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La bella y la bestia es un cuento tradicional europeo, de origen incierto que ha día de hoy goza de gran popularidad gracias a las adaptaciones cinematográficas. De las varias realizadas, dos han sido las que han perdurado hasta nuestros días, la realizada por Jean Couteau en 1945 en la que es la primera versión fílmica de esta historia, y el clásico animado de Disney de 1991 que será el que esté en la memoria de todo el mundo a la hora de rememorar a estos personajes, a pesar de cambiar e inventarse bastantes elementos. También ha influido en cientos de películas que tratan el tema del romanticismo en torno a un monstruo, traspasando su apariencia física para llegar a su hermoso interior, como todas las King Kong, sin ir más lejos. El francés Christophe Gans, que hasta ahora había llevado su carrera por la senda del terror, se ha encargado en su patria original de adaptar a imágenes este cuento otra vez. En principio se podía esperar que le diera un cierto toque oscuro y que nos entregase una obra memorable, pero finalmente no ha llegado a demasiado buen puerto.

A uno se le podría pasar por la cabeza que Gans ha tenido la intención de crear la película definitiva, o por lo menos la del siglo XXI, de La bella y la bestia, y no han escatimado en elementos técnicos para ello. Una pena que se hayan dejado en el tintero un guión coherente. Porque esta adaptación tiene elementos muy positivos. El realizador francés había demostrado su buen hacer en cintas como El pacto de los lobos (2001) o Silent Hill (2006), pero aquí llega un poco más lejos en su inventiva visual. Inspirados y hermosísimos planos  pueblan las imágenes, así como unas acertadas virguerías, como el juego del lago-espejo. Tampoco se escatima en escenarios o vestuarios: fastuosos y bastante más decadentes que la versión de Disney (con todo el sentido del mundo), que apoyados en una hermosa y potente fotografía, se tiene la sensación de estar asistiendo a un cuento durante todo el metraje. Al menos eso hay que reconocerlo, no mancilla un cuento original para acabar convirtiéndolo en una suerte de pseudo-El seños de los anillos como ha hecho Hollywood con cosas tan nefastas como Alicia en el país de las maravillas (2010) o Blancanieves y la leyenda del cazador (2012).

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Visualmente entra por los ojos, y también por los oídos, ya que la banda sonora compuesta por Pierre Adenot es digna de mención. Desde el principio las suave y hermosa melodía que forma a piano el tema principal se adueña del espectador en su labor de introducirle en el cuento y se muestra finalmente como lo más funcional y acertado de la película. Aún así, no llega a ser perfecta en el terreno de la imagen a pesar de su reluciente diseño de producción, fotografía y bso debido a unos efectos visuales que en a veces pueden no resultar perfectos, aunque generalmente están a un gran nivel, salvo con una excepción de lo más molesta. Y es que estamos ante una Bestia hecha por CGI, al menos en lo referente a su rostro, y en todo momento se ve falsa y computerizada. Es una pena que no se haya apostado por un maquillaje que habría hecho de su imagen algo más funcional, pues nunca se llegar a apreciar vida en sus ojos.

Pero es que esto no es lo peor del personajes, que me atrevería a decir que es el que menos gracia tiene de toda la película. Carece de presentación digna y de cualquier tipo de carisma, incluso de evolución, lo que mata la historia sin piedad. Solo cuando se despoja de los efectos especiales, el rostro de Vincent Cassel consigue insuflarle un poco de vida con un trabajo que tampoco es que sea nada del otro mundo, así como el de Léa Seydoux, que sin embargo está acompañada de un personaje algo más trabajado. Pero entre esta Bella y Bestia no hay transiciones, no hay emociones ni sentimientos. La historia de amor es tan “porque sí” que resulta metida a martillazos, y así es imposible empatizar con nada ni con nadie. Es como si Gans, coautor del guión, esperase que la historia avance y enganche al espectador por sí sola, por el mero de hecho de ser conocida.

Y si ya pasamos al resto de personajes, pues la cosa no va a mejor. Eduardo Noriega apenas tiene presencia como malo-porque-tiene-que-haber-uno, y para colmo juraría que le han doblado. La tan amada y anhelada familia de Bella está formada por unas hermanas odiosas que la envidian, unos hermanos que son unos buitres y un padre interpretado de André Dussollier, que tiene gran cariño hacía su hija, pero no se hace ningún esfuerzo para que caiga mínimamente bien. Y ya los perritos que habitan el castillo de la Bestia, los supuestos “mejores amigos de Bella” apenas tiene presencia ni hacen nada relevante, desapareciendo en el tramo final. Son perfectamente prescindibles sin que la trama cambié un ápice, y su inclusión solo se debe a un débil intento de atraer un mayor público infantil.

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Una obra fallida a demasiados niveles, que hace que termine aburriendo. Es una pena porque no invita a revisionados en los que volver a admirar ese potente derroche visual, casi de estilo Broadway, que es lo único por lo que podría ser recordada. Cuando uno piense en esta historia y quiera revisitarla, se inclinará por la película de Disney que resulta mucho más acertada, hermosa y sentida. Y su Bestia no da la sensación de haber salido de un videojuego de la PlayStation2, y no de uno con bueno gráficos. 

Crítica escrita por Miguel Delgado

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: La belle et la bête Director: Christophe Gans Guión: Christophe Gans, Sandra Vo-Anh Música: Pierre Adenot Fotografía: Christophe Beaucarne Reparto: Léa Seydoux, Vincent Cassel, André Dussollier, Eduardo Noriega, Audrey Lamy, Myriam Charleins, Sara Giraudeau, Jonathan Demurger, Yvonne Catterfeld, Dejan Bucin Fecha de estreno: 14/03/2014