Tercera jornada, y llena de proyecciones. La mañana empieza esta vez en el auditorio del Vinseum (Museo de las culturas del vino de Cataluña), con una sesión de la Sección Cosecha francamente heterogénea: cortos, tráilers, documentales, animación… Aunque la nota dominante tiende hacia la ficción.

Jean Leon. A man, a time, a wine, de Bodega Jean Leon-Agencia Pavlov (2014)

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Muchos vinos tienen una historia a contar, pero muy pocos como la de Jean Leon…

Ciertamente, parece ficción y una historia de película, pero no lo es. Una viaje que empieza en los años 40 hasta la actualidad, retratando como un chico de Santander, Ceferino Carrión, huye de un presente sin futuro en la España del franquismo y acaba en Estados Unidos, donde se reinventa con el nombre de Jean Leon: taxista, camarero, hombre de confianza en el restaurante de Frank Sinatra, fundó el restaurante de moda de Hollywood La Scala y no cejó hasta crear su propio vino.

La fascinante odisea de este visionario romántico no solo sirve para conocer su historia y la de sus vinos, sino para retratar toda una época del American Way of Life, donde cualquier cosa aún era posible.

Ceci est mon vin, de Philippe Donadille (2014)

Del Rosellón a Nueva York, del pasado al presente, la historia de dos personas separadas por un mundo que se encuentran gracias a un vino.

Corto de ficción con un inteligente guión que contado con delicadeza logra unir las historias paralelas de dos personas nostálgicas en dos continentes distintos a través de una nada simple botella de vino. 

Celler cooperatiu, l’esperit de Rubí (Bodega cooperativa, el espíritu de Rubí), de Jordi Gatell, Blai Farran, Manuel Cortés (2014)

La emblemática bodega cooperativa de Rubí, construido por un discípulo de Gaudí, Cesar Martinell, es un ejemplo de la eclosión del cooperativismo en la segunda mitad del s. XX.

Interesante documental que a pesar de su escasa duración logra transmitir, gracias a valiosos testimonios de entrevistados y con el soporte de numeroso material de archivo, y sin recurrir a ninguna voz en off (sus directores jamás lo hacen), no solo la historia de esa bodega cooperativa y porqué nació, sino también la de la ciudad de Rubí y la del cooperativismo en Cataluña en esa época. Deja con ganas que hubiera durado algo más.

In vino veritas, de Aneta Zabková (2012)

Una mujer que no ha conseguido hacer realidad sus sueños se reencuentra con sus viejas amigas de instituto. Un buen vino ayudará a romper el hielo y mostrar sus auténticas caras.

Divertidísimo corto checo de animación, una premisa simple con un ritmo endiablado logra hacer reír en todo momento al público a pesar de un diseño de personajes un poco simplista, su desarrollo es muy acertado.

The Wine Legend Trailer. Casillero del Diablo, de Felipe Decaret (2012)

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Uno de los vinos chilenos más conocidos aprovecha la estética y narrativa de los trailers de cine para explicar la historia de la marca en formato de thriller.

Sin duda una de las maneras más marcianas que he visto de promocionar una marca de vino. Su montaje y estética no tiene nada que envidiar a cualquiera que puedas ver en cualquier multicine. Ágil, espectacular, se toma tan en serio a sí mismo, rozando lo pretencioso, que más de uno se debe haber preguntado si de verdad existe esa película. Francamente original.

Preneu i beveu (Tomad y bebed), de Marc Albertí (2014)

Una ficción y una reflexión sobre el mundo de las modas y la pasión extrema por el vino.

Con algunas imágenes poderosas, una puesta en escena inteligente y una fotografía lograda logra hacer olvidar alguna interpretación demasiado poco convincente y plantear una reflexión sobre lo impostado y artificial de algunas modas actuales en contraposición a la tradición.

Corpus Vinum, de Anna Mitjá (2014)

Un repaso al innovador proyecto de la bailarina y coreógrafa Meritxell Campos Olivé, que combina los lenguajes de la danza y el vino en una performance multisensorial.

Interesante montaje audiovisual para mostrar la génesis del proyecto de la coreógrafa y como lo desenvolupó, transmite eficazmente como se establecen relaciones entre dos mundos aparentemente sin conexión. Su única pega es que deja al espectador con ganas de ver más material de la performance en sí, ya que no deja de ser un material para dar a conocer el proyecto, no el proyecto en sí.

Fidele et sincere, de Mathieu Charrière (2014)

Una historia melancólica y sugerente sobre como el vino puede capturar el estado emocional de una relación.

El ganador de la Mejor Ficción del Most 2013 con Lafleur, vuelve este año en plena forma con una historia teñida de tristeza y que se plantea las conexiones emocionales con la memoria sensorial. El hecho de reencontrar un aroma o sabor despierta en la protagonista recuerdos enterrados y sirve como un hermoso vehículo, narrado con calma, para contar otra historia del pasado, la de una triste separación que no puede dejar atrás.

Al acabar la proyección algunos de los directores de obras proyectadas (Bodega cooperativa, el espíritu de RubíTomad y bebedCorpus Vinum y Fidele et sincere) que habían asistido, respondieron amablemente a las preguntas del público.

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Después de una mañana con tantas proyecciones hace falta un pequeño descanso para asimilarlo todo. A la tarde retomamos el Most en el auditorio del Vinseum con la proyección de Generation Wine, de Gosia Podgorska y Kristen Duff (2014). Un interesante y bien realizado documental sudafricano que intenta profundizar y reflexionar sobre el estado de la cultura y la industria del vino en ese país africano, el porqué de su poca penetración en una sociedad que está entre las que más consumen alcohol del mundo. El filme se sirve eficazmente de muchos testimonios para dar a conocer motivos sociológicos, paralelismos con países europeos y para cuestionarse sobre la cultura de la bebida, la legislación sobre bebidas alcohólicas y los mercados emergentes. Al finalizar la proyección, una de sus jóvenes directoras, Kristen Duff, respondió a las preguntas de los asistentes.

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Y para finalizar una jornada maratoniana por la noche en el teatro Casalse procedió a la entrega del Premio Most por toda su trayectoria a la directora Isabel Coixet, que en su discurso de agradecimiento hizo gala de un sentido del humor encomiable, ironizando por ejemplo sobre que ella no era nada partidaria de la reciente moda de negarse a recoger premios (en referencia a los recientes casos de los Premios Nacionales de Cultura) o que ella creía que le daban el premio porque le gusta mucho el vino y el cava y no por su carrera. Acabóh aciendo un paralelismo entre el arte de hacer vinos y el de hacer cine, afirmando que “la aventura de beber un vino y la aventura de mirar una película son muy similares, ya que cuando creas una película siempre piensas en la persona que la verá, y si realmente sentirá lo que tu habías soñado, estoy segura que el payés cuando está en la viña también tiene este tipo de sentimiento”, y se despidió con una promesa: “Y pasarán los años y yo seguiré viniendo aquí con el taca-taca pero seguiré diciendo ACCIÓN” que motivó una larga ovación del público.

Zoran il mio nipote scemo

Y para concluir resultó balsámica la elección de la película Gran Reserva Zoran, mi sobrino bobo, de Matteo Oleotto (2013). Una emotiva comedia italiana que venía de ganar cuatro premios en el Festival de Venecia 2013. Y aun así resultó una sorpresa inesperada, una de aquellas pequeñas películas que llegan desapercibidas y se ganan el corazón de la gente casi sin que te des cuenta.

Narra la historia de Paolo, un truhan y borrachín italiano, aprovechado y cínico a más no poder, que vive en una región bucólica de Italia cerca de Eslovenia. Infeliz a causa de viejos amores se pasa la mayor parte del día entre el sofá y bebiendo vino en el bar. Un buendía recibe noticias de Eslovenia, una tía olvidada le deja una curiosa herencia: un sobrino un poco bobo y raro, que aparte de hablar italiano como si fuera un libro, ya que aprendió la lengua leyendo novelas en casa de la abuelamuestra un talento inaudito con los dardos.

Poco a poco, y con un humor entre amable y sin complejos la película muestra el microuniverso de estos dos atípicos parientes poblado de personajes pintorescos y entrañables en un entorno rural bucólico, y todos y cada uno de ellos se ganan el afecto y corazón del público, incluso el gañan y sinvergüenza de Paolo, un protagonista que, a priori, no hay por dónde cogerlo y que parece imposible que nadie del público pueda sentir la mínima empatía por su vergonzoso comportamiento, gracias a la portentosa interpretación de Giuseppe Battiston, consigue hacer pasar al espectador del desprecio a la lástima hasta acabar en el afecto; y mencionando especialmente al personaje de Zoran, un debutante Rok Prasnikar que, con una increíble facilidad, transmite una enorme ingenuidad y fragilidad y, a la vez, una gran determinación y lucidez. Su maravillosa interpretación siempre hace dudar de hasta qué punto es realmente bobo Zoran.

Lo dicho, una de esas películas pequeñas que pueden convertirse fácilmente en un sleeper. Y así lo confesó el representante de su distribuidora  que vino a presentarla al afirmar que tras verla en Venecia y las reacciones que despertó, no dudaron en apostar por traerla a nuestro país, no sin antes foguearla por diversos Festivales previamente para que así vaya germinando el boca-oreja. Desde luego, con el Most Festival parecen haberlo conseguido.