Era cuestión de tiempo que Hollywood le echase mano a los clásicos para sacar adelante una nueva franquicia con la que abastecer a las nuevas generaciones ávidas de blockbuster a los que hincarles el diente. Y si hay un material muy rico que había sido relativamente poco explotado en un pasado ese es sin duda la bibliografía de la maestra del crimen Agatha Christie.

Un propósito para el que el nominado al Oscar Kenneth Branagh literalmente ha nacido. El actor y director curtido como nadie en adaptar  inmortales textos clásicos tiene un máster en especialización Shakesperiana y una buena variedad de éxitos en materia que le avalan, razón por la que a priori su elección al frente del Asesinato en el Orient Express (publicado por Agatha Christie en 1934) era más que acertada.

Ya en 1974 el maestro Sidney Lumet dirigió una de sus más malogradas películas adaptando el libro homónimo de Christie con un resultado sorprendentemente exitoso aunque ¿involuntariamente irrisorio? Una consecuencia que casualmente también se da ligeramente en la nueva adaptación de Branagh, debido seguramente a que las novelas de dicha autora tienen una característica común en la que juega a presentar como a protagonistas del relato a un buen ramillete de personajes corales que están apenas sin desarrollar. Una técnica que está justificada para que desconozcas la mayor información posible de cada uno y así sorprenderte cuando al acabar el juego de la sospecha, el asesino resulte ser quien menos te esperabas.

Esta estrategia funciona a la perfección en el relato porque el lector juega a añadir la información que falta, algo que también ocurre en las representaciones teatrales porque allí el espectador solo ve una parte del relato, ya que lo que falta está omitido supeditado por las limitaciones que implica el propio espacio, pero en el cine la técnica falla porque sentimos que se omite la información de forma totalmente descarada.

Asesinato en el Orient Express es un simpático cluedo ferroviario que juega a ambicionar mucho y a dar muy poco de sí. Su espectacular reparto es prácticamente un visto y no visto de actores solventes que se limitan a aparecer fugazmente de entre los vagones del mítico tren cediendo el total protagonismo a Kenneth Branagh como Hércules Poirot, hasta el desenlace final en el que el tono del film cambia a solemne de una forma tan forzada que provoca alguna que otra carcajada involuntaria.

Pese a ello su director ha sabido realizar su cometido de forma encomiable al actualizar un relato pensado para subirse al carro de las franquicias con las que conquistar a las nuevas generaciones. Para ello no escatima en gastos y recrean un espectacular tren que rememora toda la opulencia y el glamour de la época original, haciendo al film ejemplarmente atractivo con unos decorados y un vestuario de lo mejorcito del año. Lástima que en su afán por encantar al público menos exigente haya abusado de una forma insultante de los efectos digitales hasta el punto de no contar prácticamente con ningún exterior que no haya sido generado sobre una pantalla verde.

En lo referente a lo demás la cinta es entretenida e interesante a ratos, pero peca muchísimo en no aprovechar lo más mínimo a su brillante reparto en el que solo destaca una pasadisima Michelle Pfeiffer y un Kenneth Branagh que en cada plano y fotograma nos recuerda que el es el único y verdadero protagonista del show delante y detrás de las cámaras. Una interpretación que es con diferencia lo mejor de la cinta y de paso también la mejor adaptación hecha hasta el momento del prolifero personaje parido por Agatha Christie, que veremos mucho antes de lo que pensábamos resolviendo nuevos crímenes (esta vez en un barco) en Muerte en el Nilo.

Título original: Murder on the Orient Express Director:  Kenneth Branagh Guión:  Michael Green Música: Patrick Doyle Fotografía:  Kenneth Branagh, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Daisy Ridley, Josh Gad, Derek Jacobi, Leslie Odom Jr., Olivia Colman Distribuidora: 20th Century Fox Fecha de estreno:  24/11/2017