Décimo y último día de este Most Festival alargado que echa el cierre hasta el año próximo en el Teatro Casal. La expectación es alta, como atestiguan las colas en el vestíbulo. En teoría son dos, pero hay tanta gente agrupada que al final se han fusionado en una especie de magma que solo se diferencia al final cuando se bifurcan en las diferentes puertas. Una vez dentro queda claro que en esta ocasión no solo se va a llenar la platea, sino también el primer piso, por suerte yo aún encuentro sitio en la planta baja, la platea siempre me ha dado mayor sensación de conexión con las emociones del público que si estoy observando desde un palco. Tal como va transcurriendo la Gala, me queda claro que mi elección ha sido acertada, porque los momentos de alto contenido emocional no van a faltar.

La periodista Mabel Martí, sube al escenario a presentar la Gala, presidida por el Consejero de Cultura de la Generalitat,  y tras una breve introducción de todo lo que nos espera, se procede a anunciar los diferentes premios del Festival:

En la Sección Brote, el Premio del Público se lo lleva Democracia, de Borja Cobeaga; el Premio del Jurado Joven es para Foley Artist, de Toni Bestard; el Premio del Jurado al Mejor Cortometraje recae en Cuerdas, de Pedro Solís; aparte de estos, el Jurado quiso hacer dos menciones especiales a dos cortos: Julia, de Emiliano Cano Díaz, y Espés, de Tanit Fernández y Isaac Rodríguez

En la Sección Cosecha el Premio al Mejor Trabajo Promocional recae en Spot Mortitx L’U, de Tomeu Santandreu; el Premio Arrels (Raíces), al mejor trabajo ligado al territorio, se lo lleva L’hivern a Can Bas (El invierno en Can Bas); el Premio a la Proyección Internacional es para Jean Leon. A man, a time, a wine, de la Bodega Jean Leon y la Agencia Pavlov; el Gran Premio del Jurado, recae en La part des anges, de Marie Renucci; el Premio al Mejor Documental es para la húngara Gyöngyöt az embernek (Pearls for men), de Andras Petterfy; y, finalmente, el Premio a la Mejor Ficción, se declara desierto.

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Acto seguido para presentar la película Gran Reserva escogida para clausurar el Most, Rastros de Sándalo, de María Ripoll, que se estrenará en salas el 28 de Noviembre; suben al escenario la actriz Aina Clotet, una de sus protagonistas, junto a la guionista y productora del mismo, Anna Soler (además de coautora de la novela en que se basa), las cuales proceden a contar la gestación y diversos aspectos de la película que íbamos a ver, junto a diversas anécdotas de rodaje. La verdad es que se explayan a conciencia, aunque hay un buen motivo para no mirar demasiado el reloj: la escogida para recibir el Premio Most de hoy es la actriz Rosa Novell, y en esos momentos ella aún está actuando en la representación de la obra L’última trobada (El último encuentro), de Abel Folk, en el Teatro Romea de Barcelona, la que ha supuesto su reaparición en los escenarios hace tan solo unas semanas después de pasar por un cáncer y quedarse ciega a consecuencia del mismo, por tanto hay que darle tiempo para que justo al acabar su función, venga hasta Vilafranca a recoger el Premio.

Finalmente, empieza la película, centrada en adaptar una de las tramas de la novela homónima: la que narra la historia de dos hermanas de la India, Mina y Sita, separadas por la fuerza en la infancia. Treinta años después Mina, una actriz de éxito de Mumbai, descubre que Sita vive en Barcelona con el nombre de Paula y ningún recuerdo de su infancia y orígenes. A partir de aquí, Paula comenzará un viaje de descubrimiento de su verdadera identidad con la ayuda de Prakash, un inmigrante indio que vende películas de Bollywood en el Raval Barcelonés.

La sinopsis, así a priori, parece anunciar un melodrama lacrimógeno como el que más pero, cual es mi sorpresa cuando mi prevención inicial muy pronto se disuelve ante lo que resulta ser un drama, si, pero también poblado de sentido del humor y, lo más importante, narrado con una gran sensibilidad. Vaya, lo que yo en mi colección particular tengo clasificado como “cine sentimental”, que no es otro que aquel que te emociona de verdad, sin circunscribirse a un solo tipo de sentimiento. De vez en cuando voy mirando de reojo alrededor, y compruebo que la mayor parte de la gente a mí alrededor también están totalmente metidos en la película. Llama la atención el hecho que elmanifiesto carácter femenino del film no es obstáculo para que el público masculino parezca estar igual de implicado con lo que está viendo. Destacaré en especial una escena magistral, en los que he visto una de las mejores elipsis, combinada con el uso del metacine, que he podido ver en mucho tiempo. Y cuando se funde a negro y aparecen los títulos de crédito, la larguísima ovación de todo el público me toma incluso por sorpresa por su duración e intensidad, como si de repente todo ese cúmulo de emociones que han ido acumulando a lo largo del metraje salgan de improviso, ya sin nada que las retenga, canalizadas en ese aplauso. Sinceramente, no he presenciado demasiadas veces tal reacción del público.

Y, por fin, llega el momento de otorgar el Premio Most a Rosa Novell, que también interpretó un pequeño papel en la película. Al verla entrar despacio, cogida del brazo de Aina Clotet, me impacta ver lo que ha cambiado en el poco espacio de tiempo que ha transcurrido desde que interpretó el papel que acabamos de ver, parece muy frágil, desgastada por una dura lucha, pero lo que más te provoca un nudo en la garganta, es ver que, a pesar de todo, consigue emanar simultáneamente una gran dignidad y que, al tomar la palabra para agradecer el Premio, aunque visiblemente emocionada, lo hace sin un atisbo de autocompasión, ni siquiera cuando se le rompe la voz. Su mensaje es de optimismo y vitalidad. Y el público la responde no solo con una larguísima ovación, sino poniéndose en pie casi en bloque. La sinceridad y la energía de la situaciónsoncasi palpables. Por vivir de cerca estos momentos vale la pena sentarse en la platea.

Y para finalizar la Gala, la organización nos ofreció un pequeño espectáculo al más puro estilo Bollywood, muy acertado para volver a relajarse después de tantas emociones.

La 4ª Edición del Most Festival ha sido la más exitosa de todas, llegando a los 3.500 espectadores (lo que no está nada mal dado su gran especialización y aún poca historia), siendo prácticamente mil más que en la anterior edición, lo que demuestra que la apuesta por alargar la duración y así oxigenar la oferta ha funcionado. Diría que la fase de consolidación del nuevo formato ya se puede considerar superada y ahora empieza la del lento crecimiento.