmusch, la segunda jornada del Festival de Cannes destaca por las revueltos y los suburbios de Francia con Les Misérables, versión modernizada de Victor Hugo por Ladj Ly, y Bacurau, del director de Aquarius Kleber Mendonça Filho.

Les Misérables, Ladj Ly

Quiere el director jugar con esa sensación muy cerca del sentimiento de culpa que procura el disfrutar con el más desolador de los panoramas. Y es ahí, en esa fractura, donde se cuela toda la bilis, todo el poder corrosivo de una película que hace suyos sin complejos los artificios de una película de género.

Bien es cierto que el empeño metafórico, llamémoslo así, acaba por emborronar buena parte de los muchos logros de la propuesta de Ladj Ly. Por momentos, es el director el que parece sentirse culpable y no puede evitar una insistencia moralizante tan inoportuna como tramposa. Por resumirlo mucho, todo el músculo que demuestra la cinta se ve descoordinado por un cerebro que no es regado quizá como debiera. Y ya siento una imagen tan clínicamente soez. Sea como sea, queda una tan desnuda como imposible adaptación de ‘Los Miserables’ infinitamente más provocadora que aquel musical vergonzante, que no moralizante.

Luis Martínez, El Mundo

 Un cinético despliegue estilístico que acerca la película al cine de Jacques Audiard, que ya incursionó en los rincones más hostiles de la banlieu en ‘Deephan’, Palma de Oro en Cannes 2015. Otro referente que asoma mientras las imágenes de ‘Les Misérables’ se van caldeando es el retrato de la corrupción en ‘Training Day’ de Antoine Fuqua.

Los problemas de ‘Les Misérables’ llegan debido a la relativa incapacidad de su director para dar cuenta de los múltiples pliegues del drama social. Inclinándose ocasionalmente hacia el tremendismo

Si bien la película se asegura de no criminalizar las prácticas religiosas musulmanas, y se reserva un tiempo para reconocer el trabajo de unos policías sometidos a altas dosis de estrés, ‘Les Misérables’ acaba encontrando en su estado de agitación permanente una excusa para no adentrarse en las raíces de una problemática social de enorme calado y gran complejidad.

Manu Yañéz, Fotogramas

El final de la cinta, que se presenta oficialmente hoy pero pudimos ver ayer, es de los que dejan huella. Y del resto de la trama es reseñable el protagonismo que adquiere un dron desde el cual uno de los chicos del barrio graba una acción policial más que comprometedora. Las tecnologías no sólo cambian las formas de consumo; también los métodos de lucha y las dinámicas de enfrentamiento en las grandes urbes. El cine da fe.

Fernando García, La Vanguardia

El realizador reparte las cartas hábilmente y, a pesar de que lo hace con la sutileza de un tahúr,  nunca se revela como un jugador tramposo. Arriesga y gana con este thriller en el que se acerca a los personajes acentuando la tensión y se aleja de ellos con planos cenitales en los que se nos muestran esos bloques de hormigón tan iguales en los que se hacinan seres tan diferentes. Juego de distancias que son causa de la problemática que se nos plantea. En cierto sentido, podríamos afirmar que hay algo de manipulador en el filme, pero nunca nos dirige por una vía de un único sentido. Brillantemente rodada y montada, “Les miserables” nos ha dejado ya algunas de las imágenes más impactantes de esta edición.

Inmaculada Pilar, Videodromo

Una premisa interesante de partida, con la sociedad multicultural actual en el punto de mira, que no obstante se pierde en la construcción de un guión estereotipado y de sobra conocido para, felizmente, reencontrarse en su tramo final, donde el cineasta retoma el ese carácter vibrante inicial, que cautivaba al ritmo trepidante de la victoria fútbolística francesa, fuertemente vitoreada por todos, sin importar la procedencia.

Sara Martínez, Espin of

Bacurau, Kleber Mendonça Filho

Un intrigante prólogo plagado de detalles siniestramente inquietantes abre de forma cautivadora una obra tan alucinante como inabarcable que, de manera completamente inesperada, termina resuelta de tal forma que ni siquiera cabía imaginar apenas una hora antes, previo paso por el cruce de géneros más desconcertante visto hasta ahora en este festival.

Sara Martínez, Espin of

 Que nadie espere metonimias elaboradas o muy elaboradas, porque no es tiempo para eso. El resultado es una película tan enérgica como limpia de matices. O se toma de golpe o se arroja al fuego. No hay término medio.

Luis Martínez, El Mundo

Más allá de la cercanía con la que están interpretados los personajes, la película se ahoga en su propia indefinición y acaba a medio camino de todo y de nada. Al final, el espectador llega a sentir que le falta información para tratar de responder a todas las cuestiones planteadas. El brío de la cinta acaba yéndole en contra, también. Le confiere un estilo de producción al uso que no necesita en absoluto. Aplausos, sí. Pero queda el sabor tenue de la decepción, de lo que pudo ser y no ha sido

Inmaculada Pilar, Videodromo

Mendonça nos subraya lo fácil que es matar y morir en el Brasil profundo; el escaso valor de la vida ajena para los fazendeiros que acaparan los recursos naturales del país –en este caso el agua– y para los mandamases que los representan y defienden, aquí un alcalde y aspirante a la reelección.

Fernando García, La Vanguardía