Charley Brewster es un adolescente normal, vive con su madre, va a clase con su novia… pero su mundo cambiará del todo cuando su mejor amigo desaparezca después de desvelarle que su nuevo vecino es un vampiro, a partir de ese momento Charley tendrá que hacer lo imposible para cargarse al vampiro de al lado y proteger a su familia, y por ese todo pasa asociarse con un mago de las vegas: Peter Vincent.

Siguiendo con la aura de fiebre de los remakes, en está ocasión le ha tocado el turno a Noche de Miedo, una película que ya nació fuera de tiempo, como una parodia a esas míticas películas de la Hammer. Entre tanto remake ilógico, lo cierto es que el de Noche de Miedo tenía bastante sentido, en pleno boom vampirístico con los adolescentes soltando hormonas delante de Crepúsculo y True Blood, este remake podría suponer un soplo de aire fresco, además de actualizar una película a la que el tiempo había dejado bastante envejecida.

El encargado de llevar esa historia al día de hoy era Craig Gillespie, que debutó en el cine con la buñueliana Lars y una chica de verdad y que ahora se enfrentaba a un reto muy diferente, pero del que sale triunfante, su eficiente dirección sumado al interesante libreto que firma Marti Noxon, curtida de sobra en el género de vampiros gracias a su aportación a las series de Josh Whedon: Angel y Buffy, hacen de esta noche de miedo una actualización que sabe desvincularse de la cinta original y no parecer un simple refrito.

Lo cierto es que a la película le cuesta bastante arrancar, y aunque va teniendo varios chispazos, en la primera parte tiene momentos bastante tediosos e incluso nos lleva a pensar en ciertos momentos si realmente mantendrá el espíritu gamberro que tenía el film de Tom Holland. Por suerte todo esto cambia desde que entra en escena el personaje de Peter Vincent, momento desde el cual la película sube muchísimo el nivel y no deja descanso a un espectador que por momentos tiene incluso que secarse las lágrimas que le producen las carcajadas.

El buen temple de Gillespie también es clave, y es que parece mentira que el director no hubiera realizado hasta el momento ninguna secuencia de acción, la escena de la explosión es sublime, pero la persecución en coche que sigue a ésta es realmente trepidante, y filmada con una decisión que hace que pensemos que puede llevar toda la vida rodando escenas de este tipo.

Por supuesto lo mejor llega en su recta final, dividido en dos actos y dos emplazamientos distintos, la película llega al auténtico delirio, con escenas completamente descacharrantes, entre frases lapidarias, golpes de efecto, un grandísimo ritmo y unas cuantas dosis de casquería, conviven en un final digno de recordar.

Realmente es difícil encontrar variaciones entre los personajes de esta y los de la película de Holland, cuesta saber si Farrell es mejor Jerry que Chris Sarandon o elegir entre William Ragsdale y Anton Yelchin. Lo que no cabe duda es que una vez más Peter Vincent vuelve a ser el amo y señor de la función, pese a ser el único personaje que cambia drásticamente. Convertido en esta ocasión en un mago de las vegas, del que más tarde descubriremos su turbio pasado. Su desparpajo y singularidad impregnan la pantalla a golpes de frases tan demoledoras como “Soy como las tías, si me emborrachas hago lo que sea”. Desde luego el buen hacer de David Tennant tiene mucho que ver para que el personaje funcione a la perfección.

Noche de miedo es un remake justificado, bien realizado y que en ningún momento huele a refrito, y que supone una sana y divertida alternativa a esos nuevos vampiros de medio pelo con complejo de Cristiano Ronaldo que nada tienen que ver con lo que siempre nos hicieron creer tiempo atrás.

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