Hace tiempo que Dexter no es lo que era, hay series que deberían tener una duración determinada y Dexter es el mejor ejemplo de ello, no debería de haber pasado, como mucho, de su quinta temporada. Porque si nos ponemos a echar la vista atrás nos encontramos una brillantez extrema hasta la cuarta temporada, un personaje que poco a poco supo evolucionar, un personaje que siempre encontraba el contrapunto necesario para su evolución. En la primera temporada con su hermano, Dexter supo quién era. En la segunda, él era el enemigo, personificado en Doakes, veía por fin que lo que hacía podría convertirse en un peligro real. Con la llegada de Miguel Prado en la tercera temporada comenzó la evolución humanista de Dexter, algo vital para que la serie continuara, de ser un personaje carente de sentimientos, por fin empezó a ver en él un lado realmente humano que se preocupaba por sus seres queridos. Y en la cuarta temporada, posiblemente una de las mejores temporadas que hemos visto en la televisión actual, con Trinity, Dexter se concienció de que era un monstruo y que realmente no había mucho en su vida que le separase de él. A todos se nos quedó grabado a fuego el famoso “Hello, Dexter Morgan”.

Pero a partir de la quinta temporada se empezó a ver un considerable punto de caída en la narración, realmente la serie había llegado a su culmen, y la constante evolución del personaje no daba para más. Aún así, y alejado del enemigo que era siempre el que se suponía como el personaje clave en la narración de Dexter, fue la entrada de Lumen lo que vitalizó a esta temporada. Quizá no fuese un personaje tan interesante, pero si era el complemento necesario para Dexter para superar la muerte de Rita, y es ahí donde la serie hubiera tenido que saber encontrar su final. Lo que vino después no tenía nombre, la sexta temporada fue sencillamente horrible, más empecinada en impresionar a través de los crímenes de ese asesino del fin del mundo. De buscar una sorpresa, que por evidente, deseábamos que no fuese cierta, y en la estupidez de la trama de Debra enamorada de Dexter, a muchos nos hizo plantearnos, incluso, si no era el momento de dejar la serie. Pero los últimos segundos de la temporada la salvaron, dando el giro que todos esperábamos desde hace tiempo, y posicionando la nueva temporada en nuevo prisma mucho más interesante.

Y justo al final de la sexta temporada arrancaba esta séptima, lo hacía con un primer episodio brillante, que nos hacía pensar si la serie podía volver a su mejor nivel. Debra trataba de asimilar el secreto de su hermano, mientras que éste reconocía, por primera vez, que era un asesino en serie. Quizá el rumbo de la temporada debería haber sido quitarle por una vez el protagonismo a Dexter, centrarse en Debra tratando de asimilar lo que conocía, pero se alejó de ello y empezó a caminar por un montón de senderos que no sabíamos muy bien a dónde iban. Por un lado nos encontramos a un nuevo contrapunto para Dexter, pero la diferencia que tiene Isaak Sirko con todos los demás asesinos que han aparecido en la serie, es precisamente el hecho de no ser un asesino. Él no mata por necesidad, simplemente es un matón que busca venganza con Dexter. Con Isaak, Dexter experimenta una sensación de protección de su familia, pero realmente esto llega tarde, todo esto debería haber aparecido tras la muerte de Rita, ahora no resulta creíble, el hecho de que finalmente veamos que no es ese épico enemigo con el que siempre Dexter se debe enfrentar sólo confirma que los guionistas se percataron de ello demasiado tarde. La endeble entrada de ese asesino pirómano al final de la temporada o la inexistente amenaza que supone realmente o la pronta desaparición de Louis Greene, son sólo trazos desdibujados a la hora de no saber encontrarle un enemigo real al personaje.

Por otro lado tenemos la mucho más interesante entrada del personaje Hannah, interpretado por una Yvonne Strahovsky que parece seguir en Chuck. De nuevo, como renunciando al pasado, Dexter dice que es la primera persona a la que ha amado, todos sabemos que esto no es cierto, que de primeras los sentimientos por Rita no existían y era sólo una tapadera de su vida real, pero finalmente estos llegaron. El trastorno producido por la muerte de ella, es motivo suficiente como para que tanto Dexter como el espectador, conociese que los sentimientos por ella eran terriblemente fuertes. Pese a todo, Hannah si es un personaje interesante, y es lo que consigue salvar mínimamente la temporada de no ser un desastre como lo fue la sexta. Su presencia le hace plantearse a Dexter la existencia de su oscuro pasajero, y si realmente esto no es más que una mera excusa para no afrontar que su oscuro lado no existe, y que la persona que mata es la real. Pero la presencia es mucho menos trascendente de lo que debería ser, aún así, parece que el personaje sólo ha hecho una breve introducción de cara a una octava temporada, que por fin, debería ser la última.

Por supuesto la lucha interna de Debra ha estado presente después del conocimiento del secreto de su hermano, pero lo ha hecho con mucho menos protagonismo del que debería tener, el final, de nuevo con la amenaza de Doakes sobre la cabeza de Dexter, impacta, pero no consigue la repercusión necesaria, debido al pobre tratamiento recibido durante toda la temporada. Es cierto que esta temporada ha vuelto a subir el nivel respecto a la temporada anterior, ha sabido volver a poner temas de importancia sobre la mesa, algo que parecía completamente borrado con la presencia de Travis Marshall, pero la serie ha perdido la solvencia y el estilo con el que sabía manejar sus tramas, la forma que tenía de buscar siempre el punto exacto que tenía que encontrar la serie siempre. El hecho de que tampoco haya aparecido un enemigo real, por primera vez en toda la serie, nos hace plantearnos hacía donde va la serie. Si realmente lo que han querido buscar con esta temporada es una temporada de transición, levantando el debacle en el que se sumergió para elaborar una temporada final con la que la serie se despida por todo lo alto, no podemos decir que no lo haya conseguido. Pero al final sólo es eso, una temporada de transición.