Viendo el cataclismo que se avecinaba con el estreno de El Llanero Solitario, no podía evitar acordarme del caso similar que experimentó Disney el año pasado antes del estreno de John Carter. El abultado presupuesto inicial, se unió a un montón de malas críticas que llegaban incluso antes de que la película se hubiera visto, influenciada, únicamente, por lo que se había visto en los tráilers. La película se vio absorbida por un boca-oreja negativo, que llegó antes incluso del estreno de la cinta, y poco sirvió por parte de Disney el desembolso en una gran campaña de marketing, para librarla de este “anti-hype” que se había generado. John Carter apenas recaudó en Estados Unidos 73 millones de los 250 que había costado, y tuvo que esperar al mercado internacional y a las ganancias del mercado casero para cubrir pérdidas. Algo similar es lo que le ha ocurrido a El Llanero Solitario, que por sí ya todo esto fuera poco, también tenía que luchar contra el recuerdo de que la última vez que Hollywood se acercó al western en un blockbuster, fuera con la detestable Wild Wild West, que para más inri, como El Llanero Solitario, era una adaptación de una serie de televisión clásica. Poco mejor le ha ido, recaudando 87 millones en el mercado casero, de los 215 que costó, aunque como John Carter, conseguirá cubrir los gastos, pero no por mucho.

Pero lo cierto, es que como John Carter, todo ese temor, todas esas críticas, no podían estar menos justificadas. Porque como con la película dirigida por Andrew Stanton, Disney lo que busca, y consigue con acierto, es recuperar el espíritu de sus producciones de los 50. Productos de aventuras, que alcanzan altas cuotas de entretenimiento, dirigidas a un mercado familiar, pero siempre centrándose en los más pequeños. Y quizá lo más arriesgado sea el propio quid de la adaptación, y de nuevo tenemos que irnos a John Carter para entender este riesgo. Allí Disney adaptaba la novela de Burroughs, una novela que ha sido el punto de partida de muchas de las películas de ciencia ficción que nos han llegado durante la historia del cine, y pese a adaptar al original, algunos la tachaban de querer parecerse demasiado a películas como Star Wars, estábamos dentro de un juego del pez que se muerde la cola, ¿era justo este trato a la película de Stanton? ¿Qué llegó antes, el huevo o la gallina?. El Llanero Solitario es un personaje de hace 80 años, del que posiblemente, ya no sólo los más pequeños, si no los padres de estos, hayan escuchado hablar. Eran los abuelos los que disfrutaban con él, los que se ponían un antifaz y se ponían a jugar a indios y vaqueros mientras gritaban, “Oh-hey, Silver!”, y Disney pretende ahora cambiar todos los muñecos con un montón de gadgets, todos los videojuegos, por las pequeñas figuritas de plástico que se ven tan lejanas. Una inconsciencia, que en pos de la nostalgia, debería ser aplaudida.

El llanero solitario nos cuenta la historia de un Ranger que será abatido en una emboscada junto a sus compañeros cuando traten de detener a un peligroso forajido. Allí, un indio llamado Tonto, le encontrará aún con vida, y junto a él, como un fantasma que vuelve de la muerte, tratará de vengar la muerte de sus compañeros en una larga travesía a través del Oeste. La capacidad de Gore Verbinski para el cine de aventuras quedó bien clara en la primera entrega de Piratas del Caribe, nos presentó a un director, que se alejaba del modelo planteado por Spielberg, y al que le gustaban los excesos más que la puesta en escena, lástima que todo esto se fuera diluyendo en posteriores secuelas dónde la trama parecía dejarse de lado para simplemente acompañar al show de Johnny Depp. Aquí, nos volvemos a encontrar con el mismo Verbinki de aquella primera entrega, un tipo al que le gusta el espectáculo, y disfruta con él. Capaz de versatilizarse de tal manera, que en la misma película es capaz de entregarnos momentos de puro western, como ocurre durante la primera hora de película, a entregarnos una auténtica explosión de júbilo, que hará las delicias de todo aquel que quiera pasar un rato emocionante y divertido, como es el clímax final, con un asalto a un tren, dónde resuena con certeza la obertura de Guillermo Tell tan ligada al personaje.

Son los mismos excesos también los que le pasan factura, sus dos horas y media de duración, aunque bien es cierto, que casi siempre conseguir mantener el ritmo para resultar terriblemente entretenida, acaban por sentirse demasiado excesivas. Así como una innecesaria narración en forma de flashback, con un Tonto de unos 100 años, contando la historia a un pequeño que le descubre, algo que se aprecia bastante innecesario, pero que va en las intenciones de re-descubrimiento que plantea el filme con su público. Pero aún así estamos ante una de las películas más refrescantes del verano, una película de aventuras con verdadera alma del gran cine de entretenimiento de antaño. Una película en la que hasta podemos alegrarnos de que Johnny Depp, aún vendido como protagonista, no aparezca mucho más que unos 40 minutos en la pantalla, y además no esté tan excesivo como viene siendo habitual en sus últimos papeles que han llevado al espectador a tener cierto cansancio sobre el actor. Serán pocos, pero a buen seguro que estas navidades, algún niño en lugar de su videoconsola, encuentra bajo el árbol, un traje de vaquero. Bueno, eso es soñar, pero el simple intento de Disney por intentarlo, merece ser aplaudido.

Título Original: The Lone Ranger Director: Gore Verbinski Guión: Justin Haythe, Ted Elliott, Terry Rossio Música: Hans Zimmer Fotografía: Bojan Bazelli Intérpretes: Armie Hammer, Johnny Depp, Tom Wilkinson, William Fichtner, Ruth Wilson, Helena Bonham Carter, James Badge Dale, Bryant Prince, Barry Pepper, Harry Treadaway Distribuidora: Disney Fecha de Estreno: 21/08/2013