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Pese a la buena acogida que había tenido Origenes en Festivales como los de Sundance o Sitges, dónde incluso llegó a alzarse con el galardón al a Mejor película, me encontraba realmente escéptico acerca de que nos ofrecería el segundo trabajo del realizador Mike Cahill. Y es que los precedentes no eran demasiado agoreros, hace tres años su ópera prima Otra tierra fue recibida con el mismo entusiasmo y jamás pude entender los motivos de aquello. Otra tierra era un drama, vendido como película de ciencia ficción, sin ninguna chispa. La película contaba la historia de una chica que mataba a una mujer embarazada y dejaba al patriarca en coma el mismo día que se descubría la existencia de otro planeta. A Cahill no le importaba demasiado la trama de este nuevo planeta más que para dar un giro al final a la historia, pero eso no la salvaba de ser un drama excesivamente ridículo cuyo guión no quedaba lejos de cualquier melodrama televisivo de tercera categoría. Pocos motivos tenía entonces para confiar en que la segunda película de este realizador tan incompresiblemente aplaudido fuera a gustarme. Y sin embargo, me encandiló.

Hay muchos puntos en común entre Orígenes y Otra tierra empezando porque lo que Cahill plantea aquí, al igual que hiciera en Otra tierra es puramente un drama humano, de hecho, en esta ocasión suprime por completo el tema fantástico, y por mucho que se intente etiquetar a la película como una obra de ciencia ficción, no hay nada en Orígenes que me haga pensar en ella como una obra de género, de la misma forma que tampoco lo hacía con Otra tierra, aunque en aquella, éste si existiese como mero macguffin. No acaban aquí las similitudes, y es que los temas que afronta Orígenes tienen muchas similitudes con los que intento canalizar en Otra tierra, aquí vuelven a estar presentes los conceptos que el director tocó en su anterior filme, temas como la soledad, o sobre todo, la pérdida, son temas de importancia a la hora de contar está película que en realidad se trata sobre un drama humanista acerca del enfrentamiento entre la ciencia y la fe. Un tema que pese a estar muy manido, Cahill toca con mucho tacto, sabiendo posicionar su idea, sin imponer en ella ninguna creencia, con un halo de escepticismo, que sin embargo, tampoco impone a la hora de desmentir cuestiones de fe.

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Orígenes nos cuenta la historia de un científico que trabaja con los ojos. Su meta no es otra que desmentir a Dios. Según se expresa este hombre, la religión se escuda en los ojos como el argumento indescifrable que la ciencia es capaz de explicar. Su meta es descubrir todos los misterios del ojo, saber que se esconde detrás de él tras comprobar que no existen dos ojos iguales en todo el mundo. Por su camino se colará una mujer extraña y extravagante, una mujer que es todo lo contrario a lo que este científico siempre ha defendido. Esta mujer arraigada a la fe, supondrá una aventura dónde la pasión del tórrido romance se impondrá, pero también sembrará en él ciertas dudas que harán que el científico se plantee preguntas que jamás se había hecho.

Me gusta la primera parte de la película, me gusta cómo se van planteando en el personaje las dudas desde que este personaje aparece de manera mística al principio. Así, llegará hasta ella por una simple superstición, persiguiendo un número, que ni siquiera entiende demasiado bien porque debe seguirlo. Pero llegará a contactar con ella mediante los datos que él conoce. La fe inexplicable enfrentándose cara a los datos que refutan la ciencia desde el primer momento. Pero no me cabe duda que lo más atrayente de Orígenes está en su último tramo, es ahí donde las intenciones del director quedan más claras y se desarrollan en plena plenitud, especialmente en su maravillosa escena final, ahí Cahill vuelve a enfrentar los datos a la fe, no renuncia nunca a lo que promulga en el mensaje de la película, y sin embargo deja también abierta una pequeña puerta a lo inexplicable, a no renunciar nunca a aquello que la ciencia es incapaz de explicar, y desde luego Cahill toma la salida más loable, no sentenciar aquello que no sabe y dotar al filme de un final preciosamente cinematográfico que también va muy acorde con la estética new age que tiene la película.

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Y sí, no me gustó Otra tierra, y sin embargo, Orígenes me parece una película muy atractiva, porque Cahill ha aprendido de sus errores, ha aprendido a contar una historia, sin llevarla hasta límites que no sabía controlar, y mantenerla siempre en el tono correcto, el que salpica al espectador inmiscuyéndolo en una historia que pese a las licencias que la ciencia le permite, siempre resulta fácil de creer. Pero sin duda, creo que lo que más me atrae de Orígenes es que vislumbro en Cahill todo aquello que jamás pude ver en la plana realización de Otra tierra. Cahill se desvela como un tipo con una excelente capacidad de inventiva, como un hombre que sabe tratar la imagen y llevarla a su terreno, ahí están para muestra ese onírico momento en el  andén de una estación de metro acompañado del tema Dust it off de The Dø, o sobre todo ese increíble travelling de descubrimiento al final de la película cuando el protagonista termina la búsqueda en la que se sumerge. Podríamos decir que Cahill recoge todo aquello que sembró en Otra tierra y esta vez sí, le da forma sólida para crear una película que tiene mucho de poesía onírica, de sueño y de realidad, además todo ello adornado por el trabajo de ese portentoso actor llamado Michael Pitt al que siempre resulta un placer ver.

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Ficha técnica:

Título Original: I Origins Director: Mike Cahill Guión: Mike Cahill Música: Will Bates, Phil Mossman Fotografía: Markus Förderer Reparto: Michael Pitt, Brit Marling, Astrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun, Archie Panjabi, Kashish, Cara Seymour, William Mapother Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 14/11/2014