Teniente Corrupto 1

Primera colaboración de un total de dos entre Harvey Keitel y el director Abel Ferrara (El rey de Nueva York). Filmada en tan solo 18 días y con un presupuesto aproximado de 1 millón de dólares, la película se estrena en 1992. Es probablemente el largometraje más polémico del director por la incursión de escenas tales como la violación a una monja, el consumo excesivo de drogas por parte del protagonista, así como un desnudo frontal completo por parte del mismo.

Obra maestra para unos, insustancial y vacua para otros, la cinta de Ferrara no deja indiferente a nadie. La película narra un fragmento de la vida de un policía (Keitel), durante el cual el espectador es testigo de su autodestrucción hasta que a él llega el caso de la violación de una monja por parte de unos jóvenes, lo que le dará algo a lo que aferrarse y que le sirva para replantear el sentido de su vida.

La película se centra por completo en el personaje de Harvey Keitel, realizando aquí una de las mejores actuaciones de su carrera y llevando al extremo su personaje. Se tratan temas como la adicción a las drogas, la búsqueda constante de redención y la religión. Este último elemento posee una carga bastante importante a lo largo de todo el metraje, acentuándose aún más en el tramo final, siendo un objeto clave para el desarrollo del personaje y dejando una de las mejores escenas del film. La película posee una atmósfera propia que sumerge al espectador en el descenso a los infiernos en el que se encuentra el personaje protagonista. Esto se consigue gracias a una fotografía con matices grises y oscuros, así como muchas escenas rodadas en interiores, de noche, o en locales nocturnos. Además, Ferrara hace uso del plano subjetivo con mucho acierto.

Teniente Corrupto 2

El guión, escrito por el propio Ferrara junto a tres actores del reparto, es el aspecto más flojo de la película. Buena parte del metraje se emplea en mostrarnos el consumo de drogas por parte del teniente. Sin embargo, la cinta deja un puñado de escenas memorables, que con toda seguridad no lo serían tanto de no ser por la titánica actuación del actor italoamericano. Podría decirse que su labor mantiene la película a flote durante gran parte de sus 96 minutos, en los cuales hay algún problemilla de ritmo que en mi opinión se conforma como uno de los pocos puntos negativos de la peli. Además Ferrara coloca sutilmente metáforas a lo largo de la cinta que no hacen más que referenciar al protagonisa.

El último tramo de la película se centra esencialmente en la redención del protagonista. La escena de la iglesia conforma el clímax espiritual del personaje, y más tarde se redime en su faceta humana, como policía. El final en sí, la escena final, es coherente con la película y el desarrollo del protagonista, cerrando la cinta con elegancia.

La obra de Ferrara transciende. Es una obra muy personal, cruda, sin medias tintas y decidida en su mensaje. No es una película con una historia per se. Es una película con tono contemplativo, en la que el director nos ofrece la oportunidad de acompañar a un policía en caída libre, desesperado por encontrar algo en su vida o en su trabajo a lo que agarrarse. Invita a la reflexión de temas morales y espirituales. Es un film que todo cinéfilo debe ver. No es una película fácil, no a todo el mundo le gustará, pero si eres de los que disfrutan de este tipo de cine, te verás recompensado gratamente.