AT BERKELEY

La universidad de Berkeley es una de las pocas universidades públicas de los Estados Unidos, con este pretexto el realizador Frederick Wiseman se adentra en las entrañas de esta vieja institución americana situada en California, considerada la mejor universidad pública de Estados Unidas y una de las mejores instituciones del mundo. Y sí, el pretexto del documental es ciertamente interesante, como si fuera Michael Moore, pero sin el talento de éste, ni sus ganas de indagar (ni tampoco la vena protagónica que tiene el director de la fantástica Bowling for Columbine) el realizador se acerca a la forma que tiene la universidad para mantenerse, a las reuniones mantenidas por la junta directiva tratando de seguir adelante pese a las trabas que ha impuesto la crisis y también al estado del sistema educativo americano. Poníamos como ejemplo a Moore, y realmente si el realizador se lo hubiera propuesto, había tenido en sus manos haber realizado una crítica tan dura como exhaustiva como la que Moore realizó del sistema sanitario en SiCKO. Pero el documental de Wiseman se dedica a la observación (algo común en su cine) que da pie a un letárgico y perdido documental de una más que excesiva duración de 4 horas.

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Y es éste el principal problema del documental de Wiseman, parece que en su incesante vocación por la observación se olvida por completo de sacar ninguna conclusión, y hasta de lo que quiere hablar. Durante cuatro horas asistimos a miles de disyuntivas, se habla incesantemente de una y otra cosa, pero no se para jamás a analizar los temas de lo que se están hablando, deja que las conversaciones entre miembros de la universidad se alarguen, sin llegar a ningún punto. Observamos multitud de los problemas que tiene que atravesar esta universidad para salir adelante, pero ni los implicados, ni el propio realizador, parecen querer llegar a ninguna conclusión. Es precisamente cuando los alumnos de la universidad toman la palabra cuando la película llega a algún lugar. Estos son los únicos que parecen querer hablar de las soluciones a tomar y los motivos que originan los problemas, más que del problema en sí. Son ellos quienes deberían llevar la voz cantante de la película pues cada una de sus intervenciones consiguen que la película alcance, en esos momentos sí, el valor de un documental que quiere llegar a algún sitio.

Pero a pesar de sus cuatro horas, parece que al igual que esos profesores, temerosos de dar la voz a los alumnos por miedo a que sepan más que ellos. Wiseman se atreve poco a dejarles hablar a ellos. Aunque sean los que nos ofrezcan las opiniones más valiosas del documental. En primer lugar, son los que se atreven a analizar la politización de la enseñanza. El problema que supone para un estudiante tener que pagar sus estudios, en un país que parece que tan sólo el que tiene éxito debe ser el que tenga acceso a los derechos básicos. Incluso en la enseñanza pública, los precios cada vez son más caros, podemos llegar a ver pinceladas de un levantamiento estudiantil abogando por sus derechos. Un levantamiento, que en otro de sus mejores momentos, parece interesar poco a los que tienen el mando. Tomándose a la ligereza las exigencias de los alumnos, hablando de cómo ellos alzaban la voz durante la guerra de Vietnam sabiendo lo que pedían, pero que estos alumnos parecen no saber de lo que están hablando. Un problema de comunicación generacional, del que Wiseman podía haber sacado una miga mucho mayor, pero el realizador usa su cámara como una pequeña ventana a través de la que jamás llega a indagar. Incluso estos alumnos llegan a una de las reflexiones más interesantes de la película, la existencia de prejuicios raciales en todos los ámbitos, quizá alejándose del propósito (¿pero cuál es el verdadero propósito de la película?) inicial, pero dejando por el camino una interesante conversación que una vez no sabe llegar a ningún puerto.

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La ventana que abre Frederick Wiseman a la universidad de Berkeley en At Berkeley es tan insulsa como tediosa. Un documental trazado a pinceladas, como un foráneo que va puerta a puerta por la universidad tratando de interesarse de todo lo que pasa, tomando apuntes sin ninguna personalidad. Dejando por el camino las exhibiciones de arte y los progresos que realizan los estudiantes allí, hablando de la importancia de esta enseñanza, pero pareciendo pinceladas o extractos de un video motivacional para inscribirse en la universidad. At Berkeley es un documental anodino, sin alma, completamente excesivo en su duración. 4 horas en la que se dan muchas pinceladas sin llegar a realizar jamás un trazado. Observacional, sin garra, ni fuerza, ni interés. Un material tan suculento, como desaprovechado.

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