La Mostra ya va por su tercer día y no está desanimando mucha a la prensa, sino todo lo contrario. En la tercera jornada del Festival de Venecia, destacaba la vuelta del director Peter Bogdanovich a sus 75 años, considerado como el predecesor del Nuevo Hollywood de los 70 gracias a La última película. Después de 13 años sin realizar otra película, Bogdanovich presentó She’s Funny That Way, una comedia de enredos protagonizada por Owen Wilson, Jennifer Aniston e Imogen Poots, recordando al magistral Ernst Lubistch y consiguiendo el favor de la crítica. La vuelta de Bogdanovich no era lo único destacable del día, el largometraje 99 Homes de Ramin Bahrani, basada en la crisis de la búrbuja inmobiliaria en Estados Unidos, ha provocado la indiferencia de la crítica, que sólo destaca la solvente interpretación de Michael Shannon mientras que Andrew Garfield era el gran sacrificado. 

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She’s Funny That Way

Se trata, para situarnos, de una comedia, una sencilla, quizá simple, evidente, anticuada, muy tontorrona… pero, y esto importa, divertida comedia. Incluso mucho (…)  si uno se empeña, se podría leer en ella algo así como un esfuerzo por recuperar intacto el viejo sabor y saber del cine viejo; el Hollywood de antes.

La idea, en conclusión, no es otra que recuperar intacto el sabor de lo evidente, del gag blanco, del enredo aparatoso hasta el delirio. Y de este modo, ‘She’s funny that way’ acaba por generar una rara empatía. La naftalina engancha. De repente, la experiencia se antoja como ver una película de los años 30 con actores (de 30, 40 años) como Owen Wilson, Imogen Poots o Jennifer Aniston. Es decir, y por buscar una metáfora extravagante, como viajar en una locomotora de carbón con el interior tapizado del AVE; como un viejo, eterno e irrenunciable bocadillo de mortadela. Las metáforas, a veces, son así de inoportunas.

Luis Martínez (El mundo)

‘She’s Funny That Way’ es un festival de puertas abriéndose y cerrándose, un desfile de frases entrecortadas y bofetadas, una celebración del libertinaje más propia del Hollywood pre-code que del cine americano contemporáneo.

Recupera varios de los rasgos distintivos de dos de las mejores comedias del director de ‘La última película’. Por un lado, está el juego de espejos entre la ficción fílmica y una obra de teatro que representan los protagonistas en Broadway, algo que conecta de lleno con la torrencial ‘Qué ruina de función’ –adaptación de la obra teatral de Michael Frayn–. Y luego está el partido que le saca Bogdanovich a la ciudad de Nueva York, que enmarca perfectamente el desenfreno que inunda el relato, como ocurría en la magistral ‘Todos rieron (They All Laughed)’. Finalmente, cabe destacar que ‘She’s Funny That Way’ se nutre del talento de unos actores en estado de gracia. Owen Wilson aporta al festín sus eternos y agridulces aires de soñador; Jennifer Aniston entrega una versión neurótica y recatada de su personaje de ‘Cómo acabar con tu jefe’; Imagen Poots encuentra el receptáculo perfecto para explotar su risueña artificialidad (su imitación del acento de Brooklyn es para enmarcar); Rhys Ifans hace de Rhys Ifans; y Kathryn Hahn tiene la oportunidad de demostrar (…) una de las grandes estrellas de la meca del cine en lugar de una secundaria de lujo.

Manu Yáñez (Fotogramas)

Como si no hubieran pasado más de 30 años desde ‘Todos rieron’, ‘She’s Funny That Way’ es una hilarante comedia de enredo de diálogos sagaces y vigorosas interpretaciones. Un Bogdanovich referencial que huele a clásico y se disfruta como una enorme fiesta cinéfila. Ernst Lubitsch, Howard Hawks y Blake Edwards entre otros se citan en este guateque lleno de ingenio, humor, réplicas y contrarréplicas pero, sobre todo, el gran invitado al convite es Woody Allen. Prostitutas, artistas necesitados de musas con las que inspirarse, líos de faldas, Nueva York… todos ellos son elementos que evocan constantemente al director neoyorkino aunque, si se tuviera que destacar el nexo de unión más directo con el cine de Allen, éste sería el arrojo con el que están escritos todos los personajes femeninos que aparecen en el filme y, aquí, la interpretación de Jennifer Aniston merece un punto y aparte.

Adríán Peña (Ecartelera)

Lamentablemente, a «She’s Funny That Way», que intenta recuperar el espíritu de la «screwball comedy» que tan buenos resultados le dio, le fallan las sílabas tónicas, los acentos y la puntuación y parece un remedio, arrítmico y sin encanto, de una mala comedia de Woody Allen. 

Sergi Sánchez ( La razón)

99 Homes

‘99 Homes’, que transcurre en Orlando, Florida, en 2010 –en plena eclosión de la crisis hipotecaria yanqui–, empieza con un imponente plano secuencia de más de cinco minutos y termina con las notas del ‘Das Rheingold’ de Wagner. Entre esos dos momentos, asistimos al proceso de corrupción de un buen hombre, Dennis Nash (un obrero de la construcción interpretado por un convincente Andrew Garfield), que para recuperar la casa de la que ha sido desalojado junto a su familia realiza un pacto con el diablo, convirtiéndose en el empleado de su antagonista, Rick Carver. Hay que reconocer el mérito de Bahrani a la hora de respetar a sus personajes: tratándose de una película prima hermana de ‘El lobo de Wall Street” –expone la podredumbre moral de aquellos que sacan partido del mal ajeno–, el director de ‘A cualquier precio’ consigue no caricaturizar a sus criaturas, que siempre tienen motivos razonables para comportarse como lo hacen. Y si bien es cierto que la película no consigue sostener hasta el final el ímpetu rítmico de su magnífico arranque, el conjunto prevalece como un enérgico intento de retratar una tragedia social a través de las coordenadas del thriller.

Manu Yáñez (Fotogramas)

El director de películas tan notables como ‘Chop shop’ o, más rencientemente, ‘A cualquier precio’ se aventura ahora por los laberintos de uno de sus temas más queridos: el estado crepuscular de la clase media americana. La idea es, atentos, desnudar la crisis inmobiliaria; ofrecer al espectador en ofrenda a los verdaderos culpables. Un especulador dedicado profesionalmente a desahuciar a todos aquellos que no atienden los pagos de su hipoteca se alía con una de sus víctimas para seguir a lo suyo. Pues bien, una vez más queda claro que las buenas intenciones no bastan. El esquematismo apresurado de un guión tan maniqueo como confuso acaba porarruinar cada uno de los esfuerzos, que son muchos y notables, de los actores (aquí, Andrew Garfield y Michael Shannon). Todos podemos estar de acuerdo en que los bancos y la gente con traje planchado no gustan, pero un poco de desarrollo de la idea no tiene por qué molestar a nadie.

Luis Martínez (El mundo)

Es la cuarta vez que, en la sección Orizzonti, Raman Bahrani comparece en la Mostra. Una pena que «99 Homes» sea su peor película. Sigue interesado por los desfavorecidos –los desahuciados, las víctimas de las hipotecas «subprime», la clase media que creyó en la burbuja inmobiliaria y en el derecho inviolable de la propiedad privada–, pero su acercamiento al tema es cualquier cosa menos sutil. ¿Es creíble que un tiburón de los desahucios (M. Shannon) fiche a uno de sus desahuciados (A. Garfield) como ayudante? Ese contrato fáustico inicia el gran dilema moral de la película, que es a la vez el argumento de venta del sueño americano (ganar dinero justifica incluso pisar la congoja que un día fue la tuya), pero los modos del filme son tan toscos que resulta difícil reconocer en él al autor de «Un café en cualquier esquina».

Sergi Sánchez ( La razón)

La película es potente en su mensaje pero muy floja en el guión, previsible y blando. Lo más sólido de ’99 Homes’ es el magnífico actor Michael Shannon que interpreta al villano que se forra con los desahucios ajenos. 

 Lamentablemente, ’99 Homes’ no es la gran película del estallido de la crisis inmobiliaria, no es el ‘Apocalisys Now’ de esta tragedia, pero al menos sirve para dirigir la mirada a los que todavía se están enriqueciendo mientras miles de personas se han quedado en la calle.

María Guerra (La Script)

Un thriller feroz, intenso, de sorprendente aplomo y rabiosa actualidad social. Ramin Bahrani parece haber perdido la paciencia y da un giro brutal en su carrera, pasando del carácter espacial, atmosférico y envolvente que formalmente caracteriza su obra (principalmente sus dos últimos films) a una realización directa, frontal, rítmica e hiperacelerada. Los contínuos movimientos de cámara y los constantes (e igualmente excitantes) cambios de ángulo en su asfixiante realización, o el poderío de una omnipresente y contundente banda sonora de carácter electrónico y base percusora, no son más que significativos ejemplos de ello. Un esperanzador giro al servicio de un relato de espíritu fáustico y denuncia social que no da pie a respiro, para el que el director de “Goodbye Solo” imprime nuevos referentes. Su penetrante ritmo y los mencionados recursos para los que se vale en la dirección son señas de identidad que bien podrían caracterizar el sello de Michael Mann.

Y por si fuera poco, estamos ante un relato de auge y caída abanderado por múltiples y estimulantes retazos que dotan “99 Homes” de un mayor valor cualitativo (…) Quizás, el leve espíritu redentor con el que finalmente se revela es el único defecto que podríamos achacarle, y lo digo por sacarle algún fallo. Bien por Bahrani, “99 Homes” merece tener el éxito crítico y comercial asegurado. Ojalá así sea.

Joan Sala (Filmin)

Bahrani firma un thriller social cuya principal baza es no dejar al espectador sin opinión acerca de los acontecimientos que se suceden a buen ritmo, al adentrarnos en la mafia inmobiliaria y conocer aspectos que seguramente intuíamos, pero no sabíamos confirmar. Tenso y con buen ritmo, con escenas de acción que incluso pueden recordar a Mann y una historia que parece ideada por el propio Grisham (aunque el personaje del padre nos trae a la memoria al protagonista de Nido de cuervos – A Murder of Crows, Rowdy Herrington, 1998), falla en intentar asimilar el drama más sentimental precisamente con el impacto más bien terrorífico que nos produce conocer este mundo, de la mano de un Michael Shannon que se introduce a la perfección en la piel del representante inmobiliario, y que lo hace con tanta facilidad que nos deja la sensación, posiblemente errónea, de que podría habernos podido arrastrar a su terreno, llevarnos a empatizar con su personaje, cambiar el punto de vista, y el film hubiese sido mucho más poderoso.

Pero no lo hace. Y, peor, tampoco lo hace Andrew Garfield (…= apostaríamos a que no ha sido la mejor opción para este papel. Pero dejando a un lado este error de casting insalvable (qué decir si el actor ejerce de productor), el trabajo del director es notable y sabe hacer avanzar bien el argumento. Un film que hará las delicias del público americano y que seguro funcionará muy bien en taquilla a nivel mundial, pero que deja un amargo sabor de boca que con pequeños cambios hubiese sido solventable, convirtiendo 99 Homes en un excelente film.

Arantxa Acosta (Cine Divergente)