Empieza la segunda jornada del Most Festival con una vuelta a sus raíces: la primera de las tres sesiones de la Sección Brote, o lo que es lo mismo, la que constituye la 19ª Muestra de Cortometrajes de Vilafranca. El Teatro Cal Bolet está lleno, se nota en el ambiente que la gente siente un especial cariño y fidelidad por esta sección que es la que lo empezó todo.

Se apagan las luces, se ilumina el escenario, suena una música y sale Marina Mestres, actriz, bailando al son. Durante los siguientes minutos regala al público una nada convencional presentación, no podía ser de otra manera con ella, de la sección, llena de humor e ironía y lo más alejado que podrías imaginar de un discurso protocolario. Finalmente empiezan los cortometrajes, siete en la sesión de hoy. Llama la atención que de estos, en cuatro las redes sociales y los chats jueguen un papel determinante, otros dos sean mudos o prácticamente sin diálogos, y uno muestre unos seres humanos bastante alienados. Si el cine es un reflejo de la sociedad de su tiempo, da que pensar:

Absolutamente personal, de Julián Merino (2014)

abspers5

Una mujer llega tarde a su trabajo, lo que desencadenará la ira de su jefe y una cascada de hechos que acaba de manera inesperada.

Una factura impecable, unos buenos actores, una dirección muy correcta. Ningún diálogo. Bueno, de hecho los personajes no paran de decirse cosas, pero no emiten ni una palabra. Todo se hace a través de chat o emoticonos, en una situación crecientemente kafkiana que podría haber formado parte perfectamente del film Brazil de Terry Gilliam.

Naturaleza, de Antonio Álamo (2014)

Una chica y un hombre se encuentran en un parque paseando a sus respectivos perros, mientras estos juegan ellos empiezan a hablar, aunque la naturaleza también acabará interviniendo.

Corto curioso, minimalista, con una sola localización, dos personajes, diálogos escuetos y resuelto con pocos planos y jugando mucho con el fuera de campo. Con un desarrollo de esos que no sabes muy bien como tomarte al final lo mejor es la sensación que transmite de alienamiento humano que acaba influyendo hasta a los animales.

The Snatcher, de María Gordillo (2013)

En pleno día un chico roba el bolso de una chica, el novio de esta lo perseguirá durante todo el día hasta la noche.

Rodado en NYC y en inglés, parece que su directora ha aplicado con acierto toda una tradición de largas escenas de persecuciones a pie del cine norteamericano, derivándolo hasta una dialéctica y relación entre personajes muy original. Intenso, frenético, imprevisible y salpicado de inteligentes momentos de humor, todo se resuelve de una manera inesperada y a causa de las nuevas tecnologías.

A lifestory, de Nacho Rodríguez (2013)

Un gatito que vive en un diminuto planeta ha de abandonarlo para iniciar una nueva y peligrosa aventura. Un cuento sobre la vida, un viaje de ida y vuelta.

Evocador y conmovedor corto mudo que combina diversas técnicas de animación, para contar una historia entre la aventura y los sueños. Refrescante, ágil y acompañado de una música que ayuda a adentrarte en ese pequeño universo de fantasía, su curiosa animación consigue que te traslades con ojos de niño a su hipnótica historia.

La Gallina, de Manel Raga (2013)

7838d6zv3n6zr0d2chjpi6i6e_01

Un niño que deja de ser niño, una madre que se va para siempre y un padre que jamás dejará de poseerla, incluso más allá de la vida.

Basado en el cuento homónimo de Mercé Rodoreda se trata de un corto visualmente muy potente, con una fotografía y puesta en escena que tiene reminiscencias del expresionismo alemán, una gran dirección artística y prácticamente ningún diálogo, el director logra crear una densa  atmósfera pesadillesca, asfixiante, claustrofóbica, situada en un entorno rural tan agreste y árido que bien podría interpretarse que es el purgatorio. El desarrollo a caballo entre la realidad y lo onírico es muy críptico, pero resulta absorbente y a la vez hace sentir incómodo al espectador. Su rodaje se produjo inicialmente a partir de la escuela ESCAC, aunque se disparó tanto de presupuesto que aún a pesar de invertir incluso el director de sus bolsillos acabó recurriendo al crowfunding para finalizarse. Concursó en la pasada muestra de Venecia y obtuvo la Mención Especial en el Certamen Europeo de Alcine.

It Girl, de Oriol Puig Playá (2014)

Para poder costearse el tratamiento médico de su marido, Sofía adopta una solución desesperada: hacerse bloguera de moda.

Ácida, frenética, divertida y con un montaje trepidante esta historia en solo tres minutos pone al desnudo mucho de lo superficial de la sociedad de la información actual y de las redes sociales, donde lo que pareces es muchísimo más importante que lo que eres.

Personas que quizás conozcas, de Alex Rodrigo (2014)

Las redes sociales nos permiten encontrar el contacto con personas que creíamos perdidas. Nunca sabemos cuándo pueden volver.

Divertida historia sobre viejas amistades que se reencuentran gracias al Facebook, empieza con un tono bastante cómico, aunque va adoptando paulatinamente un tono agridulce y triste, de pasado que, aunque se intente, ya no volverá. Un guión inteligente junto a una dirección impecable y unos actores que están muy bien convierten esté corto en un viaje agridulce hacia la nostalgia y el recuerdo con que probablemente más de un espectador se habrá sentido identificado.

img_6301-620x400

Una vez finalizada la proyección y sin apenas con tiempo para detenerme a probar algo de cava y algún queso en la degustación que el festival ofrece al finalizar cada proyección voy directo hasta el Teatro Casal (afortunadamente Vilafranca es una ciudad bastante pequeña) a la proyección del documental Natural Resistance, que está dentro de la Sección Cosecha pero fuera de concurso. Uno de los alicientes es la presencia de su director, Jonathan Nossiter, que más allá del agradecimiento inicial, hace algo francamente inhabitual en los directores que van a presentar sus películas a Festivales: salir al acabar la proyección y dedicar media hora larga a responder las preguntas de los espectadores, e incluso interpelándoles para conocer la realidad vitivinícola de la zona. Nossiter establece un diálogo amable y enriquecedor, y consigue, aún a pesar de un castellano algo limitado, transmitir lo que él más valora e intenta dotar a su cine el aclamado director de Mondovino: sinceridad.

Porque Natural Resistance supone todo un bocado de aire fresco y sin complejos que narra la experiencia de cuatro viticultores italianos de una región italiana que se convierten en protagonistas de la revolución del vino natural europeo. Estos cuatro rebeldes rurales se niegan a amoldarse a las exigencias de la industria para pertenecer a su Denominación de Origen y apuestan, idealista y tercamente, por volver a las raíces y la tradición del vino. Los testimonios son bastante demoledores en sus críticas y como ponen al descubierto las miserias del sistema alimentario industrial, no solo vitivinícola, que nos alimenta día a día. Si el discurso es antisistema, la forma en que se rodó y se montó no se queda atrás: en una muestra de coherencia extrema, lo que en un primer momento parece una puesta en escena abrupta y ruda, cámara en mano, pero improvisada, se amolda perfectamente al contenido del mensaje que narra. Nossiter tampoco se rige por las reglas y la sensación anárquica que transmite la imagen es tan imprevisible y poco académica como lo son sus protagonistas. Todo ello además se va sazonando con ironía y armonía con imágenes y fragmentos de cine clásico y una reflexión sobre la restauración, lo nuevo y lo viejo que no hace más que apuntalar el discurso principal.