Encaro el penúltimo día del festival con una pequeña maratón: 5 proyecciones seguidas, nada menos, de una gran calidad general: las de los tres últimos documentales de la Sección Cosecha y la de la película Diplomacia, de la Sección Gran Reserva sin tiempo para cenar. Afortunadamente, el buen queso y vino ayudan a uno a resistir estoicamente estas maratones. La Sección Cosecha, como ha venido siendo habitual, se ha proyectado en el Vinseum, y la Gran Reserva de hoy en el cine Kubrick de Vilafranca, por suerte muy cercanos uno de otro.

Gyöngyöt az embernek (Pearls for men), de Andras Petterfy (2014)

Sin título

A 30 kilómetros de Budapest, se encuentra una pequeña villa, Monor. Cuando unas fuertes tempestades barrieron la zona, las mujeres y los niños descubrieron bodegas ocultas en un suave monte cercano donde la viña ha encontrado un buen lugar donde crecer.

Esta producción húngara se sirve de este llamativo punto de partida para conducir al espectador hasta una cultura del vino poco conocida por estos lares, más o menos, cuando uno piensa en vino extranjero le viene a la cabeza Francia, Italia, California, Chile… Pero ¿Hungría? Pues sí, resulta que en Hungría también hay una cultura del vino. El documental retrata cómo se vive en esta pequeña localidad, donde aún cada vecino elabora su propio vino en casa, y como la implantación de concursos entre ellos ha ido mejorando la calidad de estos vinos año tras año hasta empezar a hacerse conocidos. La planificación y puesta en escena sondestacables, incluso notables a veces,  y los testimonios son variados e interesantes, más allá del folklore, muestran a una sociedad aún con un fuerte apego a la tierra, a la tradición y a una concepción casi espiritual del cultivo y la elaboración del vino. Su director, Andras Petterfy, originario del pueblo, acudió a la proyección y reveló que, aunque él no conocía demasiado el mundo vitivinícola, quiso hacer el documental como agradecimiento a todo lo que el pueblo le había aportado. También se da la curiosa circunstancia que el equipo técnico lo compusieron sus alumnos de Comunicación Audiovisual (es profesor), limitándose él a asumir la dirección y el guion.

Una question d’equilibre, de Alban Terrier y Sandra Hitouche (2014)

La historia apasionante de un hombre que a los 44 años decide crear una bodega de la nada y partiendo desde cero. Una locura muy reflexionada contada a lo largo de tres años de sorpresas continúas.

Un documental francés dividido en capítulos sobre la fascinante evolución de un sueño que parecía casi imposible a esas alturas de la vida. La estructura en capítulos ayuda a dotarle de un buen ritmo y a asimilar mejor las elipsis temporales. Empieza con la adquisición de unas fincas con potencial y un edificio ruinoso, hasta que, tras tres duros y dificultosos años, superados gracias a la solidaridad de vecinos y amigos, consigue poder  elaborar el vino en su propia bodega. Una muy buena realización, una hábil estructura y, por encima de todo, un protagonista con carisma al que la cámara va siguiendo en sus no pocas vicisitudes mientras va atrapando al espectador, quizá hambriento de historias inspiradoras en un presente demasiado lleno de sueños rotos.

Somm, de Jason Wise (2012)

Cuatro sommeliers intentan pasar el prestigioso examen de “Master Sommelier”, una prueba con uno de los índices de aprobados más bajos del mundo. El acceso a la Corte de los Master Sommeliers siempre ha estado estrictamenteregulado y a las cámaras nunca se les ha permitido acercarse al examen… hasta ahora.

Un planteamiento muy atractivo para un documental norteamericano muy notable en todos los aspectos técnicos: planificación, fotografía, sonido, montaje, dirección… Todo absolutamente impoluto. Desde el punto de vista del discurso, es netamente “American Way”, o sea, una historia que glosa la autosuperación y la competencia extrema para llegar a la cima del éxito, a una élite, en este caso del mundo de los sommeliers. Su mayor handicap es que este discurso puede ser que no cuaje tanto fuera de los Estados Unidos. Aparte de esto la estructura en forma de cuenta atrás y la forma de ir alternando la acción entre los diversos aspirantes y sus puntos de vista y cómo afrontan el reto le otorga gran dinamismo al ritmo del documental.

Diplomacia, de Volker Schlöndorff (2014)

« DIPLOMATIE » Un film de Volker SCHLÖNDORFF

La noche del 25 de agosto de 1944, los aliados entran en París. Poco antes de salir el sol, el gobernador militar alemán, Dietrich Von Choltitz, se prepara para ejecutar las órdenes de Hitler y hacer volar por los aires los principales puntos estratégicos y emblemáticos de la capital francesa. De repente, en la suite del hotel Maurice, centro de operaciones nazis en Francia, aparece el cónsul sueco Raoul Nordling desde un pasadizo secreto para intentar hacer cambiar de opinión a Von Choltitz.

La carta de presentación de la película promete: su director, Volker Schlöndorff, ganó el Oscar por El tambor de hojalata (1979) y, aunque desde entonces ha llovido mucho, el film tuvo una buena acogida por su paso por la Berlinale y recibió el Premio al Mejor Director y al de Mejor Actor (Niels Arestrup) en la Seminci. Dado que se acaba de estrenar en cines y ya podéis consultar su artículo correspondiente en la sección de Críticas de la web, tampoco me voy a extender demasiado sobre la película. Destaca, sobretodo, por su carácter marcadamente teatral, su libreto podría haberlo firmado perfectamente David Mamet, aunque su planteamiento dialéctico recuerda más al de Doce hombres sin piedad, de Sidney Lumet: un espacio cerrado, personajes limitados, un duelo dialéctico del  que dependen vidas ajenas… Con la diferencia que aquí se trata de convencer a un solo hombre. Porqué, al fin y al cabo, de eso trata la película, del “como”, ya que el “resultado” es un hecho histórico conocido de antemano, y por tanto eliminado como fuente de tensión. Que una película así, por tanto, consiga mantener la tensión y el interés del público durante todo su metraje depende, ante todo, de un guión sólido y, por encima de eso incluso, de la interpretación de sus dos protagonistas, y solo cabe decir que en esos apartados la película aprueba con nota: Niels Arestrup y André Dussolier están brillantes en su duelo interpretativo, hasta el punto que la película se sostiene, literalmente, sobre sus espaldas.