A falta de un día para el cierre del Festival de Venecia, el auténtico protagonista de la pasad jornada fue director italiano Pier Paolo Pasolini, fallecido en 1975 sin aclararse todavía su muerte. No es que se haya hecho alguna retrospectiva ni que se haya encontrado una nueva película perdida, sino que se ha presentado la película Pasolini dirigida por otro director igual de polémico que él, Abel Ferrara, que cuenta en este filme las últimas 48 horas de vida. Ferrara se ha llevado la mayor ovación del festival, porque no se sumerge en la teoría de su asesinato, sino que hace un homenaje hacia su persona, al hombre, al mito, al poeta, al cine. Después de todas estás opiniones, se nos ponen los dientes largos hasta que la veamos en el Festival de San Sebastián, con Willem Dafoe como invitado. Además de Pasolini, también se presentaba Burying the Ex, del admirable autor Joe Dante, una comedia de terror divertida llena de guiños cinéfilos, siendo posiblemente la película más desternillante de toda la Mostra. 

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Pasolini

‘Pasolini’ adopta puntualmente un tono elegíaco para representar el final de la vida del director de ‘Saló o los 120 días de Sodoma’; sin embargo, no estamos ante una película oscura y mortuoria. El film de Ferrara se resiste a asumir la teoría de que Pasolini presintió su muerte, aunque sí expresa el abatimiento del personaje ante la ola de crimen y violencia se estaban apoderando de las calles de Roma a finales de 1975. Aun así, estamos ante una película llena de luz, ternura y pasión. Elementos que emergen con gran fuerza en la versión que presenta Ferrara de la película que no llegó a empezar a rodar Pasolini: una odisea de dos personajes –con Ninetto Davoli interpretando un personaje al que habría dado vida Eduardo De Filippo y Riccardo Scamarcio encarnando al de Davoli, otro juego de espejos– en la que reencontramos la ironía de ‘Pajaritos y pajarracos’, el festivo erotismo de la ‘Trilogía de la vida’ y las referencias mitológicas de ‘Edipo Rey’ y ‘Medea’. Una apoteosis de lo pasoliniano rematada con un epílogo cósmico y poético que ratifica la absoluta maestría de ‘Pasolini’ de Ferrara.

Manu Yáñez (Fotogramas)

Sorprendente. Ferrara, contra todo pronóstico, abandona la máscara de Ferrara que desde hace décadas arrastra consigo para ofrecer el más equilibrado y dolido de sus trabajos. Ni rastro de la violencia convulsa de sus producciones de los 90 ni un simple amago del desaliño formal, argumental y de ideas de sus películas más recientes. De repente, el director del Bronx opta por una elegante sencillez para acercarse a “la pasión y la compasión” (las palabras son suyas) de un hombre, un mito; el mito contemporáneo que más se parece a una herida.

Luis Martínez (El mundo)

El único homenaje posible del que Pier Paolo Pasolini podría llegar a sentirse profundamente orgulloso. En cuerpo y alma. “Pasolini” oscila entre la desesperación, el entusiasmo y la pasión que yacía sobre su ideología y forma de ver el mundo, entre el erotismo y la esencia pagana de los ragazzi a quienes el controvertido artista adulaba, cimentando su interior con todo lo que conforma y define al trágico director de la película más polémica de la historia del séptimo arte: la poesía, la política, el sexo, la amistad y por supuesto, el cine.

Una elegía cinéfila de esencia intrínsicamente artística cuyo absoluto rigor surge desde el más evocador amor por la experimentación, desde la más descarada y estimulante provocación. En la vital “Pasolini” Ferrara es Pasolini, Pasolini fue Ferrara. Epifanía.

Joan Sala (Filmin)

Ferrara se acerca a esa relación de una manera muy astuta, integrando en el relato del día de su muerte recreaciones de breves fragmentos de «Petróleo», su novela inacabada (y la que, presumiblemente, revelaría secretos de Estado que habrían podido incomodar a buena parte de la clase política italiana), y de «Porno-Teo-Kolossal», el guión que estaba escribiendo para Eduardo de Filippo (interpretado por Davoli en una feliz idea de casting) y Ninetto Davoli (Riccardo ScaMarcia). El gesto de Ferrara es hermoso: por un lado, esas obras de ficción póstumas o imaginadas dejan su poso en lo que vemos de la vida cotidiana de Pasolini, y por otro, son una muestra de respeto hacia su figura, una manera de certificar que el legado de su obra sigue vivo.

Sergi Sánchez (La razón)

Se esperaba que Abel Ferrara trajera la polémica y el escándalo a la Mostra con su último largometraje ‘Pasolini’, la película que narra el último día y el asesinato del gran cineasta italiano el 2 de noviembre de 1975, que protagoniza Willem Dafoe. Pero el director americano ha guardado sus zarpas de gran provocador y le ha rendido a Pasolini un homenaje convencional y respetuoso… Y muy aburrido. ¿Dónde está el gran escándalo o las nuevas pistas sobre los asesinos de Pasolini? No hay nada nuevo.

María Guerra (La Script)

‘Pasolini’ de Ferrara no es un biopic sobre el intelectual italiano, ni siquiera una película sobre las circunstancias de su asesinato, ‘Pasolini’ es un filme sobre una manera de entender el Arte con la cual Ferrara se siente reconocido.

Siendo, sin duda, la película más personal de toda su carrera, el cineasta neoyorkino se identifica con el cine del escritor italiano (así es como él se calificaba en su pasaporte) y lo utiliza para hablar sobre sí mismo. Personalmente creo que ese es uno de los motivos por el cual Willem Dafoe, encargado de dar vida a Pier Paolo Pasolini, habla en inglés en los momentos más introspectivos de la cinta, hecho que Ferrara ha dejado entrever en la rueda de prensa al alegar que ello es porque se trata de su lengua materna y, al mismo tiempo, es su película.

El filme no busca el enfrentamiento, sino la comunión. Una comunión que nos viene dada en forma de lírica reflexión en la que vida y cine confluyen como única vía hacia el Arte. El cine como parábola personal y no como mecanismo narrativo. Ferrara volcándose en Pasolini y representando sus últimos momentos de vida. Sensacional.

Adrián Peña (Ecartelera)

En Pasolini no hay revelaciones sobre las circunstancias en las que murió, ni hay sitio para posibles teorías conspiranoicas. Ferrara parte de los hechos ya conocidos y construye en torno a ellos una absorbente reflexión sobre la creación artística y la situación política y social de su época a través de entrevistas, cartas, voces en off… Una reflexión tan aplicable a la obra y a la personalidad de Pier Paolo Pasolini, como a las del propio Ferrara.

Una de las decisiones más cuestionables de la película es la utilización indistinta del italiano y del inglés, tanto en las secuencias más cotidianas – en las que la utilización del inglés en algunos casos les resta naturalidad al estar interpretadas en parte por actores italianos con un fuerte acento-, como en las reflexiones del propio protagonista, seguramente condicionada por la elección de Willem Dafoe para encarnar al director italiano, que a pesar de todo, logra una interpretación magnética. La recepción de la cinta ha sido mixta, más positiva por parte de la prensa internacional que de la italiana, pero una película como Pasolini debería figurar en el palmarés de esta Mostra.

Carlos Elorza (El café de Rick)

Burying the Ex

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‘Burying the Ex’ es un festín de chistes cinéfilos: el protagonista tiene su casa llena de pósteres italianos de películas de terror –‘Il pozzo e il pendolo’, ‘Zombi in soffitta’ o ‘L’invenzione di Cloud Surfing’–, mientras que en los cines de Los Angeles se proyectan programas dobles de películas de Jacques Tourneur–aunque los protagonistas prefieren destacar al productor Val Lewton–. En definitiva, estamos ante un gozoso divertimento que no encuentra en la lánguida e insípida interpretación de Antón Yelchin la electricidad que tan bien le habría venido.

Manu Yáñez (Fotogramas)

Fuera de concurso, el padre de los ‘Gremlins’ presentó ‘Burying the ex’ (Enterrando a mi ex). Para él, el premio a la cinta más divertida de Venecia hasta hoy. Sea de la serie que sea (A o B). La película es a la vez homenaje al género del que procede, fantasía cinéfila y, lo más evidente, una comedia. Y muy brillante. Para aullar de risa.

Luis Martínez (El mundo)

“Burying the Ex” es un homenaje al género rey, pero ante todo a la serie B. Una suerte de sit-com chistosa y descerebrada empapelada de pósters de giallo, que transita sesiones dobles de Tourneur, una proyección golfa de “La noche de los muertos vivientes” en pleno cementerio, o que incluso no reniega de su principal referencia: “La Novia Cadáver” de Tim Burton.

Con una esencia tan nostálgica y cinéfila como deliranteménte vándala. Que tiempos aquellos.  

Joan Sala (Filmin)

‘Burying the Ex’ es un divertimento de serie B multirreferencial amante de la cita cinéfila sobre la novia de un joven amante del cine de terror que después de morir vuelve a la vida convertida en una zombi para estar con él de por vida. Podría ser más alocada, pero el filme funciona más como celebración festiva del género y del espíritu de un tipo de cine que ya no se suele hacer que como desarrollo de una idea que se repite una y otra vez durante la cinta. A pesar de ello, no se le puede negar que la metáfora que lanza con sátira e ingenio sobre las parejas posesivas representada en una novia zombi que no deja en paz a su ex-novio, arranca más de una larga carcajada.

Adrián Peña (Ecartelera)

Burying the Ex es una llamada a reírse del cine actual, a recordar – o hacer descubrir – lo bien que nos lo pasábamos con las simples pero divertidas películas y sus historias de los ochenta, a reivindicar un cine que parece olvidado – o, directamente, es totalmente desconocido -, esa serie B en su edad de oro. Olvidada por los nuevos consumidores de cine para masas, aunque sea de género, y también por una industria que invierte elevadas sumas de dinero para que los efectos especiales no nos dejen ver que no hay un buen guión detrás. De esta forma vuelve Joe Dante, homenajeando a George A. Romero, recordando a Bela Lugosi y Christopher Lee como dos de los grandes actores que han contribuido a formarnos como cinéfilos. Y, sobre todo, se divierte. Y de qué manera.

Arantxa Acosta (Cine Divergente)