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Convertir el cine en una enseñanza tiene sus pros y sus contras. Posiblemente en los próximos años tendremos en España una industria con unos técnicos estupendos, perfectamente formados, de esos que ayudan a hacer industria. Pero tampoco podemos olvidarnos de que no podemos convertir el cine en un oficio, por mucho que intentes enseñar la técnica, el artista necesita de talento y don natural para ser artista, claro que siempre puede pulirlo y perfeccionarlo. Pero no sé es un cineasta por saber de cine, ni por haber estudiado la parte técnica. El realizador Pau Martínez fundador del taller de cine de Valencia Vivir rodando ha dado la oportunidad a sus alumnos de poder lucirse en Reset, película que se presenta ahora en el Atlantida Film Festival y que deja en evidencia todos estos problemas de los que hablamos, y es que el cine no se puede aprender, por mucho que de sitios como la ESCAC hayan salido gente del talento de Mar Coll o Kike Maíllo.

Reset es una cita de terror que nos cuenta la historia de unos jóvenes encerrados en un psiquiátrico en el que son sometidos a una terapia experimental para ayudarles a superar sus traumas. Esta consiste en una lobotomía que arranca por completo aquellos recuerdos nefastos que dieron pie a su enfermedad psicólogica. No podemos negar que Reset nace con una premisa de lo más interesante, que podría haber dado pie a una película de terror de lo más interesante, por desgracia, todas estas buenas intenciones se quedan por el camino, y pese a un par de detalles buenos, la película acaba siendo un completo desastre.

Como decíamos hay apuntes muy interesantes en Reset y estos empiezan nada más comenzar la película, su colección de imágenes de archivo ayudan a la creación de una atmósfera bastante insana que sumerge rápidamente en la película, por desgracia, todo esto se disipa en cuanto la película empieza a circular. La culpa de ello la tienen principalmente unos actores nefastos, que más que interpretar parecen estar recitando las frases que han aprendido de memoria. No hay forma de que estos jóvenes carentes de ningún talento resulten mínimamente creíbles, no hay pasión en su forma de hablar, no hay alma, es como un alumno tratando de dar la lección sin equivocarse, pero no podemos culpar de esto solamente a ellos, y es que gran parte de este nefasto trabajo es también de un director que no sabe cómo dirigirles, no existe la forma de motivarles. Tampoco ayuda demasiado un guión demasiado tonto, sin fuerza y lleno de diálogos carentes de sentido, que parece una colección de frases escuchadas en cualquier botellón, sin ningún cáliz dramático.

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Quedan en la película unas cuantas escenas reseñables, sobre todo esas que rodean a las lobotomías que los jóvenes son sometidos, y que consiguen ser lo suficientemente perturbadoras como para llamar la atención en breves momentos, pero una vez más la desconexión ocurre en el mismo momento en el que estas acaban. En lugar de quedarse en la intensidad de esas sesiones quirúrgicas y aprovecharse de ellas para jugar con el tétrico lado que muestran, la película prefiera apostar por tirar de sustos fáciles, golpes de impresión, subrayados de manera excesiva en el alto volumen de una banda sonora nefastamente usada.

Tenemos en cuenta que sacar adelante una película con un ínfimo presupuesto es algo costoso, y pese a las limitaciones, la película tiene un acabado artístico bastante conseguido. Pero el problema cuando nos enfrentamos a una película de tan poco presupuesto es que las carencias no se pueden ocultar y la calidad de ésta tiene que salir del talento de las partes visibles, quizá esto es lo más palpable de las películas que salen de las diversas escuelas de cine que empiezan a prodigarse, que cuando no hay ningún talento, como ocurre en Reset, esto queda en evidencia. Y es que si hay algo que jamás se podrá enseñar es como ser un artista. 

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