Esta entrada contiene spoilers de toda la serie de Dexter.

Hace unos años, era imposible hablar de las mejores series de ficción americanas sin mencionar a Dexter. Pero la serie no supo encontrar su momento. Tras cuatro temporadas estupendas, la cosa empezó a alargarse cuando realmente habíamos llegado al final de todo lo que Dexter nos podía contar. La mayor prueba de su declive, ha sido observar como la serie emitía su capítulo final a la vez que se entregaban los Emmys, y ésta no sólo no estaba presente en ninguna categoría, si no que nadie sobre la alfombra parecía acordarse de ella. También le ha lastrado verse eclipsada por el final de Breaking Bad, una serie que pone ahora punto y final a una de las mejores ficciones que nos ha dado la televisión en su historia. Son muchos los paralelismos que unen a ambas series, sus protagonistas, ambos, son anti-héroes, Walter White era un buen hombre que caminaba a ser un monstruo, Dexter Morgan un monstruo que quería convertirse en un buen hombre. Ambos fueron monstruos, ambos estaban condenados a perderlo todo, que todo el mal que habían hecho les estallase en la cara. Es algo que los creadores de la serie de AMC supieron ver, y con ello han paralizado al mundo con el final de su serie, pero no ocurrió lo mismo con los de la serie Showtime, que la enterraron en la peor fosa, la de la mayor de las indiferencias.

Si echamos la vista atrás observamos como Dexter fue evolucionando, nos presentaron a un monstruo sin sentimientos que trataba de vivir una farsa. Intentaba ser un buen novio, un buen hermano, un buen policía, mientras que en su mente únicamente existía la necesidad de matar. Poco a poco en la evolución de Dexter fuimos encontrando, como esos lazos de unión falsos que había creado, iban, sin que él apenas se percatarse, envolviéndole para convertirle en un ser humano. Su instinto asesino seguía vivo, pero entonces empezó a tener una familia que realmente le importaba, algo que podía perder y que le podía dañar. Su evolución llegó al momento cumbre al final de una fantástica cuarta temporada. En aquella, no sólo le dieron a Dexter uno de los villanos más terroríficos que han pisado la pequeña pantalla, Trinity. Si no que al final, observaba como este villano le había quitado lo que más quería. Y no sólo eso, si no que había jugado con sus miedos, envolviendo a su hijo en la sangre en la que él mismo nació, precisamente lo que siempre más temió que ocurriese.

El final de la cuarta temporada era el comienzo de un final lógico. La bomba había explotado, en ese momento, Dexter debió haberse visto completamente expuesto, desnudo ante el mundo. Era el momento de que el personaje de Debra, cuya existencia se justificaba principalmente en que ella debía haber sido la que diera caza a su hermano, se enfrentase a la verdad y fuera tras de él. Dexter es una serie que siempre habló de la familia, su final, estaba inteligentemente escrito. Si volvemos a Breaking Bad, observamos que el paralelismo no se para con Dexter y Water, sino que también, existe una especie de unión entre Hank y Debra. Ambos agentes de la ley, que en cierto momento deberán debatirse sus cuestiones morales para entender que el peor enemigo contra el que luchan está dentro de la familia. El problema, es que en lugar de tirar por una conclusión lógica, que hubiera dejado a la serie en el Olimpo de las grandes ficciones televisivas se decidió estirar un producto que había llegado a su final.

Desde ese momento hemos sido testigos de decisiones horrendas, ya no hablamos simplemente de la clara bajada de calidad de sus guiones, perdidos por completo, incapaces de encontrar en ninguna temporada a un asesino que pusiera contra las cuerdas a Dexter. La evolución del personaje derivaba de sus enemigos, y desde este momento casi podemos hablar de involución. Hemos visto como Dexter se ha olvidado por completo de los sentimientos que una vez tuvo hacia Rita, para confesar que es la primera vez que siente amor por otra persona. Nos hemos tenido que tragar, en una de las tramas más absurdas de la serie, viendo como Debra se enamoraba de su hermano. Pero lo peor de todo, ha sido ver como Debra llegaba a comprender la necesidad asesina de su hermano, tras unos tímidos debates morales.

La última entrega de Dexter comenzó de manera inteligente, era difícil hacer olvidar al espectador el lastre de las anteriores temporadas, pero aún podíamos estar ante un cierre digno. La incursión de la doctora Vogel, como madre del oscuro pasajero que siempre habitó en Dexter nos llegaba a una de las conclusiones lógicas de la serie, la familia era la única que podía dar carpetazo al monstruo que siempre fue Dexter. Pero la buena impresión que pudieron dejar los primeros capítulos pronto se disipó. Una vez más fueron entrando tramas que no llevaban a ninguna parte. El personaje de Vogel quedó reducido a cenizas en lo que todo parece ser un acto de cobardía. Porque la peor de las conclusiones que Dexter podía tener era que el monstruo no se viera expuesto, y parece que en cierto momentos los guionistas se olvidaron de esto. Después de ocho temporadas, parecían tener claro que estaban hablando de un héroe, no de ese anti-héroe que siempre fue Dexter. La solución que le daban era escapar, pero realmente Dexter no tenía motivo para escapar. Incluso antes del final, de manera lógica, consigue huir de su oscuro pasajero.

Incapaces de dar un motivo lógico a la huída del personaje, el cual podría haberse quedado a vivir en Miami sin necesidad de dar explicaciones, la solución fue a traer al personaje de Hannah que apareció en la anterior temporada. La salida de la Hannah de la serie amenazaba con un regreso que realmente podría haber sido peligroso, pero en lugar de eso se queda en una mera excusa. Un personaje que no tiene ningún desarrollo durante toda la temporada (es más, se pasa media temporada encerrada en la cocina preparando sándwiches), y que finalmente sirve como el motivo para que Dexter pueda desaparecer dejando a salvo de su hijo. Encontrándonos esta vez con otro de los momentos más estúpidos de la serie, cuando Dexter decide proteger al pequeño Harrison de sí mismo, olvidándose de que le está dejando con otra asesina en serie. Aunque dando por fin motivo a esa huida, tratando de castigar al personaje, precisamente una vez que se ha redimido, pero este castigo ni siquiera resulta lógico con todo lo que nos habían mostrado hasta el momento.

Y ése ha sido el problema de Dexter, el olvido. Olvidar todo lo trazado para poder continuar de cualquier forma, era algo que resultaba realmente desolador. Es algo, que no ocurre sólo en esta temporada, si no que viene pasando durante varias temporadas. Ver Dexter en este tramo final es sentarse semana tras semana ante la televisión a observar con cierta tristeza, como la serie va dando tumbos de un lugar a otro sin saber muy bien dónde quedarse. En esta temporada hemos visto como tramas se empezaban, como las de Vogel, el pupilo de Dexter o la nueva inspectora, y o bien desaprecian del mapa, o se difuminaban poco a poco sin dar mayor explicación. Historias que no sabían cómo terminarse, desarrollando nuevas que no iban a ninguna parte.  Hubo un día que Dexter fue una serie extraordinaria, una de esas series que ningún seriefilo se pierde. Ahora se va, por la puerta de atrás, alargada hasta la extenuación, y dejando un sabor amargo entre los que durante años disfrutaron de una gran serie.