Después de un lunes sin proyecciones pasamos a un martes y miércoles muy tranquilos con solo una proyección por día, dentro de las actividades paralelas “Hits Most”, aunque el martes por la mañana los medios tuvimos la oportunidad de asistir a la rueda de prensa de presentación del film que se proyectará el próximo domingo en la gala de Clausura del Most: Rastros de Sándalo, de María Ripoll, que acudieron a presentar una de sus protagonistas, la actriz Aina Clotet junto a la guionista y productora del mismo, Anna Soler.

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Rastros de Sándalo es una adaptación de la novela homónima coescrita entre Asha Miró y la propia Anna Soler, el film relata una de las tramas del mismo, la que narra la historia de dos hermanas de la India, Mina y Sita, separadas por la fuerza en la infancia. Treinta años después Mina, una actriz de éxito de Mumbai, descubre que Sita vive en Barcelona con el nombre de Paula y ningún recuerdo de su infancia y orígenes. A partir de aquí, Paula comenzará un viaje de descubrimiento de su verdadera identidad con la ayuda de Prakash, un inmigrante indio que vende películas de Bollywood en el Raval Barcelonés. Aina Clotet interpreta a Paula, y explicó quién es su personaje y cómo afrontó el papel destacando el hecho de que ella, como su personaje, nunca había estado en la India, y por tanto fue un viaje conjunto de descubrimiento de un mundo muy diferente del nuestro, aunque también le sirvió para ver los puentes de conexión entre ambos, también destacó que aunque la película trate todas las emociones, el humor no deja de estar presente aún en las situaciones más dramáticas. La hermana de Paula, Mina, está interpretada por Nandita Das, conocida actriz y directora de Bollywood, y la madre de Paula está interpretado por la actriz Rosa Novell, que, precisamente, recibirá el Premio Most a su trayectoria en la Gala de Clausura del festival.

Anna Soler subrayó el papel fuertemente femenino de la película al priorizar y apostar por la contratación de mujeres para el grueso de su equipo técnico y artístico, destacando que actualmente en el ámbito del cine  en todo el mundo solo hay un 3% de mujeres ejerciendo de cámara, solo un 15% han escrito guiones para películas y solo un 15% ejercen como directoras. A pesar de esto, afirmó que no se trata de una película solo para mujeres, sino para todos los públicos. Sobre su triple rol de coautora de la novela, de productora y de guionista del film afirmó que muchas veces en su faceta de productora se veía discutiendo y convenciendo a su faceta de guionista de la conveniencia de algunas escenas, modificándolas según el presupuesto en caso de necesidad, por eso mismo  probablemente el hecho de tratarse de un guion suyo lo simplificó todo y lo hizo posible.

La película es una producción 100% catalana y el primer trabajo de Pontás Films que ha contado con un presupuesto final de 1.800.000 €, enteramente proveniente de capital privado, se rodó entre Barcelona y Mumbai (Bombay) y acabó contando en las partes rodadas allí con la participación de profesionales de Bollywood y un equipo total de cerca de 400 personas. Después de su paso por 4 festivales: el de Frankfurt, el Indian Film Festival de La Haya, La Semana Internacional de Cine de Valladolid y el Montreal World Film Festival, donde ganó el Premio del Público; ahora llega para clausurar el Most Festival antes de su estreno comercial en cines el próximo 28 de noviembre, inicialmente en pocas salas de Cataluña, por lo que Anna Soler hizo un llamamiento a acudir a las salas el primer fin de semana, ya que sino difícilmente la película podría sobrevivir más de una semana en cartelera. Su reto es permanecer cuatro semanas en cartelera para así poder plantearse realizar nuevos proyectos.

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El martes por la noche, vuelta a la sala de proyección, esta vez en la sala Zazie, para, aprovechando su décimo aniversario, ver el pase dentro del “Hits Most” del aclamado documental Mondovino, de Jonathan Nossiter, nominado a la Palma de Oro en Cannes en 2004. Nossiter recorrió durante 3 años tres continentes filmando el mundo desde su vertiente de negocio familiar, generacional e industrial, reflejando sus procesos de producción, distribución y consumo. Pero por encima de todo se trata de una mordaz reflexión sobre la globalización en el mundo del vino, del poder de las grandes empresas del sector que se comportan como verdaderas multinacionales obviando las características y tradición de las zonas donde se establecen para amoldar sus vinos a su conveniencia en pos de las leyes del mercado, establece curiosas relaciones entre las alianzas estratégicas (más bien absorciones) entre elaboradores y grandes empresas transnacionales, la intervención de enólogos en variar la elaboración del vino en cuestión y las buenas puntuaciones que reciben acto seguido esos vinos en las revistas especializadas. Sin duda es un documental con un alto contenido de denuncia, pero todo lleno de personajes muy particulares y situaciones humorísticas. Rodada cámara en mano, algo anárquica y rebelde en las formas y movimientos, aunque con un estilo más contenido que la reciente Natural Resistance, Nossiter parece marcar unos temas recurrentes en sus documentales de vino: tradición/vino natural versus industrialización/globalización. Su mensaje es interesante aunque su duración excesiva le pesa, convirtiéndose en su último tercio en demasiado reiterativa. Media hora menos le habría sentado de maravilla.

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El miércoles otra proyección de 10º aniversario, esta vez de la oscarizada Entre copas, de Alexander Payne. Y como los buenos vinos cuando van envejeciendo, los años le han sentado estupendamente (una analogía muy manida, lo sé, pero no por eso menos cierta en este caso). Tres visionados llevo ya con este film, y sigue pareciéndome maravilloso cada vez que lo vuelvo a ver. Por si alguien, inexplicablemente, aún no la ha visto, ahí va la sinopsis abreviada: Miles, un divorciado deprimido, amante del vino  y aspirante a escritor, hace un viaje con su amigo Jack, actor fracasado, antes de que se case, para visitar viñedos y probar vinos en California. De caracteres opuestos, tienen en común su fracaso en la vida y una crisis de la mediana edad. Durante el viaje conocerán a dos mujeres que quizá les hagan replantearse sus rumbos. A través de una narración que bascula a la perfección entre la pausa y el ritmo según conviene, la película se convierte, como tantas del resto de obras de Payne, en otra bella pieza más de su mosaico sobre la sociedad americana, y ante todo, en un preciso retrato de los personajes y las relaciones humanas a través de sus paisajes. En este punto es especialmente reveladora la magistral escena en que Miles, un pletórico Paul Giamatti, le cuenta a Maya, una maravillosa Virginia Madsen, el porqué de su obsesión con el Pinot Noir, y ella le cuenta a su vez cómo ve el vino. En esa sencilla escena se hace un retrato magistral de los personajes.

Llama la atención que, aunque se trata de películas que ya tienen diez años, la sala ha tenido una buena entrada los dos días, lo que no es un detalle desdeñable en proyecciones a esa hora y entre semana, aunque el hecho de que sean gratuitas ha ayudado, sin duda.