Parece mentira que ya estemos llegando al ecuador del festival con esta fría e intensa tercera jornada, más conocida como “el día de Thetribe”. Pero vamos por partes, que ha habido de todo y para todos los gustos.

Saint Laurent – Yves in furs

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Entre los varios biopic que llegan este año al SEFF, la primera en hacer acto de presencia ha sido la francesa Saint Laurent (no confundir con Yves Saint Laurent, también francesa y de este mismo año), que se centra en las décadas de los sesenta y setenta de la vida del famoso modisto.

Saint Laurent es muchas cosas, pero sobre todo irregular. Empieza con bastante fuerza, presentando la figura de Saint Laurent con mucho acierto, gracias en buena medida a la magnética e interesante interpretación de Gaspard Ulliel. Hasta aproximadamente la mitad del metraje, el film mantiene bien el interés, gracias a una llamativa propuesta visual que salpica la película con alguna que otra escena memorable. También debe mucho a una banda sonora genial. Además, la ya mencionada interpretación de Ulliel, junto con la elegante dirección de Bertrand Bonello, consigue meterte en la mente y en la rutina de Yves, haciéndote partícipe de su forma de vivir y entender el arte y la moda (magnífica esa escena en la que entra una mujer a su tienda, muy tímida e insegura, y Laurent hace de ella una mujer totalmente distinta con un par de gestos, cinco minutos que dicen más del personaje que la última hora de metraje).

Pero Saint Laurent tiene dos problemas muy gordos que van de la mano: su duración y su segunda mitad. Llega un punto pasada la hora de metraje en que decae imperdonablemente, divagando demasiado sobre la condición psicológico-sexual del personaje, así como sus múltiples complejos y extravagancias, temas estos tratados con bastante desatino. Esto hace que el espectador acabe perdiendo inevitablemente el interés por lo que ocurre en pantalla.

Otro tercer y último fallo que le veo al guión es el relativo a los personajes secundarios, totalmente desdibujados, de los cuales no sabemos prácticamente nada. Y es una pena, porque personajes que a priori parecían potentes, como el de Lea Seydoux, se convierten en meras anécdotas que apenas suscitan interés.

Lilting – La cadencia del duelo

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Lilting es, en pocas palabras, como esa película sencilla, bonita y encantadora que le recomendarías a cualquiera que quiera ver un drama de buenos sentimientos, de estos que cuando terminan te hacen sentir mejor persona.

Su mayor mérito es que le sale casi todo muy bien, y apenas parece esforzarse, gracias a un cuidado y maduroguion que sabe exactamente lo que quiere contar y cómo hacerlo, moderando y dosificando el tono entre el drama y la comedia, con sabia sutileza. Trata la historia y  los personajes con mucho respeto y sensibilidad, pero sin caer en sentimentalismos, derritiendo poco a poco el corazón de los personajes al tiempo que hace lo propio con el espectador. Además presenta a unos personajes con mucho encanto, cuyas interpretaciones ganan la empatía del espectador desde el primer minuto (especialmente Ben Whishaw).

Lo único que le puedo achacar es que finalmente deja ciertos cabos sueltos respecto a algún personaje, pero en general aplaudo Lilting por la sencillez de sus pretensiones y por lo bien que lo hace llevándolas a cabo.

The tribe – (Gesto de dos pulgares hacia arriba)

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Y al fin llegó la traca final de este 9 de noviembre, con la ucraniana The tribe, que se estrena en Sevilla después de haber sido una de las sensaciones de las pasadas ediciones de San Sebastián y Sitges. Y no decepciona.

Esta es una historia que tiene lugar en una institución de sordomudos, donde sus residentes se dedican a cometer todo tipo de crímenes para ganarse la vida. Parece una historia normal, pero no lo es. Bueno, realmente si es una historia normal. Me explico: The tribe representa el máximo exponente de la forma sobre el fondo, del cómo sobre el que por encima de todo. Es una película que exige muchísimo al espectador, partiendo de la base de que todos los “diálogos” son en lenguaje de signos y que no hay ninguna clase de traducción o subtítulos. Sin embargo, si el espectador hace el esfuerzo por comprender todo lo que pasa, obtendrá a cambio una inmersión en la historia cuyo valor es simplemente incalculable. Y digo esfuerzo, pero realmente la película no aburre en ningún momento, gracias a la asombrosa serie de planos secuencias que compone el metraje que hace que el espectador no pueda apartar la vista de la imagen.

The tribe es un hecho asombroso. Cuanto más pienso en ella más milagroso me parece que algo así se haya podido rodar. Me pongo a pensar en la de decisiones difíciles que hay detrás de la película, y ante el resultado no puedo hacer otra cosa que aplaudir. El film juega mucho con el tema del sonido, siendo perfectamente consciente de que el espectador oye cosas que los personajes no, pero al mismo tiempo los personajes hablan sobre cosas que el espectador no entiende ni sabe. Una idea esta última que me parece tan genial como efectiva, creando un maravilloso despiste mutuo que mantiene el interés por las nubes en todo momento. Esto, unido a la dirección plano-secuencial, conforma uno de los ejercicios narrativos más estimulantes que he visto últimamente.

¿Significa esto que la recomiendo ciegamente? Absolutamente no, es una película cruda y difícil de ver, cuya propuesta “sordomuda” no será del agrado de todo el mundo. Eso sí, el que quiera poder decir “nunca he visto nada igual” que apunte en negrita esta ópera prima del ucraniano Miroslav Slaboshpitsky.