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Hay personajes que nacen con el estigma de la muerte sobre ellos, son personajes que el espectador sabe que el único fin posible es la muerte. Eran estos los destinos de Dexter Morgan, Walter White o Gregory House, casos que los guionistas resolvieron de maneras dispares, en unas ocasiones con más acierto que otras. Y la muerte era sin duda el destino de Jack Bauer. Un personaje rodeado por la muerte, si alguien cercano a Bauer quería seguir vivo, la única posibilidad era alejarse de él. Jack Bauer es posiblemente el mayor héroe, en alto grado de la definición heroica, que ha entregado la ficción en mucho tiempo. Un héroe que por esta misma condición era empujado a ser un paria, obligado a convertirse en un prófugo al margen de la ley, precisamente por sacrificar su propia vida para servirla. Si había algún motivo para dejar vivo a Bauer, éste era únicamente su vuelta. Una vuelta que en su momento llegó anunciada como una posible película, pero que finalmente no llegó a cuajar y cuatro años después de finiquitar su periplo televisivo a lo largo de 9 años, 8 temporadas y un telefilm, traía de vuelta a Bauer al medio que le vio nacer.

Lo mejor de la existencia de 24: Vive otro día, no es su aparición para cerrar tramas, ya que éstas quedaron perfectamente cerradas con la conclusión de la serie, sino la necesidad conciliadora con el más humano de los héroes. Recordemos que al final de 24 Bauer huía, escapando de todos aquellos que le perseguían, convertido en criminal a ojos de todos a excepción del espectador. Un espectador que además tuvo un perfecto aliado con la llegada de Chloe O’Brien, que no era más que la perfecta extensión de éste. De este modo, Vive otro día se sitúa cuatro años después de los hechos que tuvieron lugar en la última temporada. Bauer vive de manera fugitiva en Londres, allí, ese mismo día, el Presidente de los Estados Unidos, un viejo conocido, pues se trata de James Heller, el padre de Audrey, se encuentra para presentar al mundo su nuevo ejército de drones autopilotados, ante la protesta de gran parte de la población. Este ejército será manipulado para planear un ataque terrorista a gran escala en Londres, y obviamente será Jack Bauer el único capaz de detenerlo, que una vez más, sin poder detener al héroe que hay en él.

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24 fue una serie con grandes virtudes, algunas de ellas revolucionarias y absolutamente necesarias para entender el comienzo de la nueva edad dorada de la televisión que estamos viviendo ahora. Fue una serie que entendió las ventajas de la televisión, rompió el esquema episódico por completo para contar una historia desarrollada en 24 horas, pero además supo también cómo debía encapsular cada parte de ella en 40 minutos, jugando a la perfección con el tiempo de los capítulos, y dotarla siempre de un ritmo rápido en la que no dejaban de pasar cosas que mantenían al espectador siempre alerta. De aquí deriva precisamente lo que siempre me gustó más de ella, su completa ausencia de realismo. Las tramas de 24 estaban siempre hiperbolizadas, habitaban en un mundo en el que todo podía pasar, y que traía consigo a villanos completamente caricaturizados, tan irrisorios, como realmente temibles. El mayor valor de esto era que además permitía a la serie revivir cada temporada, usando factores comunes, sin que nada pareciera impostado, pues era una serie siempre consciente de su condición. Con el tiempo, y sobre todo con la llegada de Homeland, su más clara heredera, hemos visto que 24 dio por completo en el clavo. Al contrario que 24, Homeland optó por una trama mucho más realista, de primeras funcionó increíblemente bien, dando como resultado una primera temporada que era magnífica. El problema de Homeland llegó cuando la serie tuvo que avanzar más allá de esta primera temporada, en la segunda apostó por la hipérbole como lo hiciera 24 y sin duda les funcionó, algo que además mostró que el juego de 24 no estaba caduco. Pero cuando en la tercera intentó nuevamente acercarse al realismo palpable de la primera temporada, la serie naufragó estrepitosamente. El resultado fue no sólo el de una serie aburrida, sino que había perdido por completo su identidad.

Vive otro día mantiene fresco el espíritu de 24, basta con ver los primeros capítulos para darse cuenta de que nada ha cambiado. Durante 12 capítulos, centrados siempre en el desmantelamiento de esa trama terrorista, seremos testigos de un asombroso batiburrillo de tramas deliciosamente enrevesadas, de múltiples traiciones, giros sin sentido, una amplia colección de villanos, y hasta los inevitables topos dentro de la organización, uno de los juegos más divertidos que siempre ha tenido la serie, en el que sin necesidad de que el espectador sea informado de ello, sabe de la existencia del mismo, pero como si estuviera dentro de una novela de Agatha Christie, tendrá que mantener sus sentidos alerta para dar con él. Además, el cambio de formato no afecta en absoluto al tono de la serie, es más, la ayuda a volverse aún más frenética, a no tomar rodeos, a impresionar capítulo a capítulo, con persecuciones marca de la casa, aprovechando el perfecto emplazamiento londinense y el metro de la ciudad, con momentos tan impresionantes como el del estadio de Wembley o la del asalto a la casa, que adornada por esa frase de Bauer “La única muerte que hoy pesará sobre mi conciencia es la tuya” se ha ganado un hueco entre los mejores momentos de la serie- Todo sigue resultando excepcionalmente parecido a 24. Y con el entretenimiento como marca de la casa, Vive otro día es ante todo televisión, en el más amplio sentido de la palabra, en el de espectáculo y pasatiempo diseñado para el disfrute del espectador.

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Pero es algo más, y eso es sobre todo lo que justifica su existencia, es la redención de un personaje, de ese paria, de ese magnífico héroe al que Kiefer Sutherland se ha ligado de manera extraordinaria. Sí, Vive otro día es un capítulo más en la inmensa tragedia de su existencia, pero ese es su sino, su razón de ser. Pero también es la redención de un hombre solitario cuyo único aliado era el espectador que le observaba tras la pantalla. Decíamos al principio que hay personajes que viven con la marca de la muerte desde que los conocemos, Bauer es uno de ellos, y no contaremos cómo acaba la serie, pero Vive otro día ha demostrado sobre todo que es una serie que tenía que existir.